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La historia del Che Guevara: De médico idealista a comandante revolucionario

A casi medio siglo de su asesinato, el Che Guevara está más vivo que nunca.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano lo llama el hombre más nacedor de todos porque su cara está en todos lados y su ejemplo inspira a miles de personas.

El guerrillero argentino, padre, hijo, militante, comunista, amante y médico dio su vida por lo que creía correcto: por la revolución. Era una persona coherente en cuanto a lo que hacía, decía, pensaba y tenía por intención. Su ethos socrático inquebrantable lo hizo sobresalir del resto, ser admirable.

Sin embargo, sus métodos violentos son criticados por una gran porción de la sociedad. Y, aunque se teoriza y se especula, todavía hay huecos en la historia de su vida y decisiones que siguen siendo un enigma.

En primer lugar, ¿por qué fue el Comandante a Bolivia en 1967 si las condiciones no estaban dadas para la guerrilla? La pregunta de las mil respuestas, como tantas otras.

Los dedos índices señalan para acá y allá. Algunos toman su asesinato como un manotazo desesperado de Estados Unidos para acallar los movimientos revolucionarios que surgían en Latinoamérica. Otro puñado sostiene que Bolivia no era el destino que el Che había pensado originalmente para instalar los campos de entrenamiento y organizar la guerrilla regional (¿quién elegiría un país sin salida al mar?). Otros dicen que el líder cubano Fidel Castro se lo quería sacar de encima, y que por eso lo dejó incomunicado en las selvas bolivianas: el argentino era pro-China y Cuba dependía de la Unión Soviética.

Para disipar las dudas que giran en torno a su figura, incluimos los testimonios de los protagonistas de la historia de un hombre con ideales que se convirtió en un ícono popular.

Con la muerte del Che, nació la leyenda pero, ¿qué escondía el argentino detrás de la boina, los discursos y el habano?

Revolucionario se nace

El 14 de junio de 1928 nació en Rosario el primer hijo de Celia de la Serna y Ernesto Guevara Lynch, Ernesto Guevara De la Serna. Después vinieron Celia, Roberto, Ana María y Juan Martín. Pero la familia tuvo que mudarse a Alta Gracia en Córdoba porque los problemas bronquiales de Ernesto se habían convertido en un asma severo.

“Las biografías suelen decir que mi familia era muy oligárquica, muy por encima de la media. En mi casa no hubo dinero ni poder. Hubo un auto en toda la historia de la familia y muchas casas alquiladas. Yo decía que los Guevara habían salido de España remando y Ernesto decía que habían salido con una mano adelante y otra en la espalda, y que no se la habían sacado por una cuestión de pudor”, nos relató Juan Martín Guevara, el hermano menor del Che.

Más allá de lo económico, su casa estaba muy politizada y Ernesto fue un ávido lector desde chico. Durante la Segunda Guerra Mundial, sus padres habían apoyado a los antifascistas y antinazis, pero Ernesto padre respaldaba a Estados Unidos y Celia tenía una orientación socialista. “Un día estábamos comiendo en la casa de la tía Beatriz, una hermana de mi papá que miraba a mi hermano y se le caía la baba, y dijo: ‘No sé por qué todos dicen que Ernesto es comunista, porque es tan bueno’”, recuerda su hermano.

“Cuidamelo mucho a Ernestito”

1950 fue un año clave. Con 21 años, Ernesto se subió a su bicicleta motorizada y viajó al norte argentino. A la vuelta, su visión de la realidad había cambiado: las diferencias sociales, la marginalidad y la injusticia lo marcarían para siempre. En ese momento, empezó a salir con su primera novia María del Carmen Ferreyra, apodada Chichina. El romance duró poco pero varias mujeres pasarían después por su vida.

