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¿Qué opinó Philip K. Dick de la película Blade Runner, basada en su novela?

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Warner Bros

Philip K. Dick murió en marzo de 1982, un par de meses antes del estreno de Blade Runner.

El prolífico autor de ciencia ficción no llegó a ver la película completa y tampoco llegó a enterarse de que, aunque inicialmente las opiniones fueron divididas y no fue un gran éxito en la taquilla, Blade Runner se convertiría, primero, en una estimada película de culto, y más tarde en una de las obras más icónicas e influyentes del cine de ciencia ficción, constantemente revisitada, redescubierta y debatida.

La película de Ridley Scott está basada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, publicada en 1968.

La relación de Hollywood con esta novela y con su autor, es una digna de rememorar.

El problema del guion

Ya poco después de su publicación, a fines de los 60, Martin Scorsese quiso ocuparse de la adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? pero no logró asegurarse los derechos de la novela.

El que sí lo hizo, unos años más tarde, fue el veterano productor Herb Jaffe, que le encomendó a su hijo Robert, un incipiente guionista, escribir la adaptación.

Philip K. Dick leyó el guión de Robert Jaffe y opinó:

«El guión es horrible. Robert Jaffe viajó hasta Santa Ana para encontrarse conmigo y discutir el proyecto. Lo primero que le dije cuando se bajó del avión fue “¿te golpeo aquí en el aeropuerto o espero hasta que lleguemos a mi casa?”»

En 1977, Hampton Fancher, un actor que tenía una prolífica carrera principalmente en televisión, quería convertirse en guionista, y logró conseguir los derechos de la novela de Dick.

Este sería su primer proyecto como guionista cinematográfico.

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Warner Bros. Pictures

El primer borrador de Fancher deja de lado temas importantes de la novela, aspectos que tocan a la humanidad y la religión, enfocándose especialmente en asuntos medioambientales.

Philip K. Dick leyó esta versión y, naturalmente, para un autor tan celoso de su propio trabajo y de la correcta adaptación a la pantalla como cualquier otro, le pareció, una vez más, desastroso.

El problema de Hollywood

Todo esto, sumado a que la compañía encargada de la producción de la película lo había ignorado por completo y no lo estaban teniendo en cuenta en el desarrollo de la adaptación, profundizó su desconfianza o, mejor dicho, su simple aversión contra Hollywood.

Así que en una edición de la revista Select TV Guide en 1981, Philip K. Dick escribió un artículo criticando y ridiculizando públicamente el borrador del guión de Hampton Fancher. Y, de paso, también apuntó sus dardos contra la película anterior de Ridley Scott, Alien. Nada menos: así de furioso estaba.

Luego, no fuera que se les pasara por alto, envió por correo una copia del artículo a las oficinas de producción de Blade Runner.

Ante esta actitud combativa del autor, el estudio Warner Bros. y la producción intentaron enmendar las cosas con Dick.

Uno de los productores sugirió que la manera de solucionarlo era hacer que Philip K. Dick se involucrara en el proyecto, del que hasta entonces lo habían mantenido al margen, así que lo invitaron al estudio.

Según rememoró Dick en una entrevista, mitad en broma y mitad en serio, al principio se negó a ir:

«Se suponía que tenía ir. Me llamaban insistentemente para invitarme, una y otra vez, y yo demoraba la respuesta.

Yo pensaba: no, no puedo ir, estoy a dieta y no puedo comer toda la deliciosa comida que me van a ofrecer, lo único que quiero que me ofrezcan es cocaína gratis, pero no creo que haya cocaína gratis alguna. Entonces voy a ir y a empezar a preguntar quejumbroso y de mala manera “¡¿Dónde está la cocaína?!” y me van a decir “No hay cocaína, eso es un mito, estás leyendo demasiado TV Guide”»

En esa misma entrevista, Dick señala que al mismo tiempo que se hacía Blade Runner, estaba en marcha otra adaptación suya en Hollywood, una película llamada Claw basada en su relato Second Variety, que tenía guion de Dan O’Bannon (este proyecto quedaría inconcluso, aunque esa misma historia sería adaptada después en la película Screamers, de 1995).

