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Dragon Ball Super: ¡el verdadero significado de la supervivencia! Un final perfecto, devastador y satisfactorio

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Toei / Shueisha

Como cada fin de semana durante más de dos años, otro capítulo de Dragon Ball Super fue estrenado —y una última reseña fue escrita—. Bajo el título «¡Una conclusión milagrosa! ¡Adiós, Gokú! ¡Hasta el día en que nos volvamos a encontrar!», este episodio marcó el final del magnífico Torneo de Fuerza.

Desde el momento en que el Gran Sacerdote promocionaba el comienzo de la batalla por la supervivencia universal, nuestra mente adulta —alejada de la inocencia infantil— curtida por cientos de series, libros y películas, asimismo anunciaba que el final acorde sería el más predecible: el universo de Gokú gana el Torneo y todos los universos son restaurados.

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Toei / Shueisha

Efectivamente, sucedió. Sin embargo, el camino recorrido y la forma en que ocurrieron los acontecimientos provocaron una anomalía en nuestra percepción: ya no importaba la predictibilidad del final porque nuestro cerebro no tenía el control, era nuestro corazón saiyajin quien dirigía el barco.

Sin más, al igual que Gokú, también me despido de las reseñas mediante este último homenaje semanal

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Toei / Shueisha

Muchos suponían que Freezer iba a traicionar al universo 7 para pedir un deseo maléfico al obtener las Super Esferas del Dragón; algunos fans creían que Gokú mantendría otro uno versus uno con Jiren y se sacrificaría por la humanidad, resignificando el «Adiós, Gokú» que titula el capítulo; y otra enorme cantidad de adeptos acertó el final consumado con total asertividad. No obstante, todos y cada uno de estos fanáticos teoristas, disfrutaron al máximo de una conclusión emocional y coherente que ponderó el vínculo entre personajes por encima de una narrativa perfecta; decisión artística por parte de Toriyama que, desde mi humilde opinión, agradezco.

¡Comencemos con la review!

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Toei / Shueisha

Jiren, extenuado, malherido, y dubitativo, miraba desde lo alto. Freezer y Número 17, luchadores de menor jerarquía, pero superior determinación (al menos en ese momento), desafiaban al guerrero que alcanzó el poder de los dioses. Sin embargo, Jiren no era el mismo. La derrota física y conceptual sufrida a manos de Gokú había quebrado su espíritu; lo cual fue percibido por Freezer, quien aprovechó esta fisura psicológica para provocar a su enemigo.

El Emperador del mal y Número 17 habían demostrado ser los mejores estrategas del Torneo y, por lo tanto, entendían que la ruta más efectiva de victoria era destruir la concentración y espíritu combativo de Jiren.

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«Saborearás la derrota de nuevo (...) ¿Dónde fue a parar tu cara de póker, Jiren? La fuerza se vuelve debilidad una vez doblegada. Me parece oír los lamentos de tu corazón: “no quiero volver a ser débil”»

Las provocaciones surtían efecto. Jiren perdía la calma y arremetía en contra de Freezer, quien había preparado el camino para Número 17 y otro ataque kamikaze. Mediante soberbio uso de las barreras de ki, 17 encierra a Jiren en una explosión devastadora a costo de toda su energía. Jiren caía de rodillas, finalmente derrotado; en cuerpo y espíritu.

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Entonces, cuando la victoria de nuestro universo era un hecho, y por segunda vez en dos episodios, el golpe final se retrasa. ¿Por qué? Porque en este caso 'victoria' no solo significa sobrevivir y ganar la batalla. Jiren no era un villano despiadado que no merecía misericordia y aún así se le otorga energía para sobrevivir, como sucedió en la saga de Freezer; Jiren es un héroe de la justicia atado al pasado y sumido en traumas que impidieron su desarrollo humano.

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«El poder lo es todo. La confianza y los compañeros no existen», bajo esta premisa Jiren guiaba su vida, y su fuerza era tan abrumadora que nunca nadie había podido demostrarle su error.

Por eso, cuando Toppo lo alienta, confiando en él y perdonando al mismo tiempo, Jiren cierra su puño, se levanta sobre sus pies y adquiere un power-up de similares características al presenciado el episodio pasado, cuando Gokú se erguía poderoso por el bien de sus amigos. Jiren recibía el poder de la confianza, y en ese preciso instante perdía la batalla de los ideales.

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Jiren cambió, admitió que no podía solo; y tal suceso daba vuelta el resultado: Freezer y Número 17 eran acorralados. Pero antes de que todo se perdiera… Shunkan Idō: Gokú se levantó una vez más.

Los tres representantes del universo 7 decidían su estrategia. Freezer con un reclamo a Gokú (por su promesa), sabiendo, en su interior, que la única forma de derrotar a Jiren sería sacrificándose. Jiren, por su lado, sonreía satisfecho, emocionado por la vuelta de Gokú.

