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El ruido afecta tu mente y cuerpo sin que lo notes: conoce los efectos de la contaminación sonora

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El problema del ruido en las ciudades crece, al punto de que hace medio siglo los organismos de salud comenzaron a tratarlo como una forma de polución persistente en lugar de transitoria. En las grandes ciudades, la mayoría de las personas, concentradas en las zonas céntricas, deben convivir con el ruido de las calles, que llega hasta sus cocinas, salas de estar y dormitorios día y noche.

Algunas personas aman el ruido de la ciudad, otras lo detestan

La mayoría de las personas se ajustan rápidamente al ruido. El cerebro solo nos alerta si ha habido un cambio. Por eso, en los primeros días de una mudanza a una zona más ruidosa, las personas pueden sentirse más estresadas que de costumbre; un sonido fuerte, constante, al que no estamos acostumbrados, puede despertar respuestas de estrés. Pero después de unos días nos adaptamos. El cerebro entiende que no hay peligro, por lo que deja de inquietarse.

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Esto no les sucede a todas las personas. Es el caso de aquellos que tienen misofonía o algún otro tipo de sensibilidad selectiva al sonido: por ejemplo, quienes no pueden soportar el ruido de alguien masticando, o que desencadenan síntomas de ansiedad cuando escuchan un sonido repentino. Jennifer Brout, fundadora de Misophonia International, explica para The Cut:

Una persona con cualquier tipo de sensibilidad al sonido tendrá una reacción más fuerte a [una] sirena. Esa persona puede sentirse más sobresaltada por el sonido que otras, y puede que su sistema nervioso tarde más en calmarse.

Por otro lado, existen personas que, habiendo vivido siempre en una gran ciudad, no consiguen dormirse sin el ruido constante de las calles. Por eso existen algunas playlists en Spotify con sonidos de ambiente de ciudad, que varios usan para dormir cuando visitan una zona más rural.

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Los efectos devastadores de la contaminación sonora en la salud

Por más que crean que están acostumbradas al ruido, o incluso que les gusta o que lo extrañan, nadie se acostumbra realmente. O, por lo menos, el cuerpo no lo tolera, aunque no nos demos cuenta.

La exposición prolongada a la contaminación sonora trae numerosas consecuencias para la salud física y mental de las personas, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Dormir mal es la más obvia de ellas. Aunque las personas que viven al lado de una carretera consideren que duermen bien, suelen despertarse más veces durante la noche, por lo que completan menos ciclos de sueño. La mayoría de las veces que se despiertan, las personas no tienen conciencia de ello, porque suelen hacerlo por un período muy breve y no dan tiempo a la memoria para registrar lo ocurrido.

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Cuando se expone al ruido constante, el cuerpo secreta más hormonas relacionadas con el estrés. «El ruido es estrés, especialmente si no tenemos control sobre él», explica Mathias Basner, médico del departamento de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania, en su TED Talk. La adrenalina y el cortisol cambian la composición de los vasos sanguíneos, los cuales se ha comprobado que están más rígidos después de una noche de sueño con ruido constante, según Basner.

Este cambio en los vasos sanguíneos tiene una probabilidad muy grande de derivar en presión alta a largo plazo. Un estudio reciente comprobó que si Estados Unidos bajara la exposición al sonido solo cinco decibeles en las ciudades, se podría ahorrar casi 4 millones de dólares al año en costos por tratar enfermedades cardiovasculares, dice el psiquiatra.

Las interrupciones en el sueño también pueden incidir en el desarrollo de este tipo de enfermedades, ya que el ruido no deja que el cuerpo descanse completamente y que baje la presión durante la noche.

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La OMS intentó cuantificar los efectos de la contaminación sonora en la salud de la población. Tomó los 340 millones de residentes de Europa del este y concluyó que cada año se perdían un millón de años de vida sana debido al ruido, reporta Nautilus. Incluso afirmó que el problema raíz de las 3 mil muertes causadas por enfermedades cardiovasculares era el ruido excesivo.

El silencio como terapia de salud mental

En investigación, el silencio se usaba como base de referencia para estudiar el efecto de diferentes tipos de sonidos en el cerebro. Los investigadores lo comenzaron a estudiar por accidente: en 2006, el médico Luciano Bernardi quería averiguar los efectos fisiológicos de la música, pero descubrió que las pausas entre cada una de las canciones tenían un efecto relajante. «No pensamos en el efecto del silencio. No lo íbamos a estudiar específicamente.»

Escuchar con atención requiere un estado de alerta que es lo opuesto de la relajación. En el estudio, las pausas silenciosas de dos minutos o más probaron ser mucho más relajantes que cualquier música «relajante».

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El silencio, entonces, no contiene una ausencia de efectos. El silencio es beneficioso por sí solo. En 2013, Imke Kirste, bióloga de la Universidad de Duke, tampoco estaba intentando estudiar el silencio, pero lo hizo sin querer. Utilizándolo como base de referencia y esperando que no tuviera ningún efecto, descubrió que el hipocampo de los ratones generaba más células si estos eran expuestos a dos horas de silencio al día. Estas células se convertirían luego en neuronas funcionales.

Si bien estos son resultados preliminares, Kirste se pregunta si este efecto puede tener otras aplicaciones en humanos. La demencia y la depresión, entre otras condiciones mentales, han sido asociadas con una disminución en la neurogénesis del hipocampo. Quizá los neurólogos puedan encontrar un uso terapéutico para el silencio.

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