¿El estómago se encoge si comes menos? Expertos hablan sobre esta creencia popular

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Perder peso es uno de los objetivos más difíciles de cumplir, ya que conlleva un esfuerzo físico y mental muy alto. Además, muchas veces se tiene que lidiar con mitos que en lugar de ayudarte, podrían estar desviándote de tu meta.

Un ejemplo de los mitos más famosos es el que afirma que el estómago reduce su tamaño si comes porciones más pequeñas de comida, lo que se supone que ayudará a que bajes de peso después de un tiempo.

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Si bien reducir las cantidades de comida es beneficioso para nuestra salud, no ocasiona que nuestro estomago reduzca su tamaño. De hecho, el procedimiento es un poco más complejo e involucra al cerebro.

De acuerdo con un estudio publicado en el American Journal of Physiology, lo que realmente ocurre es que cuando acostumbras a tu cuerpo a porciones pequeñas, el cerebro manda señales de saciedad a tu organismo, evitando que sigas comiendo.

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Este estudio fue llamado 'Impacto de la pérdida de peso logrado a través de una intervención multidisciplinaria sobre el apetito en pacientes con obesidad severa' y sus autores, liderados por S. R. Coutinho, son renombrados investigadores de reconocidas universidades europeas, como la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega.

Para llevar a cabo este experimento se reclutó a 35 individuos (13 hombres y 22 mujeres) entre 30 y 38 años. Todo ellos con obesidad severa, pero con un peso estable en los últimos 3 meses. Además, ninguno estaba siguiendo un régimen para bajar de peso o reducir su apetito.

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El objetivo principal de este estudio fue el evaluar el impacto a corto y a mediano plazo de la pérdida de peso. La principal condición es que esa baja de peso fuera lograda con dieta y ejercicio.

Para alcanzar su objetivo, los participantes fueron sometidos a un programa de dieta y actividad física durante dos años. Antes de iniciar el régimen se midió su peso corporal, su aptitud cardiovascular, la sensación de apetito y las concentraciones de insulina.

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Para llevar un control su progreso, cuatro semanas después de iniciado el experimento se tomaron nuevamente las métricas. Esto se repitió después del primer año y al finalizar el estudio.

Luego de 2 años, el peso corporal se redujo considerablemente, tal y como estaba previsto. Los niveles de insulina en la sangre también se redujeron considerablemente. No obstante, el hambre, el deseo de comer y los niveles de colecistoquinina aumentaron.

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El incremento del hambre se asoció inmediatamente a una hormona conocida como grelina, la cual estimula al estómago. Por otro lado, los participantes también mostraron un aumento en su nivel de saciedad. Esto se debió a la aparición en cantidades considerables de otra hormona llamada leptina, y de concentraciones plasmáticas posprandiales de péptidos.

Estas últimas le mandan señales al cerebro, para indicarle que lo ya consumido es suficiente para llevar a cabo las funciones vitales de nuestro cuerpo y que no se requiere más alimento.

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Esto significa que el régimen al que fueron sometidos los participantes aumentó su deseo por comer y también la sensación de hambre por el ayuno. Sin embargo, esto se compensa con una mayor saciedad y una mejor sensibilidad en el sistema de control del apetito.

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