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6 mitos sobre el feminismo que todos deberíamos derribar

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iStock/Thinkstock

Si cada vez que te definís como feminista viene alguien a decirte alguna de estas mentiras sobre el feminismo, ya sabés qué hacer: exponerlxs a la verdad. Y si todavía no sos feminista porque seguís creyendo estos mitos, te invitamos a derribarlos juntxs.

1) Las feministas odiamos a los hombres

No, no los odiamos, al contrario. Y, aparte de no odiarlos, los necesitamos. ¿Por qué? Porque el feminismo es una experiencia colectiva y, como tal, necesitamos que los varones se involucren en esta lucha para generar grandes cambios. Además, es muy simple: el feminismo busca la igualdad de género. Y una postura política que brega por la igualdad, de ninguna manera podría postular el odio hacia las personas con las que se quiere compartir esa igualdad. Fácil.

2) Las feministas odiamos el color rosa y no nos pintamos los labios

Como cualquier persona en el mundo, podemos odiar el color rosa o no, podemos pintarnos los labios o no. Aunque muchxs no quieran creerlo, las (y los) feministas somos personas y, como tales, a algunas les gustará hacerlo y a otras no. El feminismo se trata, entre otras cosas, de darnos autonomía sobre nuestro cuerpo y sobre nuestras elecciones, no de limitárnoslas y, por eso, cada una puede elegir lo que le parece mejor para sí misma.

3) El feminismo ya no tiene nada por qué pelear

Cada vez que me dicen esta frase me da ganas de eyectarme en una nave espacial y no volver más. Este es un mito muy peligroso porque genera la idea de que la igualdad de género ya llegó. Pero sólo porque muchas personas no se den cuenta de lo mal que estamos todavía -sí, en el 2015-, no significa que la desigualdad no exista. Sólo por nombrar un par de cuestiones todavía no resueltas: el aborto sigue siendo ilegal en muchos países; el secuestro de mujeres para explotación sexual es algo que sucede ahora, a la vuelta de tu casa; la violencia machista contra las mujeres es problema grave, real y urgente; y puedo seguir todo el día. Así que sí, el feminismo todavía tiene mucho por qué pelear.

4) Las feministas están locas o son “feminazis”

Loca, histérica, feminazi, hormonal, desquiciada. Todas estas son palabras con las que se quiere asociar no sólo a las feministas sino a las mujeres en general. ¿Por qué? Porque es otra manera de silenciarnos a nosotras y a nuestros sus actos. Ligarnos con estas palabras refuerza la idea patriarcal de que las mujeres debemos estar calladas y molestar poco. Por eso, cuando una mujer se queja o levanta la voz es más fácil tildarla de exagerada, loca u “hormonal” que de verdad escuchar sus reclamos.

5) El feminismo es lo contrario del machismo

No, no y no. El feminismo es una teoría de la igualdad y el machismo una teoría de la inferioridad. El feminismo propugna que mujeres y varones somos iguales en derechos y libertades; y busca que todxs tomemos conciencia de las discriminaciones que sufrimos las mujeres sólo por ser mujeres, y podamos organizarnos para acabar con ellas. El machismo, sin embargo, consiste en la discriminación basada en la creencia de que los hombres son superiores a las mujeres. Como explica Nuria Varela, equiparar ambos es como decir que racismo y lucha contra el racismo son lo mismo.

6) El feminismo es sólo una cuestión de mujeres

Como dijimos antes, el feminismo es una experiencia colectiva, y eso incluye en su movimiento a todas aquellas personas que quieran luchar por la igualdad de género. Así que sí, los varones también pueden ser feministas. Si no lo creés mirá a todos estos actores que hace rato que se nombraron feministas (psst, incluye a Ryan Gosling y Jon Hamm).

Derribar los mitos que rodean al feminismo también es una tarea colectiva. Desde el Radar Feminista te invitamos a que lo hagas todos los días, con todas las personas que, por una u otra razón, deciden seguir abonando a la idea de que el feminismo es algo horrible y malo para todxs. Ya sabés que no. Hacéselo saber a los demás.

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Estudié Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y me posgradué en Comunicación y Género. Publiqué dos libros de ficción y trabajo como redactora y consultora en comunicación. Soy feminista y creo que los medios pueden cambiar el mundo.