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Dispuesta a todo: 5 poemas de Alfonsina Storni para entender la actual lucha de mujeres

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Archivo General de la Nación Argentina/Wikimedia Commons

Alfonsina Storni fue una poetisa, maestra y periodista argentina de origen suizo, que dedicó gran parte de su vida a luchar por los derechos de las mujeres. Considerada una referente del feminismo latinoamericano, su vida y obra es crucial para entender la lucha de mujeres actual.

Alfonsina Storni: sus primeros años

Sus padres ítalo-suizos tenían 3 hijos y una cervecería en la provincia argentina San Juan. Al principio tenían una buena posición económica, pero los problemas financieros comenzaron y el padre, sumergido en una total depresión, comenzó a beber y a desatender el negocio. El matrimonio decidió irse a Suiza, donde nació Alfonsina un 29 de mayo de 1892. Según la propia Alfonsina, sus padres eligieron el nombre porque significa «dispuesta a todo».

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Archivo General de la Nación Argentina/Wikimedia Commons

Cuando Alfonsina tenía 4 años, la familia regresó a Argentina, primero a San Juan y luego a Rosario. A sus 11 años se vio obligada a dejar la escuela y trabajaba en el «Café Suizo» que había montado su padre. El negocio falló, la familia tenía mucho problemas económicos y las condiciones empeoraron cuando muere su padre. A los 12 años, nació el primer poema de Alfonsina, marcado por la tristeza de la vida que ve alrededor y centrado en la muerte.

Para ganarse la vida y ayudar en su casa, trabajó en una fábrica de gorras, como dependienta y en una compañía de teatro. En 1909 retomó sus estudios y logró el título de maestra rural, trabajo que ejerció en Rosario.

Poetisa, mujer, pobre y madre soltera

A sus 20 años, Alfonsina ya tenía clara su vocación de escritora, por lo que publica sus primeros versos en las revistas locales Mundo rosariano y Monos y monadas. Ese mismo año, sufre su primer desengaño amoroso, con un hombre casado 24 años mayor que ella. Alfonsina queda embarazada, pero decide mudarse a Buenos Aires y tener su hijo sola.

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Archivo General de la Nación Argentina/Wikimedia Commons

Ser madre soltera le hizo enfrentarse a una sociedad llena de prejuicios hacia las mujeres. Sin embargo, a pesar de tener muy poco dinero y no ser reconocida, en 1916 logra publicar su primer libro, La inquietud del rosal, con el que gana el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura por Languidez. A partir de allí, logró ocupar un lugar destacado en el panorama literario hispanoamericano por la fuerza de los poemas feministas de Alfonsia Storni.

Su partida (física) de este mundo

En 1935 Alfonsina descubrió que tenía cáncer de mama, por lo que comenzó con los tratamientos y la cirugía para combatirlo. En 1938 le reveló a su hijo que el cáncer había llegado a su garganta, pero que se negaba a someterse nuevamente a una cirugía.

El 18 de octubre tomó un tren a la ciudad costera de Argentina, Mar del Plata y se quedó en un pequeño hotel. Escribió el poema Me voy a dormir el 20 de octubre y el día 22 lo envió a la redacción del diario La Nación. Mientras el público leía su poema, el 25 de octubre, cuando tenía 46 años, Alfonsina se suicida arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres.

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Archivo General de la Nación Argentina/Wikimedia Commons

Su lucha feminista a través de sus poemas

Su rebeldía contra la opresión de la mujer fue personal y política a través de su literatura y también de su activismo. Participó en la defensa del derecho al voto de la mujer argentinay en campañas a favor de la educación sexual en las escuelas. Veamos sus 5 poemas más destacados.

1. Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba, Me quieres de espumas, Me quieres de nácar. Que sea azucena Sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada

Ni un rayo de luna Filtrado me haya. Ni una margarita Se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, Tú me quieres blanca, Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas Las copas a mano, De frutos y mieles Los labios morados. Tú que en el banquete Cubierto de pámpanos Dejaste las carnes Festejando a Baco. Tú que en los jardines Negros del Engaño Vestido de rojo Corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto Conservas intacto No sé todavía Por cuáles milagros, Me pretendes blanca (Dios te lo perdone), Me pretendes casta (Dios te lo perdone), ¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques, Vete a la montaña; Límpiate la boca; Vive en las cabañas; Toca con las manos La tierra mojada; Alimenta el cuerpo Con raíz amarga; Bebe de las rocas; Duerme sobre escarcha; Renueva tejidos Con salitre y agua; Habla con los pájaros Y lévate al alba. Y cuando las carnes Te sean tornadas, Y cuando hayas puesto En ellas el alma Que por las alcobas Se quedó enredada, Entonces, buen hombre, Preténdeme blanca, Preténdeme nívea, Preténdeme casta.

2. La loba

Yo soy como la loba. Quebré con el rebaño Y me fui a la montaña Fatigada del llano.

Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley, Que no pude ser como las otras, casta de buey Con yugo al cuello; ¡libre se eleve mi cabeza! Yo quiero con mis manos apartar la maleza.

Mirad cómo se ríen y cómo me señalan Porque lo digo así: (Las ovejitas balan Porque ven que una loba ha entrado en el corral Y saben que las lobas vienen del matorral).

¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño! No temáis a la loba, ella no os hará daño. Pero tampoco riáis, que sus dientes son finos ¡Y en el bosque aprendieron sus manejos felinos!

No os robará la loba al pastor, no os inquietéis; Yo sé que alguien lo dijo y vosotras lo creéis Pero sin fundamento, que no sabe robar Esa loba; ¡sus dientes son armas de matar!

Ha entrado en el corral porque sí, porque gusta De ver cómo al llegar el rebaño se asusta, Y cómo disimula con risas su temor Bosquejando en el gesto un extraño escozor...

Id si acaso podéis frente a frente a la loba Y robadle el cachorro; no vayáis en la boba Conjunción de un rebaño ni llevéis un pastor... ¡Id solas! ¡Fuerza a fuerza oponed el valor!

Ovejitas, mostradme los dientes. ¡Qué pequeños! No podréis, pobrecitas, caminar sin los dueños Por la montaña abrupta, que si el tigre os acecha No sabréis defenderos, moriréis en la brecha.

Yo soy como la loba. Ando sola y me río Del rebaño. El sustento me lo gano y es mío Donde quiera que sea, que yo tengo una mano Que sabe trabajar y un cerebro que es sano.

La que pueda seguirme que se venga conmigo. Pero yo estoy de pie, de frente al enemigo, La vida, y no temo su arrebato fatal Porque tengo en la mano siempre pronto un puñal.

El hijo y después yo y después... ¡lo que sea! Aquello que me llame más pronto a la pelea. A veces la ilusión de un capullo de amor Que yo sé malograr antes que se haga flor.

Yo soy como la loba, Quebré con el rebaño Y me fui a la montaña Fatigada del llano.

3. Hombre pequeñito

Hombre pequeñito, hombre pequeñito, Suelta a tu canario que quiere volar... Yo soy el canario, hombre pequeñito, déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito, hombre pequeñito que jaula me das. Digo pequeñito porque no me entiendes, ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto ábreme la jaula que quiero escapar; hombre pequeñito, te amé media hora, no me pidas más.

4. Las grandes mujeres

En las grandes mujeres reposó el universo. Las consumió el amor, como el fuego al estaño, a unas; reinas, otras sangraron su rebaño. Beatriz y Lady Macbeth tienen genio diverso.

De algunas, en el mármol, queda el seno perverso. Brillan las grandes madres de los grandes de antaño. Y es la carne perfecta, dadivosa del daño. Y son las exaltadas que entretejen el verso.

De los libros las tomo como de un escenario fastuoso -¿Las envidias, corazón mercenario? Son gloriosas y grandes, y eres nada, te arguyo.

-Ay, rastreando en sus alas, como en selvas las lobas, a mirarlas de cerca me bajé a sus alcobas y oí un bostezo enorme que se parece al tuyo

5. Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme prestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera; una constelación; la que te guste; todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes... te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo: si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido...

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