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El soldado alemán que tuvo el gesto más humano de la Segunda Guerra Mundial y su poderosa historia

Matt Gibson / Shutterstock

Cuando hablamos de la Segunda Guerra Mundial, hablamos de uno de los episodios más tristes de la humanidad. No obstante, existieron en ella muchas historias asombrosas, en las que, incluso en momentos tan conflictivos, la compasión humana triunfó sobre los intereses bélicos. 

La historia más humana de la Segunda Guerra Mundial

Esta historia comienza el 20 de diciembre de 1943, cuando solo faltaban cinco días para la Navidad. Ese día, el soldado estadounidense Charles Brown estaba volando en su avión B-17 casi destruido. En ese momento, un avión alemán se acercó a él con toda la intención de acabarlos. Entonces, Brown vio la muerte cara a cara. 

Pero la historia tomó un giro inesperado: el soldado alemán Franz Stigler, a solo un botón de acabar con el avión de los Estados Unidos, decidió no hacerlo. Por si no fuera suficiente, el soldado alemán sobrevoló encima de él, escoltándolo, para «ocultarlo» y así evitar que los demás aviones alemanes lo derribaran. 

En ese momento, el soldado alemán realizó, probablemente sin saberlo, uno de los actos humanos más famosos de la historia. Incluso, poniendo su vida en juego: si sus compañeros lo hubieran denunciado, un pelotón nazi lo hubiera fusilado por traición a la patria. 

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"RIAN archive 44732 Soviet soldiers attack house" by RIA Novosti archive, image #44732 / Zelma, via Wikimedia Commons

La caballerosidad del soldado alemán

Hay muchas teorías que sobrevuelan esta decisión. Por un lado, existen quienes dicen que todo comenzó con un intercambio de miradas, en la cual el soldado alemán habría reflexionado sobre cómo, a pesar del enfrentamiento o las banderas, el otro soldado era solo un humano, tal como él.

No obstante, el soldado alemán contó al finalizar la guerra que lo que lo conmovió fue el recuerdo de su hermano, contrario a los nazis, también aviador, muerto en acción. Cuando vio al indefenso soldado estadounidense, se acordó de él. Por otra parte, afirmó haber recordado también las palabras de uno de sus mentores, llamado Gustav Roedel

Roedel le había dicho a Stigler que nunca debía disparar a un soldado indefenso, sin importar si era su enemigo. Ellos se valían de un código de ética por el que solo celebraban la victoria, mas nunca la muerte del rival. En momentos como ese, debían escuchar el llamado superior de la caballerosidad y la compasión humana. 

La búsqueda de Brown

Después de que el soldado alemán le perdonara la vida, el soldado estadounidense continuó volando con su avión hasta una de las bases aliadas. Recién cuando pudo tomarse un descanso, comenzó a pensar en la situación, con una Biblia en la mano.

Su vida continuó. Brown se casó e incluso tuvo hijos. Pero, muchos años después, las pesadillas con el bombardero alemán aumentaron. En ellas, Brown no corría tanta suerte. 

Entonces, Brown decidió encontrar al soldado. Para cerrar la historia, necesitaba saber quién había sido su salvador. Para ello, comenzó a buscar entre los índices de sobrevivientes. Pero no sabía cómo encontrarlo. Más tarde, colocó un anuncio en un boletín de soldados retirados contando su historia. 

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mshiffphotography/Flickr

El encuentro de Brown y Stigler

Felizmente, el 18 de enero de 1990, Brown recibió una carta. En ella estaba escrito: «Querido Charles, durante todos estos años me he preguntado qué pasó con el B-17, ¿lo logró o no?». La carta era de Stigler.

Stigler le escribió a Brown: «En 1940, perdí a mi único hermano como luchador nocturno. El 20 de diciembre, 4 días antes de Navidad, tuve la oportunidad de salvar un B-17 de su destrucción, un avión tan dañado que era una maravilla que todavía estuviera volando. El piloto, Charlie Brown, es para mí, tan preciado como mi hermano. 

Gracias Charlie. Su hermano, Franz». 

Después del contacto, los exsoldados coordinaron una reunión. Esa fue la segunda vez que se vieron en sus vidas, pero se sentía como si se conocieran desde siempre. Esta vez, el encuentro no fue volando aviones bombarderos, sino en el vestíbulo de un hotel de Florida. 

Al momento del encuentro, los dos estaban notoriamente emocionados. No era para menos. Para el soldado alemán, el hombre que estaba frente a él era el único recuerdo bueno de la guerra. Stigler lo había perdido todo a causa del enfrentamiento bélico: su hermano estaba muerto, su familia también, su país destruido.

El soldado estadounidense, por su parte, estaba al fin mirando a los ojos a su salvador.