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El beso más escandaloso del cine cumplió 20 años y ¡vuelve a la pantalla grande!

sarah michelle gellar selma blair cruel intentions 1
Columbia Pictures

Cruel Intentions se estrenó en 1999 y puede verse como un mojón simbólico del fin de los 90, un puente entre las películas adolescentes de esa década y las más cínicas, retorcidas y desaforadamente sexualesde los 2000.

Es que Cruel Intentions —o Juegos sexuales, como se conoció menos sutilmente en América Latina— fue una película adolescente atípica y excepcional.

Inspirada en la famosa novela epistolar del siglo XVIII, Les Liaisons dangereuses, pero cambiando la ambientación aristocrática dieciochesca por la Nueva York moderna, y a sus nobles franceses por adolescentes malcriados de clase alta, gran parte de la crítica se escandalizó con ella como si fueran lectores puritanos de la novela en 1782.

Pero la película tuvo algo mejor que críticas positivas: perduró en el tiempo.

Su legado se ha mantenido vigente y hasta renovado, lo que sugiere su condición memorable; una película que, aún si aceptamos los reproches a su guion y su dirección, es distinguidamente sensual y provocadora, trágica y oscura.

A 20 años de su lanzamiento, la película será reestrenada en cines de los Estados Unidos. Quizá sea un modo de testear a la audiencia y estudiar el panorama para una posible secuela o revival.

Vale recordar una de sus escenas icónicas.

El valor de lo prohibido

Columbia Pictures

Respetando la novela original, Cruel Intentions es una historia cargada de maldad, ambición y lujuria, lo cual le da un aire obsceno y turbio a todo ese contexto en apariencia sofisticado, elegante y distinguido en el que se mueven estos jóvenes.

En ciertos aspectos esenciales, la película acusa el paso del tiempo: la alusiones al sexo homosexual están asociadas a la corrupción moral y a lo prohibido (y también el consumo de drogas: cabe recordar que la reputación del personaje de Sarah Michelle Gellar es definitivamente destruida cuando todos se enteran de su consumo de cocaína).

Ese carácter prohibido y pecaminoso de la homosexualidad suele tener una excepción, proveniente de la mirada masculina: el lesbianismo.

Y el beso entre Sarah Michelle Gellar y Selma Blair es una expresión de esto, pero se convirtió en una de las escenas más memorables de la película porque, en cierto modo, ese beso condensa a toda la historia: es la maldad corrompiendo a la inocencia, es un choque entre la estratagema lujuriosa y los impulsos sexuales puros de la adolescencia, y contiene una pizca de perversión y una pizca de genuinos erotismo y sensualidad.

Suena difícil imaginar a otros actores tan adecuados como los del elenco de Cruel Intentions para esta historia.

Sarah Michelle Gellar y Ryan Phillippe como esos dos personajes desalmados, superficiales y lujuriosos, pero bellos y seductores, con un encanto innegable. La inocencia encarnada en belleza en Reese Witherspoon, y en sensualidad inexplorada e inconsciente de sí misma en Selma Blair.

Es por eso que las dos películas que le siguieron, Cruel Intentions 2 (una precuela) y Cruel Intentions 3 (una secuela), estrenadas directo en video y con otros actores, pasaron desapercibidas y a nadie les interesó.

Por mucho tiempo los productores detrás de Cruel Intentions han querido revivirla de algún modo.

Una serie de televisión fue creada y se produjo un piloto, pero no funcionó y la serie se canceló.

Fue adaptada en un nostálgico musical, inspirado obviamente en su banda de sonido imposiblemente noventosa, que incluia a Placebo, Blur, The Cardigans, Fatboy Slim, Counting Crows y ese escena final al ritmo de «Bittersweet Symphony» de The Verve.

Por una semana, la película volverá a los cines de los Estados Unidos, según anunció Sony Pictures.

Si la recepción es buena, probablemente no sea la última noticia que tengamos respecto a Cruel Intentions.

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