¿Qué hacer después de terminar una relación violenta?

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Terminar un capítulo de tu historia, o incluso un tomo completo de ella es complicado. Pero a veces retomarla lo es más, y escribir el primer capítulo de una nueva aventura no es un trabajo sencillo, especialmente cuando se trata de una relación violenta.

Una relación violenta es aquella en la que el abusador se aprovecha de las desigualdades con su pareja para obtener lo que desea. En ella se piden favores a cambio de amor y se utiliza la manipulación emocional, física y sexual para controlar al otro. Te invitamos a leer un artículo anterior en el que abordamos con mayor profundidad cuáles son las características de este tipo de relaciones y cómo es posible salir de ellas.

¿A qué se enfrenta quien se liberó de una relación violenta?

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La psicóloga Yara Brom, especialista en coaching y atención al trauma, explicó en una entrevista para VIX que el mayor reto que enfrentan las mujeres al salir de una relación violenta es el ajuste emocional.

Quien sufrió un abuso llega al mundo con una enorme desorientación. «¿Qué haré con mi vida ahora?», suelen preguntarse. Después de ser manipuladas y aisladas de los demás, estas mujeres no poseen los medios para sostenerse, sobre todo los económicos.

Encontrar un trabajo también es complicado, porque que al ser madres solteras, necesitan tiempo para ganarse el sustento y para criar a sus hijos. Pasan de un escenario en el que perdieron su personalidad a otro en el que deben convertirse en padre y madre al mismo tiempo, dijo Brom.

El divorcio es otro desafío común, no sólo es engorroso en lo legal y desgastante en lo emocional. Existe la posibilidad de que el exmarido utilice a los hijos para infligir un daño todavía mayor en su antigua pareja.

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Los prejuicios sociales e incluso familiares que confrontan las antiguas víctimas también se presentan en esta etapa. «Es que ella debió haberse cuidado más», «es que ella era la esposa y tendría que haberse esforzado más» . Sentirse culpable por el abandono es un sentimiento común, que después llega a transformarse en un enojo consigo misma por haber permitido ser maltratadas de esa forma, señala la experta.

Se trata de un reajuste emocional complejo, pero uno saludable y en la dirección correcta.

Es importante que las mujeres que padecieron violencia por parte de sus parejas reciban un tratamiento adecuado. No sólo por su bienestar, también por el de los demás. La psicóloga explicó que las mujeres tienden a sentir el enojo hacia dentro, se lo guardan para después desquitarlo, por lo general, con sus hijos al percibirlos en ellos una jerarquía menor.

Las hijas crecen con la idea de que ese comportamiento es normal y es probable que los hijos repitan ese círculo vicioso y destructivo con sus futuras esposas.

¿A quién debe acudir quien terminó una relación de violencia?

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Yara Brom señaló que el primer gran paso a dar después de romper las cadenas es ir a terapia. La especialista sugirió atacar el problema desde dos frentes: asistir a un grupo de ayuda y acudir a sesiones individuales.

El objetivo de la terapia individual es analizar la historia personal para encontrar la raíz del problema. Una relación violenta es equivalente a una adicción: te destruye, pero la intensidad te atrapa al hacerte creer que, con tiempo y esfuerzo, el amor vencerá y lo solucionará todo.

Las terapias grupales tienen la función de acompañar a la víctima y de contener sus impulsos. Superar una relación abusiva es complejo, pero unidos y con el sistema de apoyo necesario, ninguna montaña es imposible de escalar.

La especialista relató una historia fuerte, pero con un poderoso mensaje. Una de sus pacientes, ahora de 65 años, lidió con un ambiente familiar violento desde los 5 años. La pequeña estaba en una situación de abandono porque sus padres la descuidaban al punto de que ella no sabía ni siquiera bañarse o lavarse los dientes.

Ella estaba tan desesperada por conseguir aceptación y amor que estaba dispuesta a todo. Su papá los retaba a ella y sus tres hermanos a pasar el mayor tiempo posible dentro de una bodega abandonada, a oscuras, entre las telarañas y las ratas. Ella era la única que aceptaba el desafío, mientras cerraba los ojos y se concentraba en aguantar un segundo más, sólo uno más.

Cuando esta niña creció, se convirtió en mujer y buscó la ayuda psicológica que necesitaba, se dijo a sí misma: «Nunca más en el cuarto de las ratas».

Así que si estás terminando una relación violenta o conoces a alguien que lo esté haciendo, busca la terapia adecuada para el caso, para que nadie tenga que soportar un segundo más.

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