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7 aspectos de la cultura y sociedad de Japón que aprendimos gracias al manga y el anime

7 hechos de la cultura y sociedad de japon 1
Kadokawa Shoten

Como cualquier obra de arte, el manga y el anime suelen incluir muchos elementos pertenecientes a la propia cultura de su país de origen. Es casi inevitable encontrar algún que otro aspecto cultural intrínseco de Japón en sus obras, por lo que el lector termina aprendiendo mucho sobre cómo funcionan, piensan y se manejan los japoneses dentro de su propia sociedad.

A continuación veremos 7 aspectos intrínsecos de la sociedad y cultura de Japón que aprendimos a fuerza de leer manga y ver anime.

Datos sobre Japón que el anime y el manga nos enseñaron

1. Es una sociedad tradicionalista

Una característica que distingue al pueblo japonés es su respeto a sus tradiciones ancestrales. Si bien es cierto que desde fines de la Segunda Guerra se han dejado de practicar muchas de ellas por ser consideradas anacrónicas y se han adaptado muchas prácticas extranjeras —como festejar San Valentín o Navidad—, estas siempre están en un segundo plano en lo que se refiere a su «importancia» a nivel social (la Navidad, por ejemplo, es más una novedad y una oportunidad para que los niños jueguen y las parejas pasen un momento juntas).

Ejemplos de tradiciones casi ineludibles hay por montón, desde acercarse a un templo el primer día del año para rezar a participar del O-bon en agosto, ya sea que se tengan o no fuertes creencias religiosas. Estas tradiciones, como sucede en cualquier otro país del mundo, son lo que salvaguarda la «identidad» de los japoneses, algo que los representa a nivel nacional.

2. Es una sociedad intrínsecamente disciplinada

Antes de la llegada de los mercaderes de occidente, Japón se regía por la tradición de heredar los oficios de padre a hijo (lo que sucedía en prácticamente todo el mundo hasta el surgimiento de las industrias). Por este motivo es que los oficios tradicionales —como la carpintería, la herrería, la cocina y un largo etcétera— eran realizados siempre buscando la perfección, al punto de que sus prácticas se convertían en una ceremonia. Esto convertía a los oficios en una suerte de arte, algo que no cualquiera podía hacer sin la correcta preparación, adoctrinamiento y práctica.

La mismísima estructura social de los japoneses se sustenta en la disciplina, ya que se considera que una persona disciplinada posee la personalidad adecuada para ser parte importante de la sociedad. La disciplina la hace más competente en su puesto de trabajo, sin importar las jerarquías o el tipo de trabajo, que puede incluir aspectos artísticos como la animación o crear mangas.

3. La moralidad sigue otros parámetros

Dada la rigidez de la cultura japonesa, tanto por su disciplina como su tradicionalismo, es de esperar que sea una sociedad muy reprimida que requiere liberar tensiones de alguna manera. Por eso, no es extraño que se acepte una amplia gama de prácticas íntimas que en otros países causan desconcierto, como que haya tiendas donde las mujeres puedan vender sus prendas íntimas usadas, ya que muchos hombres las compran.

La misma noción de desnudez es tratada con otro criterio, ya que una de las prácticas más comunes dentro de un grupo familiar es bañarse juntos (en la casa o en un baño público). Por eso, no es raro que veamos varios desnudos, incluso en anime para niños, ya que la noción de pudor no es tan rígida. Por supuesto, esto no significa que no existan en Japón grupos moralistas —de hecho, hay muchos— y, además de aceptar e incluso alentar a las comunidades homosexuales, aún no se ha legalizado el matrimonio igualitario.

4. La educación es sagrada

Como en la mayor parte del mundo, la educación es obligatoria en Japón en las etapas primaria y secundaria. El sistema educativo del país fue implementado tras la segunda guerra, y los alumnos asisten seis años a primaria y seis a secundaria (separada en secundaria «baja» y «alta»). Pero, a diferencia de otros países, los estudiantes japoneses cursan seis días a la semana, además de participar de actividades extracurriculares tras la jornada (algún deporte o club cultural) y encargarse del mantenimiento y limpieza del edificio de la escuela.

Con esto, los japoneses desarrollan respeto e incluso aprecio por la institución y se adoctrinan para pregonar esa misma «lealtad» a la empresa en la que terminen trabajando. Por eso, ser expulsado de una escuela significa tener una mancha imborrable en el expediente y hace que sea muy difícil entrar a otra, lo que hace que sea casi imposible ingresar en una universidad y, como consecuencia, limita las opciones laborales del estudiante.

5. Tu vida es asunto tuyo... pero no molestes

A pesar de que la escuela es obligatoria, se acepta que muchos padres determinan otro tipo de vida para sus hijos, ya sea ligado a una tradición o a un «negocio» familiar. Por eso, si un padre decide retirar a sus hijos de la escuela para entrenarlo en —por ejemplo— un estilo de arte marcial que no se imparte en una escuela (en la que existen clubes de judo o karate), es completamente aceptado e incluso celebrado por la mayoría de los profesores, principalmente cuando posee un elevado valor cultural intrínseco.

Lo que verdaderamente le importa a la sociedad japonesa no es que se siga un tipo determinado de trabajo, sino que se cumpla con las reglas de urbanidad, que no se altere la paz ni se ponga en riesgo la seguridad o integridad física de un menor de edad. Siguiendo esta línea, todavía se siguen dando casos de matrimonios arreglados (una práctica casi en desuso) que involucran adolescentes de 16 años casándose por permiso (y orden) de sus padres.

6. Ni un pelo de tonto

El cabello tiene una relevancia particular para la cultura japonesa. Ya desde la era feudal, cuando existían los samuráis, el cabello era un símbolo de estatus social. Por eso, cortarle el cabello a un samurái era una ofensa humillante. Eso explica que los monjes sintoístas se afeiten la cabeza, para desprenderse de sus propiedades mundanas.

Es por eso que llevar el cabello teñido de un color llamativo suele ser visto como una señal de rebeldía o promiscuidad (principalmente en las mujeres), así como rapárselo o usarlo muy corto suele asociarse a los deportes, por lo que es considerado intrínsecamente antiestético, y —en el caso de los hombres— tener barba o no estar debidamente afeitado suele ser asociado a los yakuza. Incluso, para la cultura japonesa, tener el pelo erizado es asociado tanto a la ira como a un comportamiento atontado. Por eso, es que muchos personajes con unos cuantos pelos parados no se destacan por su inteligencia o tranquilidad.

7. La belleza es intrínsecamente femenina

Japón es un país que convirtió al machismo en parte de su cultura. Esto se debe a que, como en la época feudal los trabajos manuales o que requerían de fuerza física eran inmediatamente hechos por el hombre, la mujer se desempeñaba en tareas en las que su aspecto pasó a ser una herramienta de trabajo, al ser las encargadas del entretenimiento. Un ejemplo de esto son las geishas, cuya tarea era acompañar, atender y entretener (no sexualmente) a uno o más hombres, una disciplina que hoy día se sigue practicando y está entre los valores culturales de Japón.

También ocurría en el caso del teatro (Kabuki o Nô). Como en la era feudal casi no había actores hombres, eran las mujeres las que desempeñaban tanto roles femeninos como masculinos. Gracias a esta práctica, el concepto de belleza pasó a estar indirectamente ligado a la mujer. Por eso, no es raro que un varón atractivo sea presentado con rasgos femeninos.

¿Qué otro aspecto de la cultura japonesa has observado en mangas y anime?