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¿Por qué "inventan" tantas orientaciones sexuales? ¿En verdad tiene sentido hacerlo?

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Casi podemos apostarte todo el oro del universo a que en algún momento te topaste con alguna publicación sobre orientaciones sexuales y leíste comentarios tipo: «Ay, ya no saben que inventar, por eso estamos como estamos» o «Ay, pero que ganas de inventarse tonterías y etiquetarse a lo loco». Tal vez hasta tú has pensado algo así. (No te juzgamos, pero ser quejumbroso también tiene efectos negativos en el cerebro).

Estas clasificaciones son parte de un fenómeno más o menos reciente en la lucha por la libertad sexual. Y, como sucede con cualquier cambio, a veces no lo recibimos de la mejor manera. Rosabeth Moss Kanter es profesora en la Escuela de Negocios de Harvard y nos explica por qué nos resistimos tanto a aceptar lo nuevo.

"Nuevo" no es sinónimo de "ridículo"

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Las "cosas nuevas" nos hacen sentir que perdimos el control, que nos ahogamos en un exceso de incertidumbre, que nos desprendemos de la cómoda rutina y necesitamos trabajar más duro para comprenderlas y adaptarnos. Pero estos cambios nos permiten aprender, y lo mismo sucede con esta "moda" de "inventar" más orientaciones sexuales más allá de los heteros, homosexuales y bisexuales.

Las comillas son porque crear términos no es una moda y la diversidad sexual no es algo reciente: ha existido durante miles de años. Lo que sí es nuevo es que se hable de sus variantes en el terreno de lo común, ya no sólo como un secreto. Como sucedió con el wakashu, el tercer género japonés del siglo XVII.

Definir cómo nos sentimos y ponerle un nombre al sentimiento nos ayuda a tener un control sobre ello. Ese es un mecanismo al cual recurrimos para manejar nuestras emociones. Saber que el rugido de tus tripas es una señal del hambre, te permite saber qué pasa y qué hacer al respecto (en este ejemplo, pedir una pizza).

En el caso de nuestra vida sexual, sucede lo mismo. Descubrir qué es lo que nos atrae (o no) sexualmente y ponerle un nombre, nos da el poder de acción, nos pone al volante de la situación. Robbin Phillips de Brains on Fire cree que nombrar las situaciones nos da algo para sostenernos, y hasta nos vuelve más humanos al ver una situación en su perspectiva más amplia.

No es cuestión de narcisismo, ni egoísmo

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Pansexual, asexual o demisexual, por mencionar algunos ejemplos, no son definiciones que las personas establezcan para sentirse superiores o para conseguir beneficios debido a ello. Son mecanismos de autoconocimiento que les permitirán ubicar su lugar en el mundo e incluso reunirse con personas como ellos.

También reconocer la existencia de la diversidadnos vuelve más humanos, como lo menciona PsychAlive. Aceptar que todos los humanos somos diferentes y que ninguna orientación sexual está bien o mal es uno de los primeros pasos hacia el respeto y la unidad. Incluso considerar estas clasificaciones brinda información relevante para estudios médicos sobre sexualidad.

Es como reconocer que está bien que a unos les gusta la salsa roja y a otros la verde. No hay respuesta correcta e incorrecta: sólo humanos con diferencias. Y si no le pusiéramos nombre a esas diferencias, ¿cómo sabríamos que existen y de qué se tratan? Como diría el perezoso del meme: el conocimiento es poder.

Hablando de, ¿tú ya conoces lo que es la grisexualidad?