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Esta reina británica fue quien puso de moda los vestidos de novia blancos (y no lo hizo por "pureza")

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Henry Pierce Bone / George Hayter vía Wikimedia Commons

En la actualidad, es casi imposible no pensar en un vestido blanco cuando se habla de bodas. Tantos años de tradición se los debemos a la Reina Victoria de Reino Unido, a quien se suele atribuir el inicio de esta costumbre. Aunque ella no fue la primera mujer en casarse de blanco, su decisión de moda sí fue en contra de lo que solía vestirse en aquella época. (Por cierto, ¿sabías que la Reina Isabel II compró su vestido de boda con cupones?).

La Reina Victoria gobernó Reino Unido desde 1837 hasta 1901. Victoria contrajo nupcias con el Príncipe Albert el 10 de febrero de 1840. Aunque ahora la mayoría de los vestidos de novia son blancos o en tonos similares, en aquel entonces era totalmente lo opuesto. Como menciona el libro Cinderella Dreams: The Allure of the Lavish Wedding, lo normal era casarse con vestidos de color.

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Sion Touhig vía Getty Images

Es por ello que no existía la noción que se generalizó después de que una mujer debía llegar a su boda de blanco, para simbolizar su pureza e inocencia. La Reina Victoria sorprendió en su celebración al lucir un atuendo blanco de satín con encaje hecho en Honiton, Devon.

La Reina quería un vestido sencillo para su boda, como se menciona en el sitio oficial The Royal Family. La elección del color blanco fue consecuencia de este deseo, además de que ayudó a destacar aún más el fino encaje de la prenda. Lo que estaba de moda era recurrir a encaje hecho en Bruselas, Bélgica, pero Victoria pidió específicamente que se usara encaje del pueblo de Honiton, ubicado en Inglaterra.

De acuerdo con Royal Collection Trust, existía un rumor de que a la Reina prefería las telas francesas a las nacionales, por lo que es probable que se eligiera el textil inglés para contradecirlos. También se considera que fue un gesto de la Familia Real para impulsar la industria del encaje en Honiton. Así que era importante que el encaje destacara con el color del vestido.

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Oli Scarff vía Getty Images

Es más, ese textil le gustaba tanto a Victoria que lo usó en repetidas ocasiones durante su vida, tanto en ella como en sus hijos. Hasta sus nueras lo portaron durante las bodas con sus hijos.

Dato de trivia: sí hubo un elemento en la boda que simbolizaba la pureza de la futura esposa, pero no fue el vestido. Se trató de una corona de azahar o flor de naranja. Como explica The Royal Family, esta flor representaba el concepto de castidad y se volvió una tradición usarla en las ceremonias de la época victoriana.

Este es un claro ejemplo de que la moda es cíclica, ¿no crees? A lo mejor algún día los vestidos de colores vuelven a ser los más populares y alguien nos sorprenda al presumir uno blanco.

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