Notre-Dame, la bella Catedral de Nuestra Señora de París

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Hay quienes prefieren la fría perfección del alto gótico de las catedrales de Chartres y de Reims, pero para muchos nada supera la recia pero serena humanidad de la Catedral de Notre-Dame. Dedicada a la Virgen María , narra su vida en piedra, en madera, en vitrales, en pinturas y en tapices. Dentro de sus macizos muros los maestros de obra evolucionaron desde las sólidas redondeces del románico hacia los imponentes arcos ojivales del gótico.

Un comienzo peculiar

Todo comienza en el año 1163, época nada propicia para el reinado de Luis VII, pues había perdido ya la mitad de su reino a manos de los normandos y el resto se veía amenazado desde el otro lado del Río Rhin por Federico Barbarroja; pero haciendo a un lado las preocupaciones junto con el Obispo de París, Maurice de Sully, sacerdote de origen campesino, se decidieron a construirla. Hasta mil quinientos hombres llegaron a trabajar al mismo tiempo, canteros, carpinteros, vidrieros y forjadores; sólo ayudados por los principios mecánicos de la época: El plano inclinado, la palanca y la polea. Los bloques de piedra caliza provenían de canteras situadas a unos quince kilómetros y eran transportados por bueyes.

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La construcción demandó menos de un siglo pero se le comenzaron a introducir modificaciones casi apenas después de haber sido colocada su última piedra al tope de la torre norte, en el año 1245. A mediados del siglo XIII se reconstruyeron los cruceros norte y sur y durante el reinado de San Luis se añadió otra entrada, la Puerta Roja. Al comenzar el siglo XVIII se reemplazaron todas las vidrieras de colores (excepto los rosetones) por vidrios claros con la flor de lis que representa a la corona francesa y se pintó de blanco todo el interior.

En época del rey Luis XV se consideró que la puerta central no era lo bastante ancha y se mutilaron muchas de las tallas primitivas para agrandarla. Durante la Revolución Francesa fue cuando peor lo pasó, sus estatuas fueron derribadas y decapitadas, incluso las de más de tres metros de la Galería de los Reyes; las rejas góticas emplazadas frente al altar se usaron como lanzas y las campanas (menos la mayor) se fundieron para hacer balas y cañones. Durante años Nuestra Señora de París fue abandonada, hasta que un puñado de artistas y escritores abogaron por que se la restaurara, entre ellos el genial Víctor Hugo y el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc (apasionado del arte gótico) a quien finalmente se le encomendó la tarea; la decoración actual, las nuevas estatuas y hasta las gárgolas se deben a su arte.

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La estructura de las mil maravillas

La fachada, con sus torres gemelas tiene una serena simetría, forma un enorme rectángulo de 40 metros de ancho por el alto de las torres que es de 68 metros; en el centro está el gran rosetón de nueve metros y medio, el resultado es un equilibrio sutil que deleita la vista y satisface el alma. Quien se atreva a subir la escalera caracol que se va angostando se verá recompensado por una vista panorámica de inconmensurable belleza.

La decisión que tomaron quienes colocaron su piedra fundamental fue una importante muestra de Fe, no sólo en Dios sino en sus propias capacidades, y dio el resultado esperado pues Notre-Dame sobrevivió a guerras, revoluciones e invasiones y pasan los siglos y se encuentra de pie.

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