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El Colacho, una fiesta muy particular

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Denis Doyle - 2005 Getty Images

Si Italia posee una rival en cuanto a devoción se refiere, sin duda alguna ese es España, que tanto celo ha demostrado por la fe católica históricamente que en muchas ocasiones ha hecho palidecer a la mismísima Roma. Así lo reflejan sus miles de iglesias y rituales religiosos que se levantan y celebran por toda su geografía, y entre los que pueden encontrarse algunas celebraciones por demás curiosas, como en el caso de El Colacho, una procesión donde no se salta fogatas como en el día de San Juan, ¡sino a los bebes recién nacidos!

Origen del Colacho

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Esta sorprendente (y para muchos peligrosa) celebración se efectúa en el pueblito español de Castrillo de Murcia desde el año 1620, con el fin de alejar los malos espíritus de los niños nacidos durante ese año. Los festejos, organizados por la hermandad del Santísimo Sacramento de Minerva, se dan lugar a la semana siguiente de celebrase el Corpus Christi, a través de una pintoresca procesión que atraviesa todo el pueblo y que tienen como elemento mas distintivo el famoso salto de los recién nacidos.

¿Como trasncurre El Colacho?

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Todo comienza en la iglesia de Castrillo de Murcia, desde donde parte la procesión con el clero y todo su boato, las niñas que dieron su primera comunión, todos los vecinos que desean acompañar, y principalmente por dos personajes que son los pilares de esta fiesta tradicional: el Colacho y el Atabalero.

El Colacho, en representación del diablo, es un cómico personaje vestido con un llamativo traje amarillo y con ribetes rojos, que a cada paso simula azotar a los espectadores con una especie de cetro con crines de caballo que constituye su principal distintivo.

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Pero el momento en que mas se luce el Colacho es aquel en que la procesión se encuentra en mitad de la calle con unos colchones que dan reposo a varios bebes, únicamente los nacidos en ese año, y que el colacho deberá saltar para alejar los malos espíritus que puedan amenazarlos y augúrale una buena vida, mientras que el Atabalero, completamente vestido de negro, acompasa los movimientos del Colacho al ritmo de un gran tambor.

Por supuesto que esta tradición conlleva sus riesgos, pues con solo imaginar que el Colacho pudiera tropezar o no tomar la energía suficiente… Por eso mismo el propio Papa ha intentado convencer a la Curia española de desistir de esta costumbre. Pero esta tradición se encuentra arraigada desde hace siglos en el folklore popular, y difícilmente se renuncie a ella.

Luego de saltar y purificar varias de estas cunas comunales, y de bendecir el pan y el vino colocados en pequeños altares a su costado, la procesión retorna a la iglesia, dándose lugar el comienzo de las eras, una celebración de connotación más alegre, donde se festeja con bailes típicos y consume el típico vino, pan y queso de sasamon.

Realmente El Colacho es una celebración bastante curiosa, y que a más de uno le corta la respiración al momento de saltar el Colacho sobre esos bebés que parecen no enterrase de nada. Pero tal es la fama que ha adquirido en España y toda Europa, que para ese día, la población habitual de Castrillo de Murcia, de 500 habitantes, se ve multiplicada unas cuantas veces más.