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La realidad paralela de las redes sociales sobre la que necesitamos reflexionar

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Martin Dimitrov/iStock

¿Realmente somos lo que nuestro Facebook dice que somos?

Que las redes sociales tienen un papel crucial tanto en Internet como en nuestras vidas es algo más que sabido. Nos permiten comunicarnos, informarnos, acortar distancias, reencontrarnos con personas de las que hace mucho no sabíamos nada, y aún más.

A simple vista, es el invento perfecto. Pero el problema, como en la mayoría de las cosas, no es la plataforma social, sino el uso que les damos.

Pero, ¿qué son las redes sociales? Básicamente son herramientas digitales que le permiten a los usuarios crearse un perfil con todos sus datos, y compartirlo con otros usuarios. Pero por sobre todo, son la forma en la que actualmente se estructuran las relaciones personales en todo el mundo.

Lamentablemente, si no estás presente en al menos una red social, quedas por fuera de un montón de cosas, y de cierta forma, te sientes excluido. Incluso si tienes Facebook pero no lo usas demasiado (es decir, no compartes toda tu vida diariamente en él), también estarás por fuera, es casi como no existir para el mundo virtual del que ahora tanto dependemos.

El lado oscuro de las redes sociales

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roshinio/iStock

Existir por estar en las redes sociales… suena ilógico que una serie de aplicaciones puedan determinar nuestra vida. Y no solo eso, sino que al usar todas y cada una de estas redes, construimos una vida, una personalidad, que si nos detenemos a pensar, en ocasiones dista mucho de la realidad.

Tienen tanto peso, que esa realidad virtual y nuestra verdadera vida se entrelazan, se confunden, y nos confunden de manera tal que hay momentos en los que hacemos determinadas cosas simplemente para mostrarlas a través de nuestro perfil de Facebook. Con sus herramientas somos capaces de “crearnos” a nuestro antojo, sacando lo que no nos gusta y agregando todo aquello que consideramos que es bien visto para mostrárselo a todos.

En abril de este año Kerith Lemon publicó un video que generó un gran debate en cuanto a esto, en el que una chica crea constantemente situaciones para su vida virtual, como por ejemplo ponerse el calzado para salir a correr, para luego subir una foto en Instagram, y en realidad no va en ningún momento a correr. Y así es toda su vida, una completa farsa.

¿Es posible que por una foto de Instagram, un estado de Facebook y un video de Snapchat, las personas nos conozcan? ¿O solamente conocen lo que queremos que conozcan? En el mundo de las redes sociales, somos quienes quisiéramos ser. Compartimos frases sobre la felicidad cuando estamos muy tristes, técnicas de ejercicio que jamás aplicamos, recetas de comida sana que en realidad no comemos, y miles de cosas, tan solo para aparentar. Y en el fondo, es una ilusión, una construcción que cada uno de nosotros elabora deliberadamente para mostrarle a los demás.

El lado oscuro de las redes sociales tiene que ver con nuestra percepción de la perfección, y el tenerla en una especie de pedestal, como una meta que permanentemente buscamos alcanzar mediante las herramientas virtuales. Ser felices no es algo a lo que aspirar, sino una exigencia. Por eso no es casualidad que con tan solo ojear nuestro feed de Facebook, casi todo lo que vemos sean buenas noticias, fotos de momentos felices o videos de divertidísimas fiestas.

El gran problema es que la falsa imagen de la felicidad sobrepasa a la verdad, y el daño que eso nos hace es algo de lo que no tomamos conciencia.

Lo más triste de todo es que solo mostramos una parte de la historia, ocultamos nuestros problemas y queremos que los demás vean lo bueno, lo positivo, hacer que nuestros amigos piensen “¡Qué buena vida que tiene! ¡Parece tan feliz!”. Nos empeñamos tanto en mostrar esa realidad ficticia, que terminamos creyendo que somos felices.

Pero, ¿realmente lo somos? ¿No será que nos estamos dejando devorar por esa competencia, en donde cada uno debe demostrar que tiene una mejor vida que el otro?

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BraunS/iStock

No deberíamos tomar demasiado en serio las fotos que vemos de nuestros amigos en Instagram o Facebook, y ellos tampoco deberían creer tanto en las nuestras. Porque lo que vemos, no es más que una construcción, un pequeño recorte, muchas veces alterado, de una realidad mucho más grande.

Tendríamos que poder mostrarnos tal cual somos, con lo bueno, y también lo malo. O lo que es mejor, dejar de vivir tan pendientes de lo que los demás puedan pensar de nuestra vida, y comenzar a vivirla al 100%. Porque sino, ¿qué sentido tendría?

