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El Taj Mahal y su gran historia de amor

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David Evison - RF - Thinkstock

Este increíblemente bello monumento a un dulce recuerdo se halla situado en el norte de la India, en la ciudad de Agra. Ordenó la construcción el emperador mongol Sha Jahan del Taj Mahal en honor de su esposa Mumtaz Mahal, quien muriera al dar a luz.

Edificación maravillosa

Obra de una impecable simetría, el Taj Mahal reúne todos los elementos que lo convierten en un lugar sagrado para la religión islámica: Las cúpulas representan el cielo; los jardines, el paraíso y el agua de su gran fuente la pureza y la iniciación.

Llevó veintidós años terminarlo y participaron en la colosal obra artesanos del todo el mundo. Cuando el emperador falleció fue enterrado allí junto con su amada. Las tumbas que los visitantes pueden ver en las visitas guiadas no son las auténticas, las verdaderas descansan debajo del lugar, en las criptas, a salvo de los ladrones y profanadores de tumbas. Ambas fueron confeccionadas en mármol tallado y las decoraron con cuarenta y tres tipos diferentes de piedras preciosas, entre las que se destacan el jade verde, los transparentes diamantes y los zafiros azules.

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Jan Hanus - RF - Thinkstock

El edificio tiene forma octogonal y está íntegramente realizado en mármol, posee cuatro puertas principales y dieciséis hornacinas (huecos en la pared con forma de arco). La luz penetra en el interior a través de enrejados de mármol esculpido y los relieves de las paredes tienen como motivo mayoritario flores de loto.

Monumento increíble

Como el mármol necesario para levantar los muros era mucho y la cantera quedaba muy lejos se utilizaron cientos de elefantes para transportarlo. Las fachadas presentan adornos confeccionados con otras piedras de gran dureza y, según la posición de sol, el Taj Mahal adquiere así distintas tonalidades cromáticas, grises por la mañana y rosadas al atardecer.

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David Evison - RF - Thinkstock

Se ingresa al conjunto arquitectónico por el acceso principal, que es ya en sí mismo otra maravilla. Al cruzarlo contemplaremos los jardines con su hermosa fuente y los canales de agua. Frente a nosotros, a lo lejos, se elevan hacia lo alto los estilizados minaretes y admiramos la imponente Tumba Real. A nuestra izquierda se levanta la mezquita y a la derecha el albergue.

Todo en el entorno invita a la paz, al recogimiento interior. Cada detalle ha sido cuidadosamente cuidado para producir ese efecto. Hasta los bulliciosos turistas que no se cansan de sacar fotos y filmar actúan con discreción. Esto tal vez no sea solamente por el que respeto que nos merecen quienes allí descansan, sino también en memoria del gran amor que se profesaron.

¿Conocían al Taj Mahal? ¿Querrían visitarlo?