Entonces, tras tres décadas de leyenda, vivimos para ver a Freezer y Gokú peleando juntos. Años de rivalidad y lucha hacían que su entendimiento mutuo fuera perfecto, y si a eso sumamos la pulida técnica de asedio de Número 17, quien desde atrás mantenía a Jiren distraído, la victoria parecía posible.

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Jiren no se rendía. La plenitud de la batalla lo impulsaba a más: por primera vez disfrutaba de su debilidad. El guerrero de la justicia detectó que sin eliminar a 17 sería difícil contener a Freezer y Gokú, así que se lanzó de lleno, dejando al Androide al borde de la elminación.

La decisión de Jiren planteó el escenario perfecto para Freezer, quien, utilizando una técnica que no veíamos desde su batalla con Kakarotto, en Namek, intentó arrastrar a Jiren fuera de la plataforma al precio de su eliminación. Jiren resistió. Y entonces, una ráfaga amarilla e incontenible surcó el oscuro cielo de la nada para complementar la determinación de su clásico enemigo y, de esa manera, terminar la pelea.

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Toei / Shueisha

« Así que esto es la confianza… esto es el poder del universo 7…»

Y con estas palabras, Jiren es eliminado. El universo 7, representado por Número 17, gana el Torneo de Fuerza. El universo 11 es borrado de la existencia. Pero antes de esto, Gokú se aproxima a Jiren y, fiel a su esencia, lo invita a pelear una vez más.

«Quizá no te guste la idea, pero creo que ambos nos fortalecimos peleando. Quiero volver a verte».

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Sorprendido y desconcertado, Jiren desaparece. Pero el guerrero que vemos no es el mismo que comenzó el Torneo, los puños de Gokú cambiaron su mentalidad.

Finalmente, Número 17 es consultado por su deseo. El Androide había alardeado con que, de ganar, pediría un crucero por todo el mundo para su familia; sin embargo, el corazón de este exvillano, que demostró ser el MVP del Torneo, era del oro más puro, y, respondiendo a las intenciones de Gokú y promesas de Vegeta, pide lo que todos habíamos predicho, pero que, de cierta manera, habíamos olvidado ante la abrumadora emoción del episodio.

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«Devuelve a la normalidad a los universos que desaparecieron. Los guardabosques estamos ocupados, ¡apúrate!», increpó Número 17.

De esta manera, los universos participantes que habían sido eliminados volvieron a la vida (no sabemos si los 6 universos desaparecidos antes del Torneo también), respondiendo a la predicción de Zeno, quien por primera vez fue presentado como dios soberano, dándonos a entender por qué es el Rey del Todo. Zen’oh-sama confiaba que los guerreros que vencieran serían virtuosos y se compadecerían del resto de los universos. Si fuera un deseo egoísta, iba a eliminarlo todo.

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Toei / Shueisha

Entonces, en adición a las predicciones de Zeno-chan, Whis aporta un concepto que, en lo personal, encierra toda la historia de Dragon Ball:

El Rey del todo esperaba que Gokú y sus amigos cambiaran algo. Que la gente cambiara.

Muchas veces intentamos evitar el conflicto. Suponemos que la conformidad y estabilidad que representa un lugar seguro es todo lo que necesitamos para sobrevivir, y en ocasiones tal tranquilidad nos aleja de la perspectiva más básica, de la verdadera esencia en la supervivencia: si quieres que algo muera, déjalo quieto.

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Toei / Shueisha

La clave de la vida es la evolución; permanecer en constante cambio. Renegar de quienes somos para intentar ser mejores, más fuertes. Disfrutando, por supuesto, de lo que vivimos; pero insatisfechos porque sabemos que siempre habrá un nuevo enemigo a derrotar. No un villano, ni un dios de la destrucción o un Rey del todo que quiere eliminarnos de existencia… ¡no! Así como Gokú nos enseñó desde su primera aparición en los 80, hasta este momento de compartibilidad globalizada en que millones de personas vemos el mismo episodio a la misma hora: el único enemigo a derrotar somos nosotros mismos.

Los límites están en nuestra mente, los límites son nuestra mente. Y en tal secreto consiste el Migatte no Goku’i que, poéticamente, encierra la clave de 'la Doctrina egoísta': superar tus propios límites es luchar por otros, confiar en los demás y extraer la fuerza interior desde la amistad proporcionada en el exterior.

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Toei / Shueisha

En otras palabras, la verdadera supervivencia universal no es ganar a cualquier costo para no perder la vida, ni mantener una fuerza absoluta y solitaria. Es ser capaz de sacrificar la vida por amistad como 17; renunciar a rencores como Gokú y Freezer; abandonar el orgullo como Vegeta…

El verdadero ganador debía ser un universo capaz de cambiar y hacer que otros cambien. Un universo capaz de entender que la batalla y el conflicto no son solo destrucción, sino cambio… y vida.

Por eso te amo tanto, Dragon Ball... Así que sin mucho más para decir —y con alguna lágrima de por medio—, te digo adiós, Gokú... hasta el día en que nos volvamos a encontrar.

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