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Homofobia en la vía pública: ¿Hasta cuándo?

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Fotosr52/shutterstock

Esta semana tuvo lugar una noticia que resulta alarmante: un guarda de la línea de tren Mitre intentó expulsar de la formación a 2 mujeres por haberse abrazado durante el viaje.

Afortunadamente, la intentona por parte del empleado de Trenes Argentinos no tuvo éxito gracias a algunos pasajeros, que salieron en defensa de la pareja y registraron todo en cámara.

¿Pero podemos contar con eso siempre? ¿Cuántas veces las personas, ante una situación similar, eligen mirar para otro lado y quedarse en silencio ante un acto de discriminación?

No es la primera vez que esto sucede en el año (que es 2016, por cierto... no 1914). Recordemos otro caso reciente, cuando una pareja (también de mujeres) fue echada del histórico bar La Biela por besarse.

En aquel entonces, la noticia generó tal revuelo que distintas orginazaciones LGBT convocaron a un <<besazo>> en la puerta del establecimiento a modo de protesta.

Sin embargo, al analizar este tipo de noticias, muchas veces se las toma como simples casos aislados, como si acaso no existiera la discriminación que diariamente debe afrontar la comunidad LGBT en todo el país.

Bajo falacias retrógradas como: <<esas cosas deben reservarse al ámbito privado>> o <<eso no se puede hacer delante de chicos>> se busca estigmatizar, humillar y volver a hacer tabú un simple acto de amor.

Si bien la Ley de Matrimonio Igualitario de 2010 supuso un gran avance para el país y la región, todavía hay una fuerte resistencia y personas que creen tener la autoridad moral suficiente para juzgar cuáles besos pueden verse y cuales no. 

>> Una nena de 6 años le hace frente a un activista anti-gay

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Robert Churchill/iStock/Thinkstock

Es por eso que, ante situaciones como esta, nuestro deber cívico es no callar, no mirar para otro lado, no avalar a la intimidación. Hay que hablar, hay que filmar y amablemente hacerle entender a quien está del otro lado que los derechos adquiridos no se pisan.

Ningún pretexto de falsa moral es válido a la hora de avasallar los derechos del otro.