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¿El príncipe Felipe se avergonzaba de su madre? Conoce la historia de la princesa monja

En el primer episodio de The Crown, durante la toma de la fotografía oficial de la boda de Isabel y Felipe, vemos una mujer con un hábito de monja: la madre de Felipe.

A lo largo de la serie, presenciamos cierta tensión o incluso vergüenza por parte del príncipe Felipe hacia su madre. Pero, ¿el duque de Edimburgo realmente se sentía avergonzado de su mamá en la vida real? Te contamos la compleja historia de la princesa Alicia de Battenberg.

Alicia de Battenberg: una princesa con una historia desafortunada

Bisnieta de la reina Victoria, la princesa Alicia de Battenberg nació el 25 de febrero de 1885 en el Castillo de Windsor. Desde su primer momento en el mundo, Alicia se enfrentó a un problema de salud: sordera congénita; no obstante, la inteligente princesa aprendió a leer los labios en diferentes idiomas y con el tiempo aprendió a hablar inglés y alemán.

Durante la coronación del rey Eduardo VII en 1902, conoció al príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca. Al año siguiente, el 6 de octubre de 1903, a sus 18 años de edad, Alicia contrajo matrimonio con el príncipe Andrés y juntos formaron una amplia familia de cinco hijos: cuatro niñas y, el menor, su único hijo, Felipe, con los que vivieron durante un tiempo en Grecia.

Desafortunadamente, después del nacimiento de Felipe, la princesa Alicia no pudo disfrutar de calma o tranquilidad: la Guerra de los Balcanes, la Primera Guerra Mundial, la Guerra Greco-Turca y dos exilios azotaron su vida y la de sus hijos, obligándolos a encontrar un nuevo hogar lejos de Grecia.

Estos momentos de crisis e incertidumbre tuvieron un impacto en la princesa, quien encontró refugio en la religión.

Sin embargo, a finales la década de los años veinte, esta paz religiosa se distorsionó y su fe y creencias comenzaron a protagonizar su primeros delirios religiosos, los cuales poco después provocaron que fuera ingresada en una clínica en Berlín y después transferida a un sanatorio en Kreuzlingen, Suiza en donde, a pesar de objetar por su cordura, estuvo internada durante varios años.

De acuerdo con la Sociedad Británica de Psicología, la princesa Alicia no sólo fue diagnosticada con esquizofrenia, sino también recibió un tratamiento indicado por Sigmund Freud.

El reconocido psicoanalista creía que la enfermedad que sufría la princesa era causada por "frustración sexual" y recomendó hacerle una radiografía en los ovarios para matar su libido.

Durante su tiempo en la institución mental suiza, la princesa Alicia se perdió de las bodas de sus cuatro hijas, quienes se casaron con simpatizantes Nazis, y gran parte de la pubertad de Felipe –el duque de Edimburgo aún no cumplía los 10 años cuando fue internada–.

Finalmente, fue dada de alta en 1932 pero fue hasta 1937 cuando volvió a ver a sus hijos: en el funeral de su hija Cecile, quien, murió en un accidente aéreo.

La reunión en tan trágica circunstancia no fue suficiente para que los lazos entre la princesa Alicia y su familia se fortalecieran, y menos cuando poco después estalló la Segunda Guerra Mundial.

Durante este periodo bélico, Alicia trabajó para la Cruz Roja y encontró en la labor altruista una gran pasión, la cual, no sólo la orilló a esconder y darle asilo a judíos en su hogar, sino también, terminada la guerra, la motivó a crear su propia orden de monjas en Grecia en 1949: Christian Sisterhood of Martha and Mary.

Su compromiso como monja fue algo que la caracterizó desde el primer momento que vistió con orgullo su hábito hasta el día de su muerte. De hecho, la princesa decidió vender casi todas sus posesiones con tal de juntar dinero para ayudar a los más necesitados.

En 1967, después del Golpe de estado de los Coroneles, Alicia abandonó Grecia y se mudó al Palacio de Buckingham en donde vivió tres años y finalmente, dio su último aliento el 5 de diciembre de 1969 a los 84 años de edad.

En un primer momento, fue enterrada en la Cripta Real de la Capilla de St. George en el Castillo de Windsor. No obstante, con base en sus deseos antes de morir, sus restos fueron trasladados al Convento de Santa María Magdalena en el Monte de los Olivos de Jerusalén.

Su vocación por ayudar a los necesitados fue ejemplar y más durante el tiempo de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, la princesa tiene varios homenajes póstumos por su labor en pro de los judíos como su nombramiento de 'Justa entre las Naciones' por el Estado de Israel y 'Héroe del Holocausto' por el gobierno británico.

princesa alicia foto tumba
Lior Mizrahi/Getty Images

En realidad, se desconoce los sentimientos reales del príncipe Felipe hacia su madre. Sin embatgo, cuando Alicia fue condecorada con el nombramiento póstumo de 'Justa entre las Naciones', el duque dedicó estas palabras a su madre:

«Sospecho que nunca se le ocurrió que su acción fuera especial de alguna manera. Ella era una persona con una fe religiosa profunda, y lo habría considerado una reacción humana perfectamente natural hacia sus semejantes en peligro.»

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