El juego de Gerald es la mejor adaptación de Stephen King en el año

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Hace unos años Mike Flanagan reunió 70.000 dólares a través del sitio de financiación en masa Kickstarter e hizo con ellos su primera película de horror, Absentia.

Lanzada directamente en video y DVD, pasó mayormente desapercibida, pero poco después Netflix la incluyó en su catálogo y se convirtió en un destacado éxito entre los suscriptores.

Aunque luego Flanagan haría un par de películas lanzadas en los circuitos más tradicionales (Oculus y Before I Wake), e incluso le permitirían llegar al cine de terror más comercial (Ouija: Origin of Evil), la popularidad de Absentia en Netflix sería el punto de partida para una fructífera colaboración entre el director y la compañía de streaming.

Después Netflix lanzó de manera exclusiva la película Hush de Mike Flanagan, que, como ya se hacía costumbre para el director, fue elogiada por los fans del género y por la crítica especializada.

Pero hubo además un elogio especialmente destacado para Hush, uno que le dio mucho más notoriedad del que hubiera tenido una película que salió casi sin ser promocionada: el de Stephen King.

Ya en el radar de Stephen King, y con estas películas en su haber, modestas en su presupuesto pero exitosas y populares en su catálogo y dentro de su género, Mike Flanagan tuvo un margen de negociación importante con Netflix, que aceptó entonces financiar y producir su siguiente película: una adaptación de una vieja novela de Stephen King, un proyecto que el director hacía mucho tiempo quería hacer pero al que distribuidores y financistas le habían dicho que no.

¿Una película infilmable?

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Es que El juego de Gerald, la novela publicada en 1992, era, a simple vista, una historia muy difícil o imposible de adaptar a la pantalla.

Una historia muy sencilla que transcurre en una única habitación y, esencialmente, con un único personaje, una mujer que además está inmovilizada, atada a una cama en la habitación de una casa en el medio de la nada.

Toda la novela consiste en un entramado de elementos reales y tangibles en esa habitación (un cadáver, un perro, etc.), con alucinaciones, diálogos de voces imaginadas, recuerdos y traumas pasados que ocurren en la cabeza de la mujer... O no.

¿Cómo se lleva esa historia a una película?

Bueno, una opción muy efectiva es la que adoptó Mike Flanagan.

La película es extremadamente fiel a la novela, tanto en la recreación de los eventos de la trama como en los temas y conflictos que habían sido planteados por Stephen King.

Los eventos de la trama: en un intento por salvar la pareja y su vida sexual, Jessie y Gerald viajan un fin de semana a una casa en las afueras.

Gerald, dando rienda suelta a su fantasía, esposa a Jessie a la cama. Jessie no está cómoda con la situación y se resiste, le pide que se detenga, pero Gerald avanza con su juego sexual, excitado ahora que las súplicas de Jessie son reales y no actuadas. La atmósfera comienza a cargarse de tensión y espanto.

(Nada de esto es spoiler, todo está en el tráiler)

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Minutos después, Gerald sufre un ataque cardíaco y cae muerto a los pies de la cama, dejando a Jessie atada, aprisionada, sin más presencia, en kilómetros a la redonda, que la de un perro abandonado y hambriento (que permitió una referencia a Cujo).

Carla Gugino brilla en la interpretación de un personaje que experimenta el horror en diversos niveles y manifestaciones, la desesperación, y que lo expresa sin moverse de su lugar. Aparece además duplicada y contrastada en otra versión de ella misma, calma y segura, en una visión recurrente que representa la voz de su conciencia o su razón.

Bruce Greenwood también se luce. Recrea a un Gerald primero sutil y soslayadamente despreciable, y después, revivido en la mente de Jessie, crecientemente espeluznante y repugnante, una extensión psicológica del abuso y la manipulación que infringió sobre ella.

Las relaciones abusivas, la manipulación, y, en definitiva, la violencia contra la mujer es el tema central, reflejado por partida doble y desencadenado por impulsos sexuales perversos, simbolizados con un par de esposas inexpugnables y subyugantes, y un eclipse que arroja oscuridad en una agradable tarde de verano.

La película, como la novela, juega con el límite entre realidad e imaginación, manejado con precisión por Mike Flanagan a través de la dirección y la edición, enriqueciendo el espacio cerrado que es la habitación en la que todo transcurre, logrando un ritmo siempre atrapante que alterna con flashbacks, y dejando imágenes y secuencias genuinamente escalofriantes.

El efecto, ocasionalmente, es uno que evoca la peor clase de terror: aquel del que no se puede escapar, y no necesariamente por estar esposado a una cama.

El final del juego

Spoilers

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La película se mantiene fiel a la novela también en el aspecto más controvertido y resistido por algunos fans desde que se publicó en 1992, su final.

Después de una brutal escena gore que tal vez por ser inesperada y gráfica resulta increíblemente impresionante, repulsiva y difícil de ver, la película apunta a una conclusión que la lleva a un terreno mucho más convencional y hasta un poco cursi, que contrasta con todo lo que se había visto antes.

Con el final, El juego de Gerald pierde algo de la fuerza y la riqueza temática que le daba ese juego ambiguo entre planos psicológicos, dramáticos y sobrenaturales al ingresar en explicaciones y resoluciones de asuntos que hubieran sido mucho más sugerentes y misteriosos sin ellas. Una explicación concreta y acabada es siempre mucho menos interesante que la posibilidad de diferentes explicaciones e interpretaciones.

Pero tanto el libro de Stephen King como la película de Mike Flanagan (quien dijo que sabía que había gente que iba a odiar el final pero que nunca había concebido la historia sin él) toman este camino, posiblemente, para potenciar otro punto de la historia, otra intención o mensaje que resulta compartible y satisfactorio, aún si es a costa de sacrificar aspectos de la historia.

La certeza de que no se necesita lo inexplicable y sobrenatural. Los peores horrores son reales y humanos.