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Bright: David Ayer y Will Smith prueban que Suicide Squad no era lo peor que podían hacer

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Netflix

Bright fue la gran apuesta cinematográfica de Netflix en 2017. Una película que costó 90 millones de dólares, la cifra más abultada que la compañía ha desembolsado en una de sus producciones originales, su primer gran blockbuster, estrenado directa y exclusivamente por streaming.

Se describió como un thriller de acción policial contemporáneo con elementos fantásticos, y se anunció que David Ayer sería el director y Will Smith el protagonista.

Es casi inevitable verla como una especie de continuación espiritual de la decepcionante Suicide Squad, con esta dupla creativa involucrada y la intrigante premisa fantástica.

Si Suicide Squad era «Los doce del patíbulo pero con supervillanos», Bright podía verse como «Arma Mortal pero con orcos y elfos», un cruce entre una película buddy cop y una de alta fantasía. Un nuevo intento quizá de hacerlo bien para Ayer y Smith, ahora sin la presión que significa hacer un nuevo capítulo del Universo DC para Warner Bros. sino una película propia para una compañía con reputación de conceder libertad creativa a sus realizadores.

El resultado fue casi peor. O por lo menos más frustrante. No hay nada que brille en Bright.

Ni crítica social ni exuberante fantasía

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Matt Kennedy/ Netflix

Will Smith y un Joel Edgerton irreconocible interpretan, siguiendo la fórmula buddy cop, a una dupla de compañeros policías muy diferentes entre sí, que de todas maneras se ven obligados a trabajar juntos y dejar de lado, al menos cuando se trata de perseguir a los malos, sus irreconciliables diferencias.

La fórmula no tiene nada de nuevo pero suele ser efectiva. Mucho más con dos actores talentosos como Smith y Edgerton.

Hasta cierto punto, la evolución de la relación entre estos dos personajes, aunque nada tiene de original y todos sabemos adónde va a llegar, es lo único que funciona en la película.

El problema es que está inserta en una historia híbrida en la que las partes nunca encajan entre sí y tampoco se decide por qué camino debe tomar.

Un policía es humano (Smith) y el otro un orco (Edgerton). Esa es la gran diferencia que deberán limar.

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Matt Kennedy/ Netflix

Toda la primera mitad de la película es una metáfora rebuscada e inútil sobre el racismo.

El aspecto fantástico se desaprovecha por completo y se utiliza nada más que como una sustitución políticamente correcta y casi miedosa de la realidad: es mucho más fácil poner en boca de los personajes que «todos los orcos son estúpidos» o que «las vidas de las hadas ya no importan» o «¿por qué siempre los orcos tienen que ser los malos?», porque si en lugar de «orcos» dijeran «negros» sería demasiado violento u ofensivo.

Salvo por estos detalles, Bright no nos lleva a habitar y conocer un mundo fantástico nuevo y sorprendente, cargado de magia y asombro. Es el mismo Los Angeles que ya conocemos (por el cine, al menos), los mismos pandilleros y delincuentes de siempre, los mismos policías preocupados por su pensión y por su familia, aunque algunos lucen diferentes y los racistas odian a una raza llamada orcos.

En lugar de mostrarnos ese mundo y toda esa vasta mitología de razas, hechizos, artefactos mágicos, conspiraciones malévolas y profecías, todo esto está explicado mediante diálogos tan serios como ridículos.

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Matt Kennedy/ Netflix

La aparición de una varita mágica oficia como elemento sobre el cual gira todo el resto de la trama y la resolución, olvidando ya del todo la analogía del racismo y hundiéndose en un argumento fantasioso que carece de sustento, de vuelo y de esplendor visual, atado a ese realismo que afectó la primera mitad de la película y marcado por revelaciones que se veían venir.

Aparecen nuevos personajes que más que personajes son dispositivos para hacer mover la historia hacia donde convenga: una jovencita que acompaña a los oficiales y se convierte en un deus ex machina andante, y un grupo de villanos indistinguibles y genéricos liderados por Noomi Rapace que pueden ser o bien de una letalidad mágica implacable ante un grupo SWAT fuertemente armado o altamente inoperantes en contra de la dupla de héroes.

El racismo, aparentemente, es vencido en el final, salvo por el detalle de que la película le otorga a nuestro orco héroe la redención de ser reconocido por sus pares como un orco de sangre pura, lo que lo eleva por el resto de su raza y es una de las señales de su triunfo (!).

Netflix ya confirmó la secuela de Bright, tal vez para que David Ayer, ese gran director de acción,siga insistiendo en probar que puede hacer una gran película de fantasía. ¿La tercera será la vencida?