La primera temporada de Legion es una experiencia inquietante, confusa y fascinante

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“Hay dos tipos de historia que le contamos a nuestros hijos.

La primera:

‘Había una vez un conejito que se embarcó en una impactante y divertida aventura, solo para encontrarse con un gran contratiempo, que superó gracias a su perseverancia y a ser adorable’.

Este tipo de historia enseña empatía. En otras palabras, te pones en el lugar del conejito.

El otro tipo de historia:

'¡Oliver Anthony Bird, si te acercas demasiado a ese océano, te hundirás en el agua y te ahogarás!’

Esta historia enseña miedo.

Por el resto de sus vidas, estas dos historias compiten.

Miedo y empatía”

Esta cita es un fragmento del monólogo que abre el capítulo 4 de Legion, exactamente en la mitad de la primera temporada.

Oliver Bird (interpretado por Jemaine Clement) es el personaje que pronuncia este discurso y, aunque será muy importante en la segunda mitad de la temporada, ese momento es su introducción en la serie.

Es un personaje desconocido y misterioso que vemos por primera vez, situado en un escenario igual de enigmático. Nos descoloca (algo que la serie ya ha hecho antes, y volverá a hacer), no sabemos qué esperar ni qué relación tiene este personaje con todo lo demás. Por lo tanto, no nos deja otra opción que detenernos especialmente en lo que dice, en su discurso, lo único de esa escena que podría aportar información adicional para poder comprender.

Se puede interpretar, entonces, como un manifiesto, una declaración de intenciones de los creadores tras de la decisión de situar este discurso en una escena así de extraña y ajena a lo que habíamos visto.

Una suerte de explicación, tal vez, ya que si hay algo se repitió sobre Legion es que es confusa, críptica. «Esto es todo lo que podemos explicarles en el lenguaje de la serie» o algo así. 

Miedo vs empatía

Si existen dos tipos de historias, unas sobre miedo y otras sobre empatía, Legion es definitivamente de las primeras, aunque está plagada de notables destellos de la segunda.

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Hay otro aspecto crucial en esta escena: el personaje, cuyo nombre desconocemos en ese momento, habla directamente a la cámara, a nosotros, la audiencia, rompiendo la cuarta pared para presentarnos así el capítulo que veremos a continuación.

Por lo tanto es, además, un discurso de metaficción.

Y arriesgo una interpretación: la historia del conejito adorable y perseverante son todas las historias tradicionales de superhéroes o basadas en cómics, esas que inundan el cine y la TV actual; Legion se ve a sí misma como la otra historia, la del abismal océano amenazador y terrible.

Una serie que desafía todo lo que esperamos de una serie sobre un mutante asociado a los X-Men.

Evidentemente, no es la primera vez que se reformula o altera las clásicas convenciones del género de superhéroes, y en particular ese tropo inevitable que es la «historia de los orígenes», pero Legion sí es sin dudas la más radical y arriesgada.

Una serie tan fascinada con su protagonista y sus superpoderes —y sus superdebilidades—, que prescinde de todo lo demás que suele poblar el género (referencias a los cómics, guiños a los fans, ingeniosos easter eggs, múltiples conexiones con otros títulos), salvo por lo estrictamente necesario, y se propone básicamente replicar la esencia del personaje titular: como su protagonista, la serie es poderosa, profunda, compleja, por momentos incomprensible, vulnerable, pero siempre fascinante.

Un superhéroe y su superpoder

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La historia es, como sabrán, la de David Haller (con gran interpretación de Dan Stevens); también conocido como el hijo deCharles Xavier (quien es simplemente mencionado como “un poderoso mutante” en la serie).

En los cómics de Marvel, David formó parte del equipo New Mutants y otras series spin-offs de los X-Men, adoptando eventualmente el alias Legion.

Se trata de un joven con increíbles poderes en su mente incluyendo telepatía, telequinesis, piroquinesis y hasta la posibilidad de manipular la realidad.

El pequeño gran inconveniente es que su mente también experimenta graves trastornos como esquizofrenia, múltiples personalidades o identidades disociativas, lo que hace que sus poderes sean mucho más potentes y peligrosos pero también impredecibles e ingobernables.

La serie fue realizada por Noah Hawley, un creador que, con la serie Fargo, ya había dado muestras de tener un muy buen olfato para imprimir su sello personal y un giro novedoso a un título ya existente.

Nuevamente aquí mantiene una distancia prudente respecto al material que lo inspiró y a la famosa franquicia X-Men, salvo por datos biográficos de su protagonista y por algunos detalles adicionales.

David Haller se ve atrapado en medio de una todavía misteriosa guerra entre dos bandos, que parece reflejar la ya clásica batalla del Universo X-Men entre mutantes y humanos, o la disyuntiva entre convivencia pacífica o la eliminación de uno de los dos.

Bryan Singer aparece acreditado simplemente como productor ejecutivo en la serie, y es probable que no haya estado involucrado en lo creativo, pero Legion reproduce una de las características más interesantes y destacadas de la saga cinematográfica X-Men: la importancia del superpoder.

