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El pentágono busca en los videojuegos el futuro de la guerra

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ACTIVISION BLIZZARD

La primera computadora propiamente dicha fue construida en 1946 y casi en seguida de su lanzamiento se comenzó a desarrollar un juego de guerra por parte de un centro de investigaciones militar estadounidense.

Si bien el juego fue obviamente muy rudimentario y primitivo comparado con los juegos de hoy, su existencia sirve como un buen ejemplo de la forma en la que los juegos bélicos y el ejército han estado estrechamente relacionados.

Entre todos los juegos que existen hay uno llamado Fallout que se desarrolla en un ambiente posapocalíptico que tiene, en mi opinión, una de las mejores reflexiones acerca de la naturaleza de los enfrentamientos: «la guerra nunca cambia».

Videojuegos, ¿el futuro de la guerra?

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La relación entre los soldados militares y los juegos no es ninguna novedad ni es cosa del pasado: cada vez es más normal encontrarlos entrenando para la guerra en sistemas de realidad aumentada.

Frente a este dilema aparece un hombre llamado Will Roper —que tiene un doctorado en matemáticas— que dirige la oficina secreta de capacidad estratégica del departamento de defensa estadounidense. La labor de Will Roper es estudiar el devenir y el desarrollo de las guerras desarrollando herramientas tecnológicas que puedan ayudar a los Estados Unidos a vencer en los enfrentamientos.

La oficina que dirige Roper dejó de ser secreta hace cerca de un año y desde entonces ha hecho varias apariciones mediáticas contando algunos de sus avances (como un sistema de drones diminutos con numerosos usos militares).

Mientras Roper sigue desarrollando herramientas militares futuristas intenta responder a la pregunta de qué podría pasar si en lugar de ser los juegos quienes le copian a la guerra fuera la guerra la que se inspira en los juegos.

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2013 Activision Publishing, Inc.

Roper se imagina que en un futuro los soldados podrán tener herramientas con información prácticamente infinita pudiendo a su vez tener mapas de calor para poder ver a través de las paredes o un sistema de Internet en donde las personas inocentes puedan chequear en un mapa dónde están ubicados los soldados aliados cercanos.

Por otro lado Roper parece haberse inspirado en los videojuegos para imaginarse un mapa creado por el enjambre de drones que ha desarrollado que pudiera permitirle a los soldados idear mejores sistemas y planes basados en la ubicación de sus compañeros y en los movimientos de los enemigos.

También incluso ha llegado a pensar en la posibilidad de desarrollar algoritmos avanzados capaces de sugerir estrategias de batalla que se ajusten a los planes del rival.

Roper ha señalado que si bien el ejército podría simplemente enviar máquinas al frente de ataque estas decisiones serían muy riesgosas debido a que en primer lugar nadie está dispuesto a delegar en la Inteligencia Artificial la labor de matar personas y también debido a que aunque las máquinas pueden tomar excelentes decisiones frente a escenarios conocidos también pueden tomar decisiones potencialmente desastrosas en el caso contrario.

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Los planes de Roper van camino a desarrollar en el pentágono una forma en la que los soldados puedan tener la máxima información posible de una forma simple y clara al entrar en un enfrentamiento.

Si bien Roper señala que este es el desafío más complicado a la hora de afrontar el futuro, «la industria de los videojuegos ha decodificado el código» desarrollando mecanismos mediante los cuales varios jugadores sentados en distintas partes del mundo pueden cumplir misiones militares de una forma tan coordinada como si estuvieran sentados juntos en el salón de su casa.

La idea de Roper ahora es construir en el pentágono un sistema de realidad aumentada para ponerlo a disposición de los desarrolladores de videojuegos en donde ellos seguirían siendo dueños del producto que han desarrollado y la oficina de Roper sería «la dueña del tiempo» pudiendo rescatar las ideas que surjan de la experiencia.

Activision

La conclusión que se puede sacar frente a los planes del gobierno estadounidense y el avance tecnológico en materia bélica es que Fallout estaba en lo cierto.

Puede cambiar la forma o pueden cambiar los objetivos e incluso puede cambiar la apariencia de la guerra pero en el fondo siempre será la misma: nosotros contra nosotros («la guerra nunca cambia»).

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