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¿Te da flojera hacer ejercicio? Quizás estás más evolucionado y te explicamos por qué

ejercicios para el tren superior que requieren solo de un muro 2
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Después de una buena sesión de entrenamiento físico, un poco de sudor y la satisfacción increíble de haber terminado, la sonrisa de oreja a oreja aparece de inmediato. Definitivamente, el ejercicio te hace feliz.

Es esencial para tener una buena salud. Sus beneficios en el corazón, en los niveles de energía, en el metabolismo, en tus mismas horas de sueño y descanso son impresionantes. No obstante, aún a sabiendas de todo lo bueno que nos da, muchas veces la flojera nos invade y no nos deja pararnos del sillón.

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¿Por qué nos da flojera hacer ejercicio?

Sabemos que el cigarro o el alcohol hacen daño y aún así hay personas que fuman o toman. Por lo que no sería una sorpresa que nuestra misma ingenuidad e incongruencia humana nos lleve a esta situación: sabemos que el ejercicio nos hace bien pero nos da flojera hacerlo.

No obstante, en una perspectiva mucho más científica, Daniel E. Lieberman, experto en Biología Evolutiva Humana de la Universidad de Harvard, explica que a pesar de que la evolución nos ha llevado a ser físicamente activos, también nos hemos adaptado para ser inactivos siempre que nos sea posible.

Es natural y normal ser perezoso físicamente.
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En su artículo Is Exercise Really Medicine? An Evolutionary Perspective, Lieberman explica que siempre es necesario conocer la historia evolutiva de un organismo para comprender por qué son como son. Y sí, esto también aplica en los humanos.

Hace siglos, los humanos se ejercitaban sólo en la medida necesaria para sobrevivir. Sus cuerpos estaban listos para enfrentar largas horas de persecución, caza y recolección: si no hacían ejercicio, si no se movían, no comían.

Sin embargo, como la comida escaseaba, el descanso también era clave para conservar la energía. Es decir, los humanos tenían todas las capacidades para ser activos, pero lo menos posible para así sobrevivir. Ningún hombre de ese tiempo salía a correr sólo porque sí.

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¿Te imaginas lo imprudente que era quemar las pocas calorías que tanto les costaba conseguir? Los humanos se adaptaron para evitar esfuerzos innecesarios que los hicieran gastar la poca energía que tenían.

cazador prehistoria sentado
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Este sentido de preservación siguió en los humanos desde entonces hasta el punto en donde realmente ya no pasamos largas jornadas en nuestra búsqueda de comida pero aún abrazamos el descanso como si sí lo hiciéramos.

Desafortunadamente, cuando NO hacemos ejercicio, el cuerpo necesita alguna forma de reducir el gasto de energía que tenemos en nosotros y en la era moderna, lo hace con mecanismos que se manifiestan como enfermedades.

Lieberman explica que muchas de las enfermedades de hoy en día «son la consecuencia de adaptaciones que evolucionaron como un medio para recortar la demanda de energía».

Como vemos, antes mantenerse activo era mandatorio para poder sobrevivir. Sin embargo, hoy en día, realmente no lo es como lo era en ese tiempo, lo cual trae importantes y graves consecuencias en nuestra salud.

Por lo tanto, Lieberman advierte que a pesar que la actividad física no evolucionó para ser una medicina en contra de muchas enfermedades, sí es elemental que nos esforcemos para que sea una parte de nuestro día a día porque así justo podemos evitar la aparición de afecciones graves.

Promover el ejercicio requerirá alterar los entornos de manera que empujen o incluso obliguen a las personas a estar activas y hacer que el ejercicio sea divertido.
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