Dos años después, hizo su primer viaje por América Latina con su amigo Alberto Granado Jiménez. “Viajaban en moto para conseguir trabajo, querían ganar dinero para abrir un hospital gratuito para los pobres. El Che y él soñaban hacer lo mismo que había hecho el hombre al que tanto admiraban, Albert Schweitzer”, nos contó Eladio González, director del Museo Ernesto Che Guevara de Buenos Aires, quien alojó en su casa a Granado.

El médico misionero alemán había dedicado toda su vida a atender y reconstruir el hospital de Lambarene en Gabón, África y, en 1952, había ganado el Premio Nobel de la Paz. Él, al parecer, los había inspirado.

Al año siguiente, con el título en Medicina de la Universidad de Buenos Aires en la mano, Ernesto partió con su amigo Carlos Ferrer, apodado Calica, para no regresar. En Guatemala se despidió de sus compañeros y también de su nombre. Faltaba poco para que el joven argentino se convirtiera en el Che.

Del país centroamericano se exilió a México donde conoció a Fidel Castro y al grupo guerrillero 26 de Julio. A esta altura, la ideología comunista ya estaba arraigada en Ernesto. Por eso, en noviembre de 1956, viajó con ellos a Cuba con un objetivo claro: derrotar a la brutal dictadura de Fulgencio Batista. Necesitaban un médico pero su capacidad como líder, las bajas en combate y su carisma lo transformaron en uno de los hombres más importantes del movimiento insurgente.

El fin no justifica los medios

El 1 de enero de 1959, la guerrilla toma finalmente la ciudad de La Habana, y el apodo de Ernesto llega a oídos de todo el mundo.

Luego de la Revolución, su hermano menor arribó a suelo cubano en un vuelo junto a los exiliados, sus padres, una de sus hermanas y su cuñado. El Che los recibió en el aeropuerto. Celia se abalanzó sobre él para darle el abrazo que guardaba hacía 6 años. “En el sentido del humor y en la relación no había cambiado. Cuando había gente era imposible ser hermanos. Era el comandante y chau. Pero cuando estábamos entre nosotros, sí podíamos hablar y él pasaba a ser Ernestito, como le decía mi vieja- Ernesto era mi viejo-. Porque llega un momento en que dejás de ver a la figura y ves a la persona”, explica Juan Martín.

Detrás de la figura del Comandante Che Guevara, estaba Ernesto, un hombre que se había enfrentado al poder con un fusil cargado y el Manifiesto del Partido Comunista en el bolsillo. Las críticas le llovieron en ese entonces y siguen cayendo aún. Ni la revolución, ni el hambre, ni la libertad son razones suficientes para terminar con la vida de una persona. Es válido, no hay justificación.

"Tomamos el fusil porque en el contexto histórico era lo único que podíamos hacer, pero ahora es distinto: podemos conseguir lo que buscamos por medio de la democracia" admitió Osvaldo Peredo, hermano de 2 guerrilleros que lucharon con el Che en Bolivia, en una entrevista con Perfil en 2010. Pero no me parece que sea tan así. El Che no creía en la democracia, creía en el comunismo y disparar su fusil era el único medio para el fin porque así lo decía su biblia, el Manifiesto. Él no era un pacifista, era un revolucionario y hay una brecha inmensa entre uno y otro.

Al grito de patria o muerte

El Che llegó a ser quien es porque no pudo quedarse quieto. Su espíritu libertario estaba con los pueblos oprimidos, y para liberarlos vivió. Su objetivo era la revolución; su vida, conseguirla.

Tuvo 2 esposas y 5 hijos pero no fue un padre ejemplar ni un ministro devoto aunque ocupó algunos cargos en el gobierno cubano. Su destino no estaba en la isla. El director del Museo del Che en Buenos Aires afirma convencido que aquel médico alemán es una de las razones por las que el Che renunció al Ministerio de Industria y a su ciudadanía cubana para arriesgar su vida en el Congo en 1965.

Mientras estaba en aquella misión secreta en África se enteró de que su madre agonizaba en Buenos Aires, entonces escribió: "Solo sé que tengo la necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro y ella me diga 'mi viejo'”.

