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Machu Picchu, el fabuloso legado de los Incas

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Jeffrey Antenore - RF - Thinkstock

Cuando Gonzalo Pizarro (hermano de Francisco) y su reducida tropa llegaron a Perú, en la década de 1530, debieron quedar sorprendidos al ver con cuánta facilidad iban conquistando la región. Ellos no sabían que el Imperio estaba involucrado en una guerra civil y sus soldados “de infantería” no eran rivales para la caballería española. En 1536 el emperador Inca huyó de su ciudad capital, Cuzco, para fundar otra a la que llamó Vilcabamba. En ella su dinastía sobrevivió otros 36 años. Cuando Hiram Bingham llegó a Perú en 1911 para encontrar Vilcabamba estableció su base en Cuzco y comenzó a explorar las afueras. Recorriendo la ribera del Río Urubamba halló a un campesino que dijo conocer unas ruinas en la cima de la montaña próxima, él la llamaba Machu Picchu.

Un increíble descubrimiento

Tras una fatigosa ascensión a través de la selva y cruzando puentes colgantes sobre grandes precipicios el equipo llegó al fin al lugar. Una densa vegetación lo cubría todo, pero se dieron cuenta de que no eran ruinas comunes, las murallas de granito blanco ya marcaban la diferencia. Regresaron al año siguiente con una nueva expedición y sacaron a la luz la fabulosa ciudadela.

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Jeffrey Antenore - RF - Thinkstock

Pero es sólo desde su pico vecino, Intipunku, que se puede tener una idea total de la magnificencia de Machu Picchu; una obra maestra de planificación urbana, de ingeniería, de arquitectura y técnicas de la construcción emplazada en un macizo rocoso a 2300 metros de altura en las laderas orientales de Los Andes, a 450 metros sobre el curso del Río Urubamba y a 112 kilómetros al Norte de Cuzco.

Las piedras con las que se la erigió no necesitaron argamasa para ser sostenidas; el encastre entre ellas es perfecto. Por ejemplo la Torre del Sol, tiene forma de herradura y cada hilera de piedras es de menor tamaño que su predecesora, lo que le da a las ventanas forma trapezoidal. Tal era su precisión que desde una de ellas se puede observar el solsticio de invierno.

Una maravilla para recorrer

La llamada Intihuatana, dedicada a Inti, dios del Sol, está tallada en un sólido bloque de roca. Desde ella, utilizada como instrumento científico, se predecían los movimientos del sistema solar. De la misma manera fue tallada la denominada Tumba Real, en granito macizo. La fortaleza de Ollantaytambo es otra maravillosa muestra del perfecto encastre de los enormes bloques de piedra, todo es como un enorme rompecabezas o puzzle tridimensional. En una de las murallas puede observarse una piedra con doce ángulos y en un emplazamiento más pequeño en los alrededores hay otra con 40, por lo que nos preguntamos ¿cómo lograban tanta perfección?

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Istvan Kadar - RF - Thinkstock

El misterio de Macchu Picchu

En sí nunca fue una ciudad tal y como las conocemos hoy en día, sino más bien un conjunto de palacios, templos y observatorios astronómicos. A pesar del carácter espiritual que tenía no hay que menospreciar su emplazamiento estratégico, pues el enclave se asienta en un repecho escarpado de la montaña con grandes precipicios a los lados, algo de vital importancia cuando se gobierna un imperio tan vasto como el que tuviera Julio César en Europa.

En ella se encontraron muchos objetos artísticos y también de uso cotidiano. Estaban confeccionados en bronce, obsidiana o en cerámica, pero no se halló nada realizado ni en oro ni en plata, otro de los misterios de la ciudadela que al parecer a la llegada de los españoles ya estaba abandonada. 

¿Han visitado alguna vez Machu Picchu? ¿Les parece bonito?