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¿Tu hijo es un "chico problema"? 7 tips para ayudarlo a mejorar su comportamiento

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Hay niños que son más emotivos que otros y reaccionan con más sentimientos, lloran o se enojan con facilidad, también puede ser que sean más determinados en conseguir lo que quieren o que estén pasando por una etapa difícil del desarrollo. A veces, estas situaciones provocan que algún niño o niña en la familia se quede con el rol del «niño malo» y se convierta en el chivo expiatorio de todas las travesuras y cosas «malas» que suceden en la casa.

Cuando los niños nacen no saben automáticamente cuáles son las reglas de convivencia en el hogar, hay que educarlos para que las aprendan. Para que la disciplina sea efectiva necesita ser constante, firme y amorosa. Es necesario acordar con todas las personas involucradas en su crianza cuáles son las respuestas aceptables en su comportamiento y cuáles no, y decidir cómo van a actuar cuando pase algo inaceptable.

Si el niño hace algo inadecuado o rompe una regla, necesita ser corregido de inmediato para que alcance a comprender y relacionar de qué forma rompió las reglas y sepa claramente qué se espera de su persona.

El niño o niña necesita sentirse motivado a seguir las reglas, no avergonzado por equivocarse y romperlas. Así que es mejor reforzar los comportamientos aceptables y esperados de formas positivas, que simplemente amenazar y regañar cuando hace algo inaceptable.

Si tu hijo está pasando por una mala racha y simplemente parece que hace «todo mal», está muy agresivo o no te obedece y se niega a seguir instrucciones, ayúdalo a escapar de ser etiquetado como el «niño problema», porque esto puede acompañarlo toda la vida y volverse un problema grave para su percepción de sí mismo y por ende, su autoestima.

Herramientas para ayudar a tu hijo

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Acá te dejamos algunas herramientas que pueden ayudarte a sacarlo de ese lugar de malos comportamientos de acuerdo a las recomendaciones de la psicóloga Eileen Kennedy-Moore, especialista en creación de lazos afectivos.

#1 No lo compares

Ni si quiera aunque lo hagas pensando en que de esta manera lo vas a motivar. Nunca funciona así y solo hieres sus sentimientos.

#2 Entiende su punto de vista

Ten por seguro que si tu hijo o hija está haciendo travesuras es por una razón. A veces piensan que es la única manera en que lograrán tener tu atención. Pregúntales qué pasa en su vida. Reconoce sus sentimientos. «Te sientes así (dale nombre a su emoción), porque (explícale las razones de su sentir)». Busca soluciones para que deje de sentirse mal y para corregir lo que haya hecho mal. Expresa cosas que le guíen para encontrar soluciones, tales como: «¿Cómo lo solucionamos de manera justa para todos en la casa?» «¿Qué hacemos ahora?» «¿Qué te gustaría que pasara?» «¿Qué crees que ayudaría a solucionar la situación ahora?» Y cuando algo no funciona: «Eso no lo podemos hacer porque (una razón clara y concisa), ¿qué otra cosa crees tú que funcionaría?».

#3 Pídele a los demás niños que sean amables

A veces parece que nuestro «niño problema» es el origen de todas las plagas del Apocalipsis, pero toma en cuenta que cuando hay más niños y niñas en casa, no es el único que está actuando. Observa con atención y averigua de qué maneras estuvieron involucrados los demás. Hay una serie de malos comportamientos que a veces le solapamos a los otros niños y que no ayudan a la sana convivencia. Averigua contra qué está luchando tu hijo. Quizá los otros niños no se dan cuenta (o a veces sí), pero pueden estarlo excluyendo, molestando, burlándose, delatándolo y chismeando y eso solo le suma al papel de niño mal portado.

Habla con tus demás hijos e hijas, o con los otros niños de la casa, sobre la importancia de ser amables, de tratarse bien unos a otros y de cómo la amabilidad puede interrumpir los patrones negativos de comportamiento. Platica con ellos y guíalos en la conversación con las siguientes preguntas: «¿Cuál sería una manera amable de actuar ahora?» «¿Qué cosa amable podemos hacer en lugar de (burlar, chismear, excluír, pegar, etc.)?» Ayúdales a entender que también tienen una corresponsabilidad en el actuar de su hermano: «¿Qué le hiciste para que reaccionara así?» «¿Qué cosa podríamos haber hecho en su lugar?».

#4 Incentivar la amabilidad contando buenas obras

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Andreas Rodriguez/iStock

Un método para que todas las personas en la casa sean conscientes de la importancia de la amabilidad es contar las buenas acciones del día. Al final del día, cuando la familia se reúna en la cena, pueden compartirse unos a otros cuáles fueron sus buenas acciones durante ese día. Podrían contarlas pegando estrellitas en una planilla o juntando canicas en un jarrito. También podrían establecer un número meta (50 o 100) y cada que lleguen a ese número celebrarlo de alguna manera. Puedes también hacerles pequeños diplomas de reconocimiento: «Se entrega el siguiente certificado a (nombre de la persona) por haber realizado (número de buenas acciones) de (tal fecha a tal otra)». Puedes incluso tener una galería de certificados por buenas acciones en el refrigerador o en alguna pared de la sala o pasillo transitado.

#5 Hacer contacto físico

A veces los niños y las niñas sólo necesitan saber que cuentan contigo y que estás ahí para ellos, y una manera muy práctica de hacerlo es a través del contacto físico. Un beso por las mañanas, una caricia en la mejilla, un abrazo al despedirse. Hay estudios que relacionan el contacto físico con menos agresividad, por eso es recomendable abrazarlos más. Quizá no sea tan buena idea hacerlo cuando están enojados, aunque siempre va a depender del niño. Algunos expresan como enojo, otros miedos y frustraciones porque aún no saben manejar sus sentimientos. En esos casos, lo más acertado es siempre preguntarles si desean un abrazo. Pregúntale a tu hijo qué necesita de ti: «besos, abrazos o palabras lindas», así le permites elegir cómo necesita que le demuestres tu afecto.

#6 Reconoce sus buenos comportamientos

A veces resulta fácil sólo enlistar todo lo que hace mal a lo largo del día, pero si quieres sacarlo de ese lugar de niño malo, hay que empezar a ver lo que hace bien y reconocerlo y halagarlo cada vez que lo hace. También se trata de crearle oportunidades para actuar bien. Si regularmente lo regañan por descuidado, hazlo encargado por unos minutos de cuidar algo, dile en voz alta que va a ser el encargado de la situación por algunos minutos, agradécele al terminar y reconoce su esfuerzo. Si su problema es ser desordenado, nómbralo tu ayudante de orden y que por unos minutos te ayude a ordenar algo. De esta manera, de poquito en poquito irás reforzando en él la idea de que sí puede hacerlo y romperás el patrón negativo. La única forma de que niños y niñas aprendan a ser responsables es dándoles la oportunidad para serlo.

#7 Haz una libreta de halagos

En un pequeño cuaderno escribe cosas positivas de tu hijo cada día. No lo hagas ver más importante de lo que es, sólo pídele que la tenga en su cama o un lugar accesible para que tú puedas escribirle algo positivo cada día. De esta manera crearán un vínculo especial. No es necesario que haya una para cada quién, puede ser algo entre tú y la personita que lo necesita. Puedes resaltar las cosas positivas que hizo ese día o agradecerle por la ayuda que te dio cargando las cosas cuando volviste del súper. Esta funciona por dos razones, primero te ayuda a notar las cosas buenas que hace tu hijo y segundo le ayuda a tu pequeño a acumular evidencia de su buen comportamiento, lo cual le ayuda a crearse una imagen más positiva de sí mismo.

Reconoce cuando haya que pedir ayuda

Csaba Deli/Shutterstock

Recuerda que tu hijo o hija no conoce el autocontrol todavía, tú eres quien le está enseñando lo que es adecuado y lo que se espera de él o ella. Por eso, sé paciente y no recurras a un comportamiento agresivo si lo que esperas es que él baje su agresividad. Si sientes que tú sola no puedes, recurre a una persona especialista en comportamiento infantil, es mejor pedir ayuda que vivir con la frustración de no llevarte bien con tu propio hijo.

Siempre es mejor llamar a una pediatra o psicóloga infantil cuando:

  • Hay daños físico para sí mismo u otros
  • Te ataca a ti o a otros adultos
  • Lo suspenden de la escuela o le niegan la entrada a lugares especiales para niños y niñas
  • Sientes miedo por la seguridad de aquellas personas a su alrededor

Es importante que su pediatra descarte razones fisiológicas para los desordenes de la conducta, y es seguro que te recomendará un plan de acción para manejar su comportamiento de manera adecuada para él y para su entorno.