Poner a la revolución sobre su familia no significaba olvidarse de ellos ni quererlos menos. Algunos supieron entender su pasión por las ideas de izquierda y abrazarlas. “Uno de los principios más lindos de la revolución es la solidaridad, que no es dar lo que te sobra sino lo que otro necesita”, dice hoy su hija Aleida Guevara, la mayor del segundo matrimonio, que es médica como él y sigue su legado.

Hasta siempre, comandante

África fue un fracaso. Tras un breve paso por Cuba, el Comandante llegó a tierras bolivianas.

“El Che originariamente quería ir a Perú pero hacer base en una finca en el norte de La Paz, y terminaron en el sur en una zona despoblada, de retaguardia. Un cambio improvisado: el campesinado no estaba politizado y no había comida. Además, Mario Monje Molina, el líder del Partido Comunista Boliviano le exigió la jefatura de la guerrilla, algo que el Che no le iba a dar para dejarlo afuera”, cuenta el documentalista Norberto Forgione, director de De sus queridas presencias. Aislado, sin provisiones ni apoyo de los civiles era cuestión de tiempo para que los guerrilleros cayeran en manos del Ejército Boliviano.

Sin embargo, la captura del argentino es otro tema polémico. ¿Quién o quiénes hablaron? Por ahí leí que las fuerzas bolivianas estaban en retirada cuando los alertaron sobre la presencia del líder en la zona. Pero los generales no le tenían miedo a la guerrilla debilitada y mal abastecida, sobre todo porque tenían el apoyo del gigante del norte. Se suceden uno tras otro los posibles traidores y la duda eterna: ¿No conocían la CIA y el Ejército Boliviano los planes del Che de antemano?

El 9 de octubre de 1967 el coronel Joaquín Zenteno Anaya y el agente de la CIA Félix Rodríguez llegan por orden del alto mando a la Escuela de La Higuera. Al azar, le encomiendan la tarea al soldado Mario Terán: dispararle al prisionero capturado en la quebrada de El Yuro de la cintura para abajo. No querían que se supiera lo inevitable: el Comandante había sido ejecutado, no había caído en combate como se anunció en su momento.

Podrán morir las personas pero jamás sus ideas

“Es bastante común ver su cara como un accesorio de moda en estos días. Por desgracia, muchas personas no tienen idea de quién es. Muy poco se enseña acerca del marxismo o el Che Guevara en la educación pública y hay una gran cantidad de información errónea”, expone Mariam Ahmed, coordinadora de la Brigada de Trabajo Voluntario canadiense que difunde las ideas del guerrillero.

Mochilas, pancartas y remeras. El Che renace cada vez que lo pintan en una pared con aerosol. Pero, ¿por qué? ¿Qué representa este argentino?

El escritor cubano Hugo Chinea Cabrera, lo refleja con estas palabras: “Para nosotros el Che es un ídolo, un ejemplo de entrega, un paradigma de ser humano. Una presencia que nos inspira en la vida cotidiana. La noticia de su muerte me conmovió profundamente. Todavía hoy las fotos de su cadáver me humedecen los ojos. Sin embargo, vuelvo a ellas como si necesitara, inexplicablemente, convencerme de que dejó de existir ese hombre extraordinario’”.

El Che habla del valor, el coraje y el amor por la Patria. Su figura significa luchar por lo que cada uno cree verdadero, tener un propósito en la vida que nos exceda, ser conscientes de la miseria, la pobreza y la injusticia, y luchar por cambiar la realidad que nos es impuesta.

Hoy Ernesto Guevara de la Serna no es sinónimo de violencia porque su vida fue más que un fusil. Nadie justifica las muertes; todos aplaudimos sus enseñanzas: no hacer oídos sordos, no dar vuelta la cara, no agachar la cabeza por comodidad o egoísmo porque, como dice el Comandante, si el presente es de lucha, el futuro es nuestro.

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