Desayuno occidental: el inicio de la enfermedad

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Una de las costumbres que afecta de manera muy negativa la salud de las personas en los países del hemisferio occidental es el desayuno.

Basta mirar a nuestro alrededor en una restaurante o en un buffet de desayuno para contemplar la barbaridad nutricional con la que se inicia el día.

Harinas refinadas en todas sus formas : panes blancos, croissant, galletas, donuts, cereales, bizcochos y toda clase de pastelería llena de azúcar.

La mayoría de las personas desconoce el impacto de las harinas refinadas en su sangre, es importante saber por ejemplo que el índice glucémico o glicémico (medida en la que un alimento que contiene carbohidratos impacta la glucosa en sangre) de un pan blanco tipo "baguette" (95) es mucho mas alto que el del azúcar refinada de mesa (68).

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Lo mismo ocurre con productos como pan de molde, donuts, galletas y casi todos los productos elaborados con harina refinada que llevan a la sangre un impacto mayor al que llevaría el azúcar de mesa simple.

Con solo este ataque a nuestro cuerpo ya sería suficiente daño pero no acaba allí, el desayuno continua con productos lácteos de todas clases: yogures, leche, mantequilla, quesos y toda suerte de derivados altamente procesados por métodos de pasteurización y homogenización a los cuales se les añade azúcares, edulcorantes artificiales, colorantes y preservantes.

El efecto de estos productos lácteos es brutal por las graves consecuencias que el consumo de estos productos conlleva para nuestra salud en materia de alergias, virosis, acidificación y gestación de enfermedades degenerativas incluido el cáncer y la osteoporosis.

Como si lo anterior fuera poco, se adicionan productos de origen animal generalmente de muy baja calidad como embutidos, tocineta (bacon), jamones y carnes frías diversas. Productos también procesados industrialmente con grasas saturadas, preservantes químicos, azúcares, sales y colorantes artificiales.

Se incorporan también huevos en diferentes formas.

Como si el ataque no fuese suficiente, se agregan mermeladas y confituras también cargadas de azúcares, las cuales se untan en los panes y pastelería aumentando todavía más los índices de glicemia en sangre.

Todo lo anterior se baña con café y jugos (con altísimo índice glucémico), por lo general de procedencia industrial también repletos de azúcar.

Dentro de esta nefasta oferta nutricional, en algunos pocos casos se incluye algo de fruta.

En busca del desayuno ideal

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No es de extrañar que iniciando así el día se tenga hambre muy poco tiempo después, ya que se ha inyectado tal carga glicemia al cuerpo que el páncreas inicia la producción de insulina para bajar rápidamente el nivel de glucosa en sangre provocando con ello una nueva sensación de hambre. El círculo vicioso ha sido iniciado. Un circulo que genera diabetes y obesidad.

Nuestros cuerpos amanecen en verdad deshidratados después de las largas horas de ayuno nocturno y debería el desayuno ser el momento de darle una nutrición adecuada para vivir un día energético, sano y vital.

Lo primero debería ser, sin lugar a dudas, aportarle agua pura. Saciar la sed celular posterior al ayuno de cada noche con toda el agua pura que podamos beber tan pronto nos levantamos.

De esta forma se revitalizan los procesos celulares al recuperar el agua perdida.

Es ideal no comer o beber nada durante los primeros 20 minutos siguientes a la toma matutina de agua.

Una vez restablecido el balance de agua deberíamos darle al cuerpo alimentos de alta densidad nutricional. Hablamos entonces de verduras como primer valor y de frutas como segundo.

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Losjugos o zumos verdes son la mejor elección posible. Un mundo de nutrición sin igual que debemos aprender a incorporar en esta comida tan importante.

En muchos países del hemisferio oriental el desayuno incluye buenas cantidades de verduras y también algo de fruta. Se incluye arroz o pastas de arroz con verduras.

En occidente, por el contrario, pensar en verduras en el desayuno es algo fuera de lo corriente. Son los orientales quienes tienen las mejores costumbres alimentarias y eso se refleja en sus cuerpos y en su forma de vivir la vida.

Debemos iniciar el cambio hacia un desayuno sano, que incluya fuentes de valor nutricional alta y elimine productos de harinas de trigo refinadas, azúcares, lácteos, jugos industriales, carnes frías o embutidos.

Cuando el cuerpo inicia un día con una dieta nutricionalmente densa, no va a necesitar estar comiendo a toda hora, va a preservar su energía para las actividades diarias, va a mantener un cuerpo delgado e hidratado y lo más importante va a evitar la acidificación que tantos problemas degenerativos de la salud produce.

En el desayuno, sobretodo, se construye la salud del futuro.

Aprender de los orientales y poblar nuestros platos de desayuno con verduras, frutas y zumos verdes, es algo que nuestra salud agradecerá para siempre. 

Si quieres saber más sobre alimentación sana, visita también mi página www.elpoderdelalimento.com