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Problemas cardiovasculares en niños y adolescentes

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Hasta hace unos años, pensábamos que el riesgo de sufrir un ataque al corazón era una problemática vinculada a los adultos y, más aún, a quienes llevaban una vida exigente o despreocupada del cuidado de su salud. Sin embargo, en este último tiempo, los problemas cardiovasculares en niños y adolescentes son cada vez más comunes, obligándonos a modificar nuestra creencia y aceptar que ninguno de nosotros está exento cuando del corazón se trata.

Esta mutación en el grupo de riesgo no es una simple casualidad, sino que responde a los cambios en la metodología de vida que la sociedad ha comenzado a implementar con el paso del tiempo y el avance de la urbanización, más el desarrollo tecnológico, las nuevas formas de pasar nuestro tiempo libre y el vivir de manera acelerada. Estas alteraciones provocaron, principalmente, dos de las mayores problemáticas que enfrentan los jóvenes hoy en día y que van de la mano una con otra: la obesidad y el sedentarismo, dos factores de riesgo para los problemas cardiovasculares.

La obesidad

Durante mucho tiempo, la obesidad se volvió casi un tema tabú. Nadie la nombraba, por miedo a discriminar o sentirse discriminado. Sin embargo, hoy en día comprendemos que no se trata simplemente de un trastorno en la alimentación, si no que es mucho más fuerte, es una enfermedad que puede ocasionar otros numerosos problemas en la salud, especialmente cuando se trata de obesidad infantil.

La manera de lograr reducir este índice es que la familia se involucre. Es difícil que un niño o adolescente pueda comprender lo riesgoso que es ser obeso y, mucho más complicado aún, es que acepte realizar un régimen alimenticio para contrarrestar esta problemática.

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Por ello, es importante que la familia modifique sus hábitos alimentarios, eligiendo comer de manera sana, quitando de su dieta los alimentos con grasas y las bebidas azucaradas. Son pocos los adolescentes que cocinan su propia comida por lo que el menú que se les dé depende casi exclusivamente de sus padres, así que para evitar lidiar con un problema cardíaco, prestemos atención a cómo alimentamos a nuestros hijos.

El sedentarismo

Si hablamos de obesidad, no podemos evitar asociarlo con el sedentarismo. A la mala alimentación suele añadirse la falta de actividad que presentan los niños y adolecentes de este siglo. Hoy en día, tanto cuando cumplen sus obligaciones como cuando disfrutan de su tiempo libre, los jóvenes están sentados: en la escuela, frente a su computadora, jugando videojuegos o mirando televisión.

Esta vida sedentaria afecta sin duda al organismo y repercute en enfermedades vinculadas al sistema cardiovascular. Y aquí, nuevamente, es la familia la que debe tomar la decisión de enviar a sus hijos a practicar deportes, acompañarlos para que dejen de lado el encierro y disfruten del aire libre.

El corazón es un músculo y para que esté sano y fuerte debe ser ejercitado. Incentivar a que tus hijos a que hagan ejercicio, salten, corran, jueguen, se cansen y, sobre todo, respiren aire puro, es la mejor manera de ayudarlos a prevenir un posible problema del corazón.