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Gabriel Jesus, de pintar calles de Brasil en 2014 a ser jugador de la selección en 2018

gabriel jesus brasil 2018
Getty Images/Alex Livesey

Detrás de toda la gloria y las destrezas físicas, el fútbol esconde algunas de las historias de vida más emotivas del mundo del deporte. Los orígenes de algunos de los mejores jugadores del planeta suelen estar en los lugares más humildes.

Todos conocemos la historia del argentino Diego Maradona o del brasileño Pelé, por ejemplo, quienes pasaron de ser niños de barrios marginales a ser los mejores futbolistas de la historia. Así ha sucedido con muchísimos otros, y ahora te contamos la historia de Gabriel Jesus, el 9 de área de la selección brasileña y del Manchester City.

Hoy día, cuando escuchamos el nombre de Gabriel Jesus enseguida se nos viene a la mente la imagen de un futbolista letal, una de las estrellas de Manchester y de su selección, pero esto no siempre fue así para el crack.

Durante el Mundial de Brasil 2014, Gabriel no estaba ni cerca de ser un futbolista multimillonario. Se desempeñaba como juvenil en las categorías inferiores de Palmeiras mientras se ganaba la vida pintando las calles de San Pablo.

El fútbol siempre fue la pasión de Gabriel, y por más que tuviera que trabajar extra para poder ayudar a su familia, él nunca se alejó de sus sueño de algún día ser como sus ídolos Ronaldo, Kaká y Ronaldinho. La vida finalmente lo recompensó.

En 2015, pasó a la división profesional de Palmeiras, donde anotó 28 goles en 85 partidos, una cifra que llamó la atención del Manchester City. El cuadro inglés terminó adquiriendo su ficha por 31.5 millones de euros.

De allí en más todo ha ido de maravillas para Gabriel. Se convirtió en una de las piezas fundamentales de Manchester City, ganó la medalla de oro en fútbol con la selección brasileña sub-23 en 2016 y luego fue convocado a la selección mayor, donde se convirtió en un habitual titular del esquema de Tite.

Sin embargo, el atleta no olvida sus orígenes y, cada vez que regresa a Brasil, se toma un tiempo para salir a la calle a jugar con los niños del barrio, tal como lo hacía pocos antes de que su vida cambiase para siempre.

Una vez más la vida nos demuestra que sin importar las condiciones, jamás debemos abandonar nuestros sueños...

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