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Parque Nacional Uluru - Kata Tjuta, en el corazón mismo de Australia

Parque Nacional Uluru Kata Tjuta
ElenaBernasconi/iStock/Thinkstock

En el Territorio del Norte, emplazado en pleno desierto de Simpson, casi en el centro geográfico del continente australiano, el Parque Nacional Uluru - Kata Tjuta, de 132.566 hectáreas, está formado por extensas superficies arenosas, dunas y restos aluvionales. La monotonía del paisaje se ve quebrada por las elevaciones de los Montes Olga y de Ayers Rock, en los que se han hallado pinturas rupestres datadas en cerca de diez mil años.

Sorpresa natural

Los Montes Olga (o Kata Tjuta en lengua aborigen) se extienden sobre alrededor de tres mil quinientas hectáreas. Los constituyen treinta y seis domos rocosos de flancos abruptos, que se elevan unos quinientos cuarenta y seis metros sobre la llanura circundante. A pocos kilómetros de ellos está Ayers Rock (Uluru, para los nativos), un bloque monolítico que mide trescientos cuarenta metros de alto y posee una circunferencia de algo más de nueve kilómetros.

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Nolan Wolff Photography - RF - Thinkstock

Tiene paredes lisas que se inclinan, en algunos casos, hasta ochenta grados. Su cima es relativamente plana y presenta la particularidad de cambiar de color según la hora del día o la estación del año debido a la incidencia de la luz sobre su superficie. Las fotos que se ven de esta elevación, mayormente del mediodía o del atardecer, y que son bellísimas, no hacen verdadero honor a lo que es contemplarla personalmente. No basta con decir que es rosa, naranja o rojiza, hay que estar en el lugar para darse cuenta del impresionante colorido que adquiere esa gigantesca roca que domina el paisaje y sobrecoge aún más el saber que lleva estoicamente erguida ya medio millón de años.

Brillante monumento terrestre

Aunque las figuras sean los particulares montes que la adornan, la importancia de este parque reside también en que alberga varios ecosistemas únicos en su género. A estos paisajes excepcionales les corresponde una flora y una fauna acordes a ellos, así es que encontramos dingos (perros salvajes propios de las planicies australianas), canguros rojos, diablos espinosos (cuyo aspecto es terrible, pero son inofensivos para los seres humanos pues sólo se alimentan de hormigas), zorros, conejos, serpientes y wallabies. La mayoría de estos animales llega en busca de de agua, que es muy escasa en la zona, hasta el denominado Pozo de Nelly, casi un milagro en medio del desierto. Se han censado también ciento cincuenta especies de aves, de las cuales sesenta y seis crían allí mismo, siendo el emú la más destacada. La vegetación es achaparrada, de tipo matorral espinoso, aunque hay también eucaliptos y algunas especies de ficus.

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Marco Maroccolo - RF - Thinkstock

Para los nativos estas son montañas sagradas y viven en el parque varios grupos de costumbres nómadas: las visitan periódicamente practicando en su entorno la caza y recolectando frutos y plantas silvestres.

Los safaris fotográficos son la actividad turística preferida: hay visitas para grupos especializados ya sea en botánica o en zoología que recorren el ámbito acompañados por guías o por los aborígenes que conocen hasta los lugares más recónditos de esas tierras, llevándonos incluso hasta las profundidades de algunas cavernas talladas por la naturaleza en la roca viva.

Aburrirse enAustralia es imposible, ni aún en medio del desierto.

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