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¿La depresión y la alimentación tienen una relación estrecha? La dieta que Harvard recomienda

chocolates bombones
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Si te has encontrado capaz de consumir un litro de helado cuando estás triste o deseando una barra de chocolate en esos días, ya te diste cuenta de que la comida y el humor están relacionados. La pregunta que se hacen los científicos es: ¿pueden los alimentos ser una influencia en tu humor, tanto para mal como para bien? ¿Pueden aumentar o disminuir el riesgo de depresión?

La relación entre la alimentación y la salud mental

«La investigación disponible sobre la relación entre la dieta y la depresión todavía es inconclusa», dice Patricia Chocano-Bedoya, epidemióloga de la Universidad de Zúrich que visitó la escuela de medicina de la Universidad de Harvard.

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Para encontrar ese vínculo perdido entre alimentación y salud mental, los investigadores se basan en grandes estudios observacionales, que proporcionan una gran cantidad de datos sobre variados aspectos de la salud. Un estudio realizado en 2005 y publicado en el International Journal of Obesity encontró algunas relaciones entre la comida y la depresión, al igual que un estudio de 2011 que concluyó que el riesgo de depresión y la falta de vitamina D están relacionados.

Los estudios más grandes sobre esta relación han vinculado la depresión con el consumo de azúcar, harina de trigo refinada y carnes rojas. Si bien estos resultados son prometedores, todavía no es posible determinar un factor nutricional aislado que provoque la depresión o aumente el riesgo de padecerla, de acuerdo a Chocano-Bedoya, por la vasta amplitud de factores que pueden incidir en la enfermedad.

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Para Uma Naidoo, psiquiatra de la prestigiosa universidad, el centro de esta relación se ubica en los intestinos, y tiene que ver con la flora intestinal. La depresión se debe a una incorrecta asimilación de serotonina, y el 90 % de los receptores de serotonina se encuentran en el sistema digestivo, explica.

Hay evidencia anatómica y fisiológica de que el cerebro se comunica con los intestinos a través del nervio vago, y de que, a través de este canal, el intestino también envía información al cerebro, dice. Cuando se desequilibran las diversas bacterias presentes en el intestino, pueden aparecer enfermedades.

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«Los hábitos modificables del estilo de vida, como las elecciones en la dieta, fumar o hacer ejercicio podrían afectar el riesgo de depresión, potencialmente, pero no actúan de forma independiente», explica Chocano-Bedoya. La depresión, como otras enfermedades crónicas, es el resultado de una interacción compleja entre varios factores, algunos externos, otros genéticos. «Si bien podemos estudiar los factores modificables que están asociados a la depresión, no podemos estimar qué porcentaje de cada uno está asociado con la depresión, ya que están interrelacionados», dice.

Entre los resultados de los estudios puede haber una respuesta: «Hay evidencia uniforme de que la dieta mediterránea está relacionada con un riesgo menor de depresión», dice Chocano-Bedoya.

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Una dieta como la mediterránea es rica en frutas y verduras, aceite de oliva, granos enteros y proteína magra, como el pollo o el pescado, y baja en carnes rojas y grasas saturadas y otras grasas nocivas para la salud.

«La dieta mediterránea está asociada a una menor presión sanguínea, mejor función cognitiva y menor incidencia de diabetes y enfermedades cardiovasculares», agrega la experta. Según ella, un patrón de dieta como el mediterráneo puede ayudar a reducir el riesgo de depresión a través de la reducción del riesgo de otras condiciones crónicas, que en sí mismas pueden implicar una probabilidad mayor de depresión.

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