La actitud de las diferentes producciones no hacían más que profundizar su enojo con los encargados de Blade Runner:

«Ellos [la producción de Claw] son muy agradables. Realmente me caen muy bien. Cada cambio que hacen me envían una copia y me piden mi opinión. Simplemente me tratan como un ser humano»

De todas maneras, finalmente Dick aceptó visitar el set de grabación de Blade Runner, aunque su primera impresión fue que se estaba poniendo demasiado énfasis en aspectos que no eran tan esenciales para él.

«Los sets y los escenarios, no cabe duda, son maravillosos.

Pero no puedo ir allí y colaborar con esta moda en que se ha convertido la ciencia ficción, que hace que la ambientación y los efectos especiales sean todo.

Como autor no puedo permitir eso, adoptar esa ideología, porque reduce a un escritor a un mero escenario y a un simple tratamiento de la trama que se impulsa con efectos especiales. El trabajo de un autor es más un medio para un fin, que un fin en sí mismo»

También sintió que había diferencias entre su visión y la de Ridley Scott:

«Ridley Scott es alguien que tiene un sentido visual más que narrativo. Y no intento con esto insultar a Ridley Scott.

Él simplemente piensa de manera visual, y es lógico, por algo hace películas. Es como debe ser.

Pero yo soy un escritor y pienso en términos narrativos, en términos de argumento»

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Dick creía que la película El hombre que cayó a la Tierra (The Man Who Fell to Earth, 1976), basada en la novela del mismo nombre de Walter Tevis, era el paradigma de una excelente adaptación, de un film que respeta la obra original. Con respecto al guion de Hampton Fancher, consideraba que eliminaba todas las sutilezas y significados de su historia original, y eso era lo que lo ponía furioso.

Tan furioso, que comenzó a imaginar lo que sucedería si presenciaba parte del rodaje de la película:

«Tenía esta visión en mi mente en la que iba al set de grabación y me presentaban a Ridley Scott, y luego me presentaban a Harrison Ford, que interpreta al personaje principal. Y yo estaría completamente deslumbrado, simplemente me quedaría allí parado con los ojos bien abiertos y fascinado.

Y luego vería cómo filman una escena. Y Harrison Ford diría: “Baja esa pistola o serás otro androide muerto”. Y ahí yo atravesaría el set rápidamente como una verdadera gacela y lo tomaría por el cuello y comenzaría a golpearlo contra la pared. Tendrían que correr todos para detenerme, llamar a seguridad que traigan un tranquilizante, y yo gritando “¡has destruido mi libro!”.

Luego saldría una pequeña nota en el periódico: “Autor desconocido con brote psicótico en set de Hollywood. Daños menores, casi todos ellos al autor”»

Esta curiosa fantasía del autor, sin embargo, no se cumpliría, ya que además de invitarlo al set, el guion de Hampton Fancher sufrió muchos cambios, algunos de ellos sugeridos por Ridley Scott, pero luego por un nuevo guionista, David Peoples, que se sumó al proyecto precisamente para dar pie a una versión más fiel a la novela.

Además, a pesar de su escepticismo acerca del énfasis en los efectos especiales, el diseño visual de Blade Runner, hoy icónico, terminó por cautivar al autor:

«En un noticiero de televisión vi un fragmento con los efectos especiales de Douglas Trumbull para Blade Runner, y lo reconocí de inmediato. Era mi propio mundo interior, el que había imaginado. Lo capturaron a la perfección.

Luego me enviaron el guion actualizado. Lo leí sin saber que habían llamado a otro guionista. ¡No podía creer lo que estaba leyendo! Era simplemente sensacional. Era el mismo guión de Fancher, podía reconocerlo, pero todo en él había sido revitalizado en un sentido fundamental.

Tras leer el guion, me puse a hojear la novela. Los dos se refuerzan mutuamente, de modo que alguien que había leído el libro podía disfrutar la película, y viceversa. Me asombró que [David] Peoples hiciera funcionar esas escenas. Me enseñó cosas de escribir que yo no sabía»

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Esa entrevista, en la que reveló sus temores, obsesiones y delirantes fantasías, es decir, la importancia que tenía para él la adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y que la película reflejara su obra, fue la última que dio Philip K. Dick, apenas