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¿Por qué Hollywood jamás pudo (ni podrá) adaptar un anime correctamente?

Desde la nefasta Dragon Ball Evolution hasta la cuestionable Death Note de Netflix, el anime ha tratado de ser adaptado al cine convencional y fracasado en el intento; la mayoría de las veces, debido a la innecesaria americanización del contenido. Es que el anime ha construido su propia manera de contar y ver las cosas, y sobre esa construcción queremos hablar, tratando, además, de explicar las razones detrás de la incompatibilidad entre Hollywood y el arte que tanto nos apasiona.

Introspección (diálogo interno)

Un elemento recurrente es el diálogo interno. Muchas veces representado mediante voz en off, en el anime los personajes tienden a enfrentarse a sí mismos teorizando con qué sucederá al tomar una decisión, o regresando sobre sus pasos hasta encontrar la verdad.

A diferencia de los relatos occidentales, el anime plantea un «diálogo de una sola persona»; introspectivo, analítico y transformador. Tomemos como ejemplo a Death Note —uno de los últimos anime adaptados por Hollywood—, en los primeros episodios —antes de la llegada de Ryuk— Light cuestiona la justicia, la moralidad y el poder, decidiendo convertirse en el dios de un nuevo mundo a través varios monólogos. Poco tiempo después, cuando L sospecha de él, recurre a una curiosa estrategia: ocultar una TV miniatura dentro de un paquete de papas fritas, y, mientras finge estudiar, escribe con su mano menos hábil los nombres de criminales publicados en las noticias; una escena absurda a simple vista, pero que adquiere trágica trascendencia debido al diálogo interno de Yagami.

Y tiempo más tarde, Kira presenta uno de los tantos soliloquios que lo caracterizan:

«En este mundo existen pocas personas que realmente confían en los demás, y esto no es diferente para la policía. Lo que realmente es importante es que L y los investigadores no tienen confianza entre sí para nada. ¿Puedes confiar en alguien cuyo rostro y nombre desconoces? Cuando L descubra que estoy obteniendo información confidencial de alguna manera, él estará obligado a investigar a la policía para encontrar el origen del filtrado. Cuando eso suceda, será cuestión de tiempo hasta que la policía se resienta. En la superficie, parecerá que L y el equipo de investigación están trabajando en conjunto para atraparme, pero en realidad L investigará a la policía y viceversa. Yo no seré quien encuentre a L, dejaré que la policía lo haga por mí, y cuando descubran su identidad… entonces lo eliminaré».

Todo estos elementos forman parte de un pensamiento extenso y meditativo que Light manifestó para más nadie que para sí mismo; algo imposible de tolerar para el espectador occidental promedio, quien parece necesitar de la interlocución para disfrutar y comprender la metamorfosis de un personaje.

Relatividad del tiempo

Pensemos en los clásicos anime deportivos; desde Captain Tsubasa (Supercampeones) hasta Slam Dunk o Kuroko no Basket. Este subgénero se ha distinguido por utilizar el diálogo introspectivo mencionado anteriormente de forma particular, enfatizando momentos y deteniéndolos en el tiempo, pero en el tiempo narrativo.

Shueisha/Production I.G

El tiempo narrativo de estos anime nos hacía sentir que la cancha era interminable y un disparo a puerta duraba lo suficiente como para contar la historia de vida del personaje ejecutante, sin embargo, en tiempo real solo pasaban unos minutos. Un tiro de tres puntos, cuya realización dura apenas unos segundos, era representado como una técnica de interminable preparación y eterna finalización.

Esta relatividad temporal ha sido parte de grandes títulos a lo largo de la historia: mientras que en el tiempo real pasarían decenas de capítulos hasta la explosión de Namek, en tiempo narrativo solo eran 5 minutos. Quizá podríamos ver este uso como una película dedicada, pero jamás como un recurso reiterado y característico.

El viaje es el objetivo

Shueisha/Toei Animation

Si tuvieras que pensar en el concepto más recurrente de los anime populares, ¿cuál sería? Sí, efectivamente, «hacerse más fuerte». Freezer, Cell, Buu… todos fueron villanos que debían ser derrotados por el bien de la tierra, sin embargo, el verdadero objetivo de Gokú no estaba definido ni era heroico: Gokú simplemente quería pelear con los más fuertes y, en consecuencia, superar sus límites.

Ganar el torneo de verano, convertirse en Hokage, atraparlos a todos, conquistar las 12 Casas o conocer el mar… objetivos que determinan la trama, pero no al personaje.

El verdadero propósito de los personajes —si bien no siempre altruista— es mucho más significativo y abstracto: ser fuerte para proteger a quienes amo, ser el mejor y convertirme en leyenda, ser campeón y generar un recuerdo imborrable con mis amigos. Siempre «ser» y no «hacer» o «tener»; lo que difiere muchísimo de la construcción occidental que siempre parte de lo externo (si adquiero esto, seré lo otro). La construcción humana en el anime predica sobre la edificación desde dentro (si soy, entonces tendré, o no… basta con ser).

La plenitud de las emociones

El pensamiento occidental exige impertinente: ¡aléjate de la tristeza! Hemos encontrado satisfacción en el terror, la adrenalínica emoción y, por supuesto, la alegría; pero cuando de sentimientos tristes se trata, huímos casi por instinto y reflejo. Sin embargo, en la vida real, la canalización consciente de los momentos tristes son los que realmente modifican nuestra percepción vital. El anime hace uso de la parte más sensible y rica de la tristeza, esculpiendo en ella y realzando su sabor. Porque, nuevamente, el anime no trata de maquillar superficialmente, sino de construir desde dentro y para siempre.

Kōdansha/Tokyo Movie Shinsha

¿Alcanzará Hollywood (comercial) este nivel de profundidad? ¿Se levantarán nuevas generaciones de artistas que sepan apreciar la riqueza del anime y sean lo suficientemente valientes como para trasladarla a la pantalla grande? ¿Qué piensas al respecto?

Esperamos tus comentarios.