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¿Es bueno que los niños duerman con sus padres?

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Más allá de las opiniones de los profesionales, hay decisiones que toman los padres, ya que muchas veces, incluso los especialistas no se ponen de acuerdo. Y la pregunta sobre si es bueno que los niños duerman con sus padres podría ser uno de esos temas escabrosos, donde finalmente los padres son los que deciden cómo resolverlo.

En lo personal, nunca acosté a una de mis hijas en nuestra cama matrimonial cuando eran muy pequeñas, por temor a aplastarlas o lastimarlas mientras dormían; de más grandes tampoco, porque considero que ese en un lugar de encuentro para la pareja. Como periodista, aprendí que aunque no comparta las opiniones debo difundirlas.

Por eso, hoy te acercamos el  por qué algunos especialistas consideran que dejar que los niños compartan tu cama, como hábito, puede ser beneficioso.

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¿Por qué algunos expertos recomiendan el colecho?

El colecho es el hábito de dejar que los pequeños compartan la cama con sus padres y es una práctica muy habitual en muchas partes del mundo, aunque a partir de los dos años de los niños, los mismos expertos aconsejan poner un alto en esta costumbre.

Según los especialistas que defienden esta teoría, los niños que duermen solos en una habitación separada son más propensos a desarrollar trastornos de ansiedad y estrés. Muchos de ellos desarrollan temor a la oscuridad, teniendo como consecuencia problemas para conciliar el sueño. Algunos bebés pueden ser víctimas de asfixia o estrangulamiento, debido a posturas incorrectas y al auxilio tardío.

Además, según estudios realizados, los niños que han compartido el lecho con sus padres, desarrollan más cantidad de hormonas necesarias para el crecimiento físico, así como pueden ser adultos más equilibrados emocionalmente.

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Mi propia experiencia

Lamento disentir con casi todas las aseveraciones de los que defienden el colecho, y me remito a las pruebas empíricas. Mis dos hijas durmieron en el moisés, junto a mi cama, hasta los seis meses. Una vez cumplido este período, estrenaron su cuna que con tanto amor su padre y yo les habíamos preparado, en sus propias habitaciones.

El baby call es un aliado imprescindible en estos casos, además del oído de madre que se súper sensibiliza ante cualquier ruido y sonido que emitan nuestros pequeños durante sus horas de sueño, como si fuera el oído de la "mujer biónica". Es el día de hoy que las escucho aunque esté dormida, cuando me llaman, y ya tienen 8 y 13 años.

Nunca desrrollaron trastornos de la ansiedad. Me parece verlas paraditas en su cuna, con una sonrisa de oreja a oreja, para recibir el nuevo día, mientras yo corría las cortinas para dejar que el sol penetrara en su habitación. Aún no han llegado a la adultez, pero observándolas parece que no corren el riesgo de transformarse en adultos desequilibrados, por lo menos no por haber dormido desde pequeñas en sus propios cuartos.

A veces, no existen los blancos y los negros; se trata de transitar los grises y permitirse la transigencia. Ha ocurrido que, sobretodo mi hija más pequeña, sintiéndose mal, ha pedido dormir con nosotros y se lo hemos permitido, como un mimo, como una suerte de contención, pero no como costumbre. También recuerdo haberme recostado junto a mi hija más grande cuando era bebé, en sus horas de sueño vespertino, para disfrutar de sus caritas y su sonrisa mientras dormía.

Como padres, vamos escribiendo nuestro propio manual, guiados por nuestras intuiciones y nuestros deseos. Después de todo, eso también forma parte de este gran desafío de ser padres.

Y tú, ¿qué piensas del tema? Comparte tu opinión en EntrePadres.