5 cosas de la kermés del 16 de septiembre que nada tenían que ver con la Independencia

pinata
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Las mañanitas mexicanas son esa celebración de todas las escuelas del universo (en México) para conmemorar el Grito de Independencia. Por ello, claro está, están llenas de folclor y tradiciones.

Pero aquí no te vamos a recordar cuando fingiste que cantabas el himno mientras te reías con tus amigos, o de cuando te disque aprendiste el Jarabe Tapatío para presentarlo, o de los listones que usaste entrelazados en tus trenzas. No, no. 

A continuación te enlistamos 5 cosas que hicimos en las mañanitas mexicanas y nada tenían que ver con la Independencia:

#1 Llevar tinga o picadillo para las tostadas

tostadas
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O mejor dicho: que a tu mamá le tocara cocinar tinga o picadillo para las tostadas. Una kermés de Independencia jamás está completa sin estos guisos porque las tostadas son de las preparaciones que salen más en corto (o eso piensas, total, tú ni cocinaste) y que hasta eso sí les gustan a los niños. Ah, y una de las tostadas siempre se caía al piso, como un monumento a los caídos.

O tal vez fuiste el niño de los platos y servilletas, porque también estábamos quienes no queríamos lidiar con nada, ya, chole, ALV y mejor te proponías para comprar algo que pudieras conseguir en el OXXO antes de llegar a la escuela.

#2 Cambiar tu dinero por boletos

boletos
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Cuando eras niño, en cada festival al que fuiste y en el que debías que hacerte responsable por tu dinero, tenías que cambiarlo por boletitos de colores y papel reciclado. "Es como el dinero de verdad, pero divertido", igual que en la Tierra de Tom y Daly.

Tal vez esta táctica era una manera en la que la escuela se aseguraba de que no perdieras tu dinero por ahí y mejor desde un principio lo resguardaras en la caja de ganancias. Conspiración confirmada.

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#3 Usar "ropa de calle"

ninos jugando
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Nada, NADA era más emocionante en la primaria que ir a la escuela con "ropa de calle". Era tu gran oportunidad para demostrarle a tu salón que eras mucho más que suéteres con tu nombre bordado y calcetas hasta la rodilla. Era tu momento de brillar.

Había algo tan maravilloso como inexplicable en estar en la escuela con la ropa que usabas en tu casa y ver a tus amigos así también. Se sentía como romper las reglas por un día. O sea, ¡hasta comías en el salón! Lo que sí es que el término "ropa de calle" no lo volviste a usar jamás cuando creciste. Es que ese concepto no existe en el mundo real (a menos que seas Sheldon Cooper).

#4 Pintarte el cabello con tinte de lata

nina feliz cabello rosa y azul
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¿Ves cómo sí las mañanitas eran la definición de anarquía? Hasta te pintabas el cabello en pleno patio escolar. El tinte en lata se veía... pues se veía (era barato y apto para niños, ¿qué esperábamos?), pero eso no te detuvo de pintarte la cabeza de color verde, blanco y rojo.

Si algún otro niño llevaba otro color diferente y más interesante , empezaban los Juegos del Hambre por agandallárselo.

#5 Casarte

anillos de boda
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¿Qué tiene que ver casarse con la liberación del pueblo mexicano ante la conquista española? Pues nada, pero era divertido e iba de acuerdo con el descontrol del día. Jamás faltaba la mesita con el letrero de "Registro Civil" cubierto de corazoncitos.

Este noble acto implicaba unir tu vida por un par de horas con ese niño especial, cuyo nombre siempre estaba al final de tus cuadernos. Eso o casarte con todos tus amiguis porque los amabas, eran súper buena onda y no querías que cambiaran nunca.

Este acto se consagraba con un acta que decía algo tipo: "El pueblo de Corazonlandia los declara marido y mujer" y un anillito de plástico pintado de plateado. Qué hermosura tan solemne.

¿Tú qué otra cosa recuerdas de las mañanitas mexicanas? Romperte un huevo con confetti en la cabeza a tu mejor amigo o cubrirlo en espuma también eran clásicos.

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