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¿Por qué la Gran Batalla de Winterfell fue tan decepcionante?

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HBO

El muy anunciado tercer episodio de la octava temporada de Game of Thrones finalmente llegó a la pantalla de HBO para mostrar el enfrentamiento más épico y anticipado de toda la serie.

Los muertos contra los vivos, las oscuras fuerzas sobrenaturales contra la humanidad. Los héroes, casi vulnerables, enfrentan la mayor amenaza, la más temible y brutal concebida en este mundo que no se caracteriza precisamente por ser gentil ni afable ni por la excepcionalidad de las amenazas violentas.

El capítulo, nombrado «La larga noche» en honor a aquel evento mítico y legendario en el que los Caminantes Blancos descendieron por primera vez en Westeros, fue decepcionante para muchos. ¿Por qué?

La noche más bien breve

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HBO/Difusión

Parte del inconveniente que rodea al episodio es un asunto de simple marketing, de promoción.

La producción de la serie y HBO resaltaron muchas veces la asombrosa proeza de filmar este capítulo, todo el tiempo que consumió, la enorme exigencia que representó para los actores, la cualidad inédita que tendría en la historia de la televisión. Sería «la batalla más grande jamás filmada», y también la más extensa y extenuante. Las expectativas quedaron demasiado elevadas.

Lo cierto es que, contando con los antecedentes de las batallas de Hardhome y la de los Bastardos, ambos episodios dirigidos también por Miguel Sapochnik (como «La larga noche»), la de Winterfell no se sintió como una batalla muy diferente que aquellas dos. En parte porque justamente esos dos episodios sirvieron como antecedente, ya sabíamos qué esperar de una batalla de Game of Thrones. Y sencillamente no parece haber mucho margen para hacer algo más intenso y sofocante que la Batalla de los Bastardos.

Puede que a gran escala lo que estaba en juego y la amenaza sea mayor ahora, pero es un tema de grado, y además es abstracto: en su momento, una derrota en Hardhome o en la de los Bastardos era igual de trágica y definitiva, y en aquellas batallas la preocupación ante un evento catastrófico (digamos, la muerte de un personaje principal) estaba tan presente como ahora.

game of thrones batalla final
HBO

Todos esperábamos, además, después de todos esos anuncios, y ante la presunta importancia de este episodio en la configuración narrativa de la serie, algún momento «Boda Roja», o algo similar. Las muertes no fueron demasiado dramáticas ni inesperadas, y los que se despidieron ante el rigor de la espada (o de un temible gigante), lo hicieron heroica y valientemente.

La noche es oscura y llena de terrores, pero sobre todo oscura

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HBO

Después están las controvertidas decisiones visuales y estilísticas del director Sapochnik en «La larga noche».

Muchos se quejaron de la «oscuridad» del episodio y, al verlo por segunda vez, ya teniendo en cuenta estas quejas, no me pareció realmente oscuro, o al menos no más que lo necesario y deliberado para una batalla que ocurre de noche, en la nieve y ante unos enemigos que traen literalmente la oscuridad y la muerte con ellos.

Las secuencias de los dragones luchando son deliberadamente confusas y entreveradas —excepto por ese hermoso momento en que salen de la tormenta y están en un apacible cielo nocturno despejado a la luz de la luna— para dar esa sensación de caos y desesperación que deben sentir Jon y Dany en ellos. Lo mismo ocurre con varias escenas en tierra.

Con la lucha en varios frentes que se da cuando los wights invaden el castillo, la batalla en general es algo más desenfocada e ininteligible que las anteriores, es decir un poco menos efectiva.

A pesar de todo esto, el episodio incluye las que tal vez sean algunas de las imágenes y secuencias más bellas y logradas de toda la serie, y es brillante en su construcción dramática, en el desarrollo de los eventos, alternando la tensión inquietante, la euforia, la esperanza y la desesperanza, y la sensación de que todo está perdido, hasta ese triunfal golpe final y definitivo.

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HBO/Difusión

El componente anticlimático de esa resolución es inevitable, pese a lo agradable que es ver a Arya aplicar su legendaria habilidad y temple en un momento tan crucial y decisivo y convertirse en la heroína definitiva de la serie.

Toda esa amenaza más grande que la humanidad toda, milenaria y que dio material para toda clase de leyendas y mitos aterradores, se acaba de un simple golpe al tomar desprevenido al Rey de la Noche.

Todas las historias, todas las teorías, todas las enrevesadas profecías y la vasta mitología tejida en torno al Rey de la Noche y su inescapable oscuridad, fueron siempre inútiles y sin sentido. Nada de Azor Ahai y el Príncipe que fue prometido. Las profecías pueden llegar a ser un vil engaño cuando los hombres se dejan llevar por ellas, lo dice el principio de Gorghan citado en Festín de Cuervos, que las compara con «una mujer traicionera».

Por esto, el capítulo decepcionó a muchos. Pero por esta misma razón, es un episodio brillante.

Lo que viene a continuación

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HBO

No hay que olvidar que todavía restan tres episodios antes del final de Game of Thrones, y que «La larga noche» puede haber cumplido un propósito muy diferente en la narrativa de esta última temporada, uno que no esperábamos.

Los Caminantes Blancos y su amenaza siempre han funcionado como una metáfora o una advertencia, presente desde siempre pero en un plano secundario, un énfasis sobre cómo la humanidad absorta en sus luchas de poder, sus ambiciones y su violencia, no puede percibir nada por fuera de todo eso.

Eliminada esta amenaza, no queda más que esto: esas luchas que, naturalmente, como lo evidencia el nombre de la serie (no así el de la saga de libros), son el núcleo y el corazón de la historia.

¿No tiene sentido que la conclusión de Game of Thrones, que los eventos verdaderamente dramáticos, inesperados, descorazonadores, tengan lugar durante una mundana y estúpida lucha política en torno a un incómodo trono de hierro, en lugar de ocurrir cuando las diferencias humanas se han dejado de lado para combatir una amenaza externa?

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