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¿No sabes decir que no? Necesitas aprender la técnica del disco rayado

5 simples maneras de estresarte menos y vivir maneras que debes incorporar hoy a tu vida
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Complacer a los demás es un trabajo súper agobiante y cansado. Tan sólo piensa en todas las veces que dijiste «Sí», cuando en realidad lo único que querías era decir «No». Agotador, ¿verdad?

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Muchas veces creemos que lo correcto es estar a total disposición de los demás, sin importar si en el fondo es algo que realmente queramos, porque es más fácil fluir con sus deseos que defender los nuestros.

No obstante, es momento que consideres el decir «NO» como un acto de amor propio, como una decisión en la que tus derechos, tus intereses y tu persona estarán delante de las exigencias de los demás.

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Sabemos que es complicado dejar de decir siempre «sí» y comenzar a expresar «no»; a veces, incluso, hasta nos sentimos culpables. Sin embargo, no es un camino imposible. Existen múltiples estrategias y formas para aprender a decir que no. Una de ellas es la conocida como 'la técnica del disco rayado'.

La técnica del disco rayado

Esta técnica nos ayuda a ser asertivos gracias a la misma forma en la que opera un disco rayado. Es decir, cuando un disco está dañado repite una y otra vez el mismo segmento. Del mismo modo, tú vas a repetir con calma lo que quieres; de esta forma, la repetición le da fuerza a tu decisión.

La técnica del disco rayado es una manera de ser persistente y leal a tus intereses. Es perfecta para cuando deseas dejar en claro un pensamiento o petición justa, al mismo tiempo que intentas que el otro respete tus derechos y decisiones; (toma en cuenta que no debes utilizarla si lo que pides o quieres pasar por encima los derechos de los demás).

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Para hacer efectiva esta técnica es necesario que mantengas la calma, cada una de las veces que repitas tu petición debe ser sin enfadarte ni levantar la voz. Tampoco debes caer en provocaciones si el otro sube su tono de voz o luce irritado.

Es importante que tengas claro lo que quieres y escojas una frase corta y contundente que lo exprese. Por ejemplo, «Agradezco que me invites, pero no puedo ir».

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En general, no debes de dar justificaciones, simplemente debes insistir en que no estás dispuesta a hacer lo que el otro te está pidiendo. Puedes incluir frases como «Entiendo que te molestes, pero no puedo ir», «Comprendo lo que sientes, pero no puedo ir» cada vez que repitas tu decisión.

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Tu discurso debe ser el mismo, aun cuando el otro cambie sus razones para intentar convencerte. Tú mantente firme en tu decisión. Al final, la mayoría de las personas tiene un límite contra el rechazo, por lo que llegará un momento en el que el otro, al notar que te separas de tu postura de inicio, se dará por vencido.

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Esta manera de insistir en lo que quieres y piensas es igualmente una buena forma de hacerle saber al otro quién eres y lo dispuesta que estás para defenderte.

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