¿De qué nos sirve tener 2 mil amigos en Facebook, si cuando termina el día y apagamos el teléfono, estamos completamente solos? El tiempo pasa demasiado rápido, y es importante que disfrutemos de cada momento y que no lo perdamos creando un ideal que no existe, y que jamás nos dará satisfacción si no nos ocupamos de nuestra vida de carne y hueso.

Un escape de la realidad

Muchas veces utilizamos las redes sociales como una forma de escapar a nuestra realidad. Ellas son nuestro espacio de integración sin el cual nos cuesta estar mucho tiempo, pues significaría sentirnos aislados, y eso es algo a lo que la mayoría le teme.

Nos gusta estar conectados, bien. Eso no es algo negativo. Pero la situación se vuelve complicada cuando destinamos tanto tiempo a crear nuestra imagen, que perdemos por completo aquel que debemos dedicarle a nuestra vida real.

Para sacudir un poco a la sociedad, el director Shaun Higton elaboró el cortometraje ¿Qué estás pensando? en 2014, que provocó un gran impacto mundial, pero que parece que muchos hemos olvidado. En él se ve claramente cómo la mayoría de las personas creamos una realidad paralela, que a fin de cuentas no nos trae nada más que soledad y tristeza, aunque pensemos lo contrario.

En el fondo de todo creo que no nos damos cuenta de lo mucho que nos perjudica esta percepción que tenemos acerca de que todo debe parecer perfecto. Frustración y depresión son solo algunas de las consecuencias que tiene caer en la cuenta de que nuestra vida no es tan perfecta como la pintamos en las redes sociales, o no es mejor que la de nuestros amigos.

Un estudio realizado en la Universidad de California, demostró que cuando vemos la actividad de nuestros amigos en las redes, podemos llegar a sentir que su vida es mucho mejor que la nuestra, y sentirnos mal. Además, también se extrajo del estudio que cada vez que algo que publicamos en las redes provoca una interacción, nuestro cerebro actúa de la misma forma que cuando obtenemos un logro, como si nos dieran una recompensa.

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grinvalds/iStock

¿Cuál es la necesidad de mostrar algo que no somos? Ni la vida misma es siempre buena, los malos momentos existen tanto como los buenos, y debemos aceptarlo. Lo único que ganamos al intentar mostrarnos perfectos es angustiarnos por saber que en verdad no lo somos.

Esto no quiere decir que debamos ser un libro abierto, que tengamos que contar todo y hablar de todo lo que nos pasa para que los que están al otro lado de la pantalla lo vean. Porque, ¿a quién no le gusta reservar determinados sentimientos y momentos para ciertas personas? Hay cosas que preferimos guardar para nosotros mismos, ¿y adivina qué? ¡Eso está bien! Nadie está obligado a compartirlo todo, esa no es la receta de la felicidad para nadie.

No deberíamos ver a las redes sociales como una oportunidad de tener una vida paralela, y comenzar a ser un poco más auténticos. ¿Tan difícil es no preocuparnos por la imagen que proyectamos al mundo, y nos dejemos ser? Creo que es la única manera de estar bien con nosotros mismos, porque al fin y al cabo, demostrar ser felices cuando no lo somos, nos hace aún más infelices y disconformes.

Tratar de aparentar para simplemente ser aceptados por los demás no es lo que deberíamos estar haciendo en las redes sociales. Dejamos de ser seres humanos para ser una imagen, o tan solo una biografía como lo llama Facebook, donde no queremos que nadie se ponga a ahondar para que no descubran la verdad que hay detrás.

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piranka/iStock

Estamos frente a la pantalla, de ojos abiertos, pero parecemos dormidos, sumisos frente a la sociedad virtual que nos domina. Eso hace que cada vez estemos más solos, aunque pensemos lo contrario, y por eso necesitamos de la aceptación de la mayor cantidad de personas para sentirnos bien.

Disfrazamos nuestros verdaderos sentimientos para mostrar solo lo bueno y lo divertido, y nos sentimos completos luego de ver la cantidad de likes que recibimos por ello. En definitiva es todo una construcción que no hace más que aislarnos y hacernos cada día un poco más miedosos.

¿Podremos en algún momento dejar de crear esta vida de fantasía y mostrarnos al mundo más auténticos? Dejar de lado el teléfono y levantar la cabeza para ver el mundo, y darnos cuenta que aunque haya momentos difíciles, los podemos superar, que si nos pasamos un día entero solos en casa sin relacionarnos con nadie está bien, la soledad, en ocasiones, no es tan mala como parece. Y aunque nuestra realidad no sea la que soñábamos, podemos ser felices en una vida REAL e imperfecta.

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