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13 Reasons Why: un trágico mensaje sobre bullying con el potencial para cambiar vidas (si estamos dispuestos)

Netflix

A estas alturas creo que 13 Reasons Why no necesita presentación. En muy poco tiempo, esta controversial serie original de Netflix se ha transformado tanto en la favorita del público como también en la víctima de múltiples acusaciones: que promueve el suicidio, que subestima la situación de miles de personas que pasaron por situaciones similares; que utiliza temas sensibles para vender su producto, que ha creado paranoia acerca del suicidio, etc... Opiniones tan respetables como quienes las emiten; ya que, si estas personas han analizado la serie con pasión y detenimiento, lo que han recibido de ella es digno de consideración (lamentable sería escuchar hablar a personas que no han visto la serie con objetividad y corazón, o que quizá ni siquiera la han visto). 

Básicamente, la serie nos cuenta la historia de Hannah Baker, una chica de 17 años que se quita la vida luego de haber sufrido bullying en reiteradas ocasiones; pero antes de cometer suicidio deja 13 tapes que explican las razones que la llevaron a tomar tal decisión. Dichos cassettes caen en las manos de Clay Jensen, un tímido joven enamorado de Hannah, quien intentará descubrir su participación y responsabilidad en el destino de su amiga. 

Y es que, más allá del suicidio, 13 Reasons Why es una serie que aborda dos importantes temáticas: el bullying y la responsabilidad. 

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Según datos oficiales proporcionados por laUnesco, 2 de cada 10 estudiantes (restando a todos aquellos que no tuvieron el valor de hablar, seguramente) sufren de algún tipo de acoso: por su apariencia física, por su género u orientación sexual, y/o por su origen o nacionalidad. Además, por si fuera poco, en la última década se ha puesto de moda una forma más «inocente» —comillas ultra sarcásticas— de acoso: el ciberbullying; una actividad de la que se desprende otra trágica y alarmante cifra: el 78 % de los adolescentes que termina por suicidarse, fue acosado en las redes. 

Lo sorprendente es que, por mucho que se haya progresado como sociedad no hemos generado consciencia del impacto de nuestras palabras y acciones en la vida (y la muerte) de otra persona. 

«Poder hacer algo y no hacerlo es tan malo como no hacer nada»

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La serie señala al bullying como principal detonante. Si bien Hannah sentencia que fueron ciertas personas las que «rompieron» su espíritu y alma con acciones tan deplorables como inhumanas, a excepción de estos, la joven jamás culpabilizó a nadie, simplemente les dio (nos dio) un importante mensaje: lo que hacemos y dejamos de hacer repercute en el destino del otro

Ciertos personajes utilizaron a Hannah para aumentar su estatus a cuestas de su humillación pública, destruyendo su reputación en consecuencia; otros la utilizaron como chivo expiatorio o como objeto sexual y, poco a poco, la humanidad de la protagonista se fue diluyendo en la desesperanza. Había perdido un dinero importante para su familia, también abandonado sus posibilidades de un futuro prometedor, y su única esperanza residía en un joven demasiado temeroso como para darle lo que ella necesitaba. 

«Algunos de ustedes se interesaron, solo que no lo suficiente» —Hannah Baker

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Ahora bien, me planteo esta pregunta nuevamente: ¿fue culpa de Clay no ser lo que Hannah necesitaba que fuese? No, pienso que no. Pero Clay fue responsable; sí, fue responsable por no involucrarse lo suficiente. 13 Reasons Why nos desafía a pensar diferente: para transformar esta realidad no debemos acusar a los que ejercen violencia solamente, debemos ser parte del cambio y desequilibrar la balanza a favor del amor. 

San Juan (sí, el dela Biblia) dijo algo que marcó mi vida desde pequeño: «en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor». Y es que es lógico, ¿verdad? El amor es el antídoto más efectivo contra el odio. 

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Históricamente, el odio ha tomado muchas formas: machismo, racismo, homofobia... bullying, pero en esencia, es la misma entidad, el mismo pecado. Aunque tenemos esperanzas, este depredador voraz está herido de gravedad y el golpe de gracia depende de nosotros. ¿Cómo? Involucrándonos. 

Es momento de pararnos, pero no en nuestros propios pies, sino en los de otro; tomando su lugar, sintiendo su dolor y aliviándolo. Quizá no podamos ofrecer una solución, pero ofreceremos algo que contrarrestará todo; lo llenará todo: una sonrisa, una pizza, un abrazo... un oído.  Como dijo Hannah: «las cosas no pueden volver a ser como antes, cómo tú pensabas que eran; lo único que tienes de verdad es... el ahora». Y tus decisiones pueden salvar una vida...

Pueden crear un final feliz

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En nuestra boca está el poder de la vida y la muerte. Nuestro deber no es solo no hacer daño, tratando de no ser tan malos como son los bullies, nuestra responsabilidad es ser el agente de cambio, ser el anticuerpo, la solución. ¿En un mundo corrupto? ¿Cuando todos te digan que es más seguro no meterse en problemas ajenos? ¿A pesar de que, seguramente, seas rechazado? Sí. 

Nuestra meta no es solo ser felices, es hacer felices a los demás. Nuestra obligación para con el mundo empieza por tu prójimo; así que pregúntate: ¿a quién puedo ayudar hoy? No soportando el peso del planeta en tus hombros, pero sí considerando que cada cada acción vale y cada detalle cuenta.