La exploración de las consecuencias personales, identitarias casi, sociales o incluso políticas y filosóficas de lo que significa tener un superpoder determinado, ha sido prioritario en la saga, tanto como de un modo práctico lo ha sido su ejercicio o puesta en marcha, los resortes que lo activan y su manifestación visual.

Si un superhéroe es, en esencia, su superpoder, Legion es su mente.

Así que Noah Hawley propone un viaje a lo profundo de ésta, una exploración completa, con sus laberintos, sus fallas, sus misterios, sus rincones oscuros y aterradores y sus espacios abiertos y luminosos.

Mutantes, psicodelia y lo inquietante

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Para esto, la serie narra su historia inevitablemente desde el punto de vista de David Haller, que con su inestabilidad mental es un narrador más que poco confiable, lo que le da a la serie ese carácter confuso y desordenado.

Pero, ¿qué mejor modo de ponernos en el lugar del héroe que experimentar exactamente lo mismo que está pasando por su mente? Empatía.

(Este héroe, sin embargo, está constantemente acercándose a un océano y a punto de ahogarse. Miedo)

A medida que David comienza a comprender un poco más su situación, a conocer su mente y sus mecanismos de la mano de otros personajes, a atar cabos, las piezas también comienzan a encajar para la audiencia.

Se ha mencionado la psicodelia al hablar de Legion, un concepto que surge inevitablemente por la naturaleza de la serie, y aparece referido desde su banda de sonido y sus imágenes hasta directamente en el nombre del personaje de Syd Barrett (interpretada por Rachel Keller, también muy importante en su carácter de enamorada de David Haller), llamada igual que el más oscuro y trágico de los fundadores de Pink Floyd (banda presente además en el soundtrack).

Psicodélico: adj. De la manifestación de experiencias y estados psíquicos caracterizados por una alteración de la sensibilidad y que en condiciones normales están ocultos,y que se suelen manifestar en forma de alucinaciones,euforia o depresión.

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Pero ya que Legion es una serie construida en torno a los misterios y complejidad de la mente (de una mente en particular), hay otro concepto psicológico que vale la pena mencionar: lo inquietante.

Sigmund Freud popularizó y desarrolló este concepto de difícil traducción (“inquietante” es apenas una aproximación), originalmente acuñado como «unheimlich» en alemán, en un ensayo de 1919, retomando ideas de Nietzsche, Ernst Jentsch y el escritor E.T.A. Hoffman.

Este concepto define la sensación paradójica de algo que resulta al mismo tiempo familiar pero también incongruente o extraño. Define al objeto capaz de generar atracción y fascinación, pero simultáneamente también repulsión y rechazo en su observador.

Esta incongruencia lleva al que la experimenta, según la teoría psicológica, a una disonancia cognitiva, a una cierta incomodidad mental, digamos, que uno inevitablemente tiende a intentar reducir, cambiando su actitud o sus ideas ante la realidad, moldeando su esquema mental.

La mente de David Haller se ubica enteramente dentro de ese concepto.

Un entramado de recuerdos y fallas de la memoria, de mecanismos confiables y otros inesperados o engañosos, poblados de parientes, amigos, mascotas y lugares que resultan alternativamente familiares y reconfortantes, y repentinamente aterradores, espeluznantes y ajenos (su mejor amiga se convierte en un terrible monstruo, su querida hermana se convierte en una enfermera sádica, etc).

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También la audiencia experimenta lo inquietante.

No hay casi en toda la temporada de Legion un solo fotograma, una sola secuencia, que no resulte leve e incómodamente dislocada de la realidad y de lo familiar, ya sea por sus colores, su diseño visual, el sonido, su escenificación, el ángulo de la cámara o los objetos y personajes que la pueblan.

El clima es por momentos el mismo que ha perfeccionado y definido David Lynch en muchas de sus películas (a las que hay algunas referencias explícitas), ese surrealismo donde lo extraño, ominoso e incomprensible se establece como una pieza más del rompecabezas, esencial para completarlo, y no como una pieza faltante.

Todo transcurre con personajes que conocemos y en lugares reconocibles: un hospital mental, una cabaña en un bosque, una casa en las afueras, una pradera, un consultorio psiquiátrico, una instalación del gobierno, etc. Pero siempre hay algo que no cierra, que no encaja en la realidad tal como la concebimos. Al menos no en el principio.

Pero más tarde, después de algunos episodios, esa disonancia cognitiva se va reduciendo mientras moldeamos nuestra percepción a ese nuevo universo, esa nueva realidad, que se torna mucho más inteligible y por esto también más potente (sus terrores más efectivos y las victorias más épicas).

El concepto de lo «inquietante» de Freud también llevó a desarrollar un nuevo concepto en el área de la robótica, definido como «el valle de lo inquietante»: es el que dice que cuanto más parecido a un humano real es un robot (o, para el caso, cualquier simulación no humana), mayor será la respuesta de rechazo del observador humano.

La dicotomía entre humano y mutante es de otra naturaleza, pero no caben dudas que el impacto y la efectividad de Legion residen en al exploración de lo humano dentro del mutante.