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3 historias de amor que casi destruyen a la monarquía: no todas tienen final feliz

que estudiaron los miembros de la familia real universidad reina isabel
Chris Jackson vía Getty Images

Los miembros de la realeza han vivido historias de amor tan complicadas que casi destruyen a la monarquía británica.

La vida no es fácil y si piensan que por pertenecer a la realeza todo es más sencillo, quizá se equivoquen.

Ya conocemos algunos capítulos trágicos de la corona inglesa, como el desafortunado accidente que sufrió Lady Di y las guerras que amenazaron con derrocar la monarquía.

También hay otras historias que causaron gran polémica y fueron un duro golpe para el palacio del que por poco no se recuperan.

El rey que eligió amor sobre el deber

Uno de los reinados más controversiales fue el del tío de la actual reina Isabel: Eduardo.

El monarca nació durante el reinado de su abuela, la reina Victoria. A los 16 años recibió el título de Príncipe de Gales y sirvió a las fuerzas armadas de Inglaterra en la Primera Guerra Mundial.

Con la muerte de su padre, Jorge V, Eduardo subió al trono y a pesar de su madurez física y emocional le fue muy difícil seguir los protocolos de la corona como monarca.

Desafío todas las convenciones de las instituciones con lo que preocupó a los políticos y amigos cercanos del reino.

Pero la gota de derramó el vaso fue su relación con la socialité estadounidense Wallis Simpson, cuyo más grande pecado ante la corona era haberse divorciado (dos veces).

El hecho de tener una reina consorte con dos matrimonios fallidos a cuestas, era más de lo que la corona podía soportar, por lo que el reinado de Eduardo tuvo aún más conflictos.

El gobierno entero estuvo en contra de la unión entre el rey y Wallis, así que el monarca siguió a su corazón y abandonó el trono apenas 326 días después de haberlo aceptado.

Después de rechazar el título de rey, Eduardo se convirtió en duque de Windsor y así pudo casarse con Simpson en 1937.

Participó en los conflictos de la Segunda Guerra Mundial y después se refugió en Francia hasta su muerte en 1972.

Wallis no vivió mucho tiempo sin él: 14 días después falleció.

El amor de una princesa rebelde

Si la relación de la reina Isabel y el príncipe Felipe irá a los libros de historia como un amor verdadero que resistió el paso de los años, el de la princesa Margarita podría clasificarse como el más rebelde.

Margarita Rosa, mejor conocida como la princesa Margarita, es la única hermana de la reina Isabel, quien creció custodiada por la corona, pero siempre con menos vigilancia y responsabilidades que su hermana mayor.

A los 6 años su vida cambió gracias a la abdicación de su tío Eduardo, el ascenso de su padre y su ingreso a la línea de sucesión, después de su hermana.

Tras el periodo de guerras en el mundo, la paz volvió a las naciones del imperio y Margarita encontró lo que tanto había anhelado: amor.

Su romance con el capitán Peter Townsend no era muy bien visto, ya que él era casado.

Después de 1952, con la muerte del rey y el ascenso de Isabel al trono, la vida de Margarita cambió de nuevo: Peter quería casarse con ella, por lo que tuvo que divorciarse de su esposa, Rosemary.

Pero su unión no estaba destinada a cumplirse: el gobierno no estuvo de acuerdo a que un hombre divorciado fuera el elegido para la hermana de la reina.

Ante dicha situación y con mucho dolor, Margarita olvidó toda relación con Townsend.

Al ser una figura prominente en la corte inglesa, no faltaron los pretendientes que quisieron formalizar una relación con la princesa.

Pero el único que fue capaz de lograrlo fue el fotógrafo Antony Armstrong-Jones, quien se unió en matrimonio con Margarita en 1960 en la primera ceremonia de la corona televisada a nivel internacional.

Durante al menos 18 años, la pareja vivió una relación feliz entre los muros del palacio. Tuvieron dos hijos, David y Sarah.

La polémica volvió a la vida de Margarita cuando la prensa descubrió los amoríos que mantuvo con diferentes hombres mientras estuvo casada con Antony.

Los tabloides atacaron a la princesa y la nombraron una depredadora, debido a su relación con hombres más jóvenes que ella.

La pareja se divorció en 1978 y por supuesto fue un escándalo que provocó grandes problemas para la corona.

El heredero envuelto en amor y traición

Primogénito de la reina Isabel, el príncipe Carlos siempre estuvo destinado a continuar el legado de la monarquía, por lo tanto era imperativo encontrar una mujer que fuera su esposa.

La chica ideal llegó en la forma de Diana Spencer, con quien comenzó una relación en 1980 y finalmente se casaron un año después.

La pareja cumplió el propósito de continuar el legado con los herederos al trono de Inglaterra, los príncipes William y Harry.

Pero el amor se terminó muy rápido entre los dos y la prensa hizo un festín con los diferentes amoríos que ambos mantuvieron antes de su divorcio en 1996.

La traición fue una parte esencial de todo el asunto entre Diana y Carlos, pues Lady Di mencionó en una de sus más famosas entrevistas a la BBC una frase que se quedó grabada en la memoria colectiva:

Eramos 3 en ese matrimonio… estaba un tanto concurrido.

La corona nuevamente recibió un duro golpe de los medios por toda la cuestión del divorcio y los amoríos que fueron evidentemente encubiertos por el palacio.

Un año después de finalizado el divorcio, Diana murió en un accidente y Carlos se convirtió en viudo.

Durante años se relacionó a Carlos con su novia de la juventud, Camilla Shand (después Parker-Bowles), cosa que no era bien vista por la sociedad británica.

La relación entre Carlos y Camilla continuó en los años siguientes, hasta que formalizaron su compromiso y se casaron en 2005, con la bendición de la reina.

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