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¿Qué tanto sabes sobre el síndrome de Down?

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El síndrome de Down no es una enfermedad. Y nunca está de más afirmarlo porque aún hay quienes insinúan que lo es. Se trata de una alteración genética que se produce en la concepción y que genera cierto grado de discapacidad intelectual. Pero de ninguna forma es un impedimento para que el niño lleve una vida feliz.

En nuestro cuerpo tenemos células con 46 cromosomas distribuidos en 23 pares. Uno de estos pares determina el sexo del individuo, los otros 22 se numeran del 1 al 22. Las personas con síndrome de Down tienen tres cromosomas en el par 21 en lugar de los dos que existen habitualmente.

Los cromosomas determinan cómo se formará el cuerpo del bebé durante el embarazo y después de nacer. El término médico para definir la copia extra de un cromosoma es trisomía, por eso a este síndrome también se lo conoce como trisomía 21.

¿Cuáles son las pruebas de detección?

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Las pruebas que ayudan a detectar la probabilidad de nacer con síndrome de Down son de sangre y ecografía. En las pruebas de sangre se miden la cantidad de sustancias en la sangre de la madre. En la ecografía se observa el líquido que hay detrás del cuello del bebé: si hay un líquido extra en esa región, el bebé podría tener un problema genético.

La noticia puede generar muchos sentimientos encontrados, por eso es fundamental informarse para desmitificar el tema y poder afrontarlo de la mejor manera y con el amor de toda la familia.

La salud en un niño con síndrome de Down

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La salud de un niño con síndrome de Down requiere de la misma atención que cualquier otro niño. Pero puede haber casos de niños con síndrome de Down que desarrollen patologías relacionadas con su alteración genética (hipertensión, problemas auditivos o visuales, cardiopatías congénitas). Un conocimiento de los rasgos asociados a este síndrome y un seguimiento desde el nacimiento mejorará notoriamente la calidad de vida del niño.

Las personas que nacen con síndrome de Down pueden desarrollar sus capacidades físicas e intelectuales. En este aspecto juegan un rol fundamental la aceptación, la estimulación y la sociabilización.

El tiempo y la dedicación que sus padres tengan con el niño hará que se sienta estimulado y sobre todo fortalecerá sus lazos, algo muy valioso para su crecimiento