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Este es el hábito que creías que te ayudaba a bajar de peso, pero que en realidad te sabotea

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Pixel-Shot/Shutterstock

Parece cuestión de lógica elemental: si tengo kilos extras, tengo que comer menos para deshacerme de ellos. Y es cierto, ingerir más calorías de las necesarias engorda. Pero una dieta extrema y restrictiva no es la solución al problema. No sólo no funciona tan bien como podrías imaginar, sino que también te dejará problemas de salud en el futuro. (Algo similar sucede con la moda de los "jugos detox").

Controlar de manera obsesiva lo que comemos puede convertirse en una trastorno alimenticio, como la anorexia o la bulimia. Pero incluso antes de llegar a ese punto, reducir cada vez más lo que ponemos en el plato presenta consecuencias negativas en el organismo. Tal vez al principio sí se pierda peso de forma rápida, pero éste regresará, y con un número aún mayor.

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Un estudio de la Universidad Georgetown investigó cuáles son los efectos de la restricción alimenticia a largo plazo. El trabajo se enfocó en mujeres, porque son quienes suelen recurrir más a este método. El experimento se llevó a cabo en dos grupos de ratas hembras: uno siguió con una dieta balanceada y al otro se le redujeron sus calorías diarias en un 60 %. En términos humanos, eso sería ir de 2,000 calorías (la cantidad promedio para vivir) a 800.

Como era de esperarse, uno de los primeros cambios evidentes en el segundo grupo fue una disminución de peso, la cual vino acompañada de una pausa en el equivalente a su ciclo menstrual. El trabajo encabezado por la Doctora Aline de Souza encontró que este tipo de dieta también disminuyó el volumen de sangre, la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y el funcionamiento del riñón.

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El lado positivo es que estas consecuencias son reversibles. Cuando las ratas volvieron a comer de manera usual, sus cuerpos volvieron a la normalidad, excepto en la cantidad de grasa. Tres meses después de terminar su dieta, las ratas que se alimentaron menos tenían más grasa abdominal que las que conservaron sus platos como estaban. Es decir: a largo plazo, la dieta restrictiva las engordó más (a diferencia de una alternativa mediterránea, por ejemplo).

Otros dos efectos preocupantes se encontraron en la investigación. Uno de ellos fue que disminuir la cantidad de calorías llevaba a una pérdida de masa muscular, lo que debilita al organismo. Por el otro lado, la acción de una hormona, llamada angiotesina II, se volvió más propensa a ocasionar un incremento en la presión sanguínea.

Dichos resultados sugieren que no comer para bajar de peso no funciona y, al contrario, te engordará después. Además, esa grasa extra y la predisposición a tener la presión alta, podrían desencadenar otras enfermedades a largo plazo.

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