Educar a los hijos en la no violencia

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Muchas de las preocupaciones de los padres actuales residen en que sus hijos no adquieran hábitos violentos. En este sentido, los padres debemos demostrar desde un primer momento que en la familia se aborrece la violencia, que su aparición nos hace sentir mal y no comulgamos con comportamientos disruptivos.

Debemos procurar educar a nuestros niños en un ambiente de tranquilidad y alegría, enseñarles estrategias definidas para no odiar, para reducir o desplazar la ira y el enfado, para no dañarse a sí mismos o hacerlo a los demás.

La importancia de la reflexión

Lo realmente recomendable es educar en la reflexión, en el uso del mediador verbal como forma de resolución de problemas y en la apreciación de lo distinto. Debemos de enseñar a respetar otro tipo de ideales. Por ello, resulta conveniente predicar con el ejemplo.

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La familia involucrada en una correcta educación muestra que la violencia no es más que la incapacidad para convencer desde la razón, es un miedo que no debe existir a debatir con el opositor.

Un trabajo en equipo

Padre y madre debemos de repetir al unísono, sin errores de interpretación, que la violencia es un camino que no conduce a ningún beneficio. Nuestro objetivo es prevenir la cultura de la violencia, no debemos permitir que se aprendan conductas groseras.

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Los padres debemos sentirnos obligados a erradicar la idea de que en esta vida no cabe más que agredir o ser víctima. No existen dos bandos enfrentados. Debemos de preparar a nuestros hijos desde su etapa adolescente hasta la etapa juvenil para no caer en las consignas de grupos que aplauden la violencia e inculcar la crítica constructiva ante la avalancha de mensajes violentos que reciben por distintos canales informativos y lúdicos.

Modificación de la conducta del niño

Como mentores, hemos de dirigirnos a la conducta errónea, nunca a la forma de ser de nuestros hijos. Debemos de preguntarnos qué tipo de conductas queremos cambiar en el niño. Una vez identificado el problema y evaluado el mismo, diseñamos una estrategia para propiciar su cambio.

El niño, si muestra alguna conducta violenta, debe comprometerse a cambiar su comportamiento de forma clara y responsable. Solo estableciendo reglas claras y dialogantes podemos hacerle comprender a nuestro hijo la importancia de una vida sencilla y noble, alejada de la violencia. 

Ser padre no es una tarea sencilla, pero el mensaje por el que debemos apostar si lo es; suceda lo que suceda, no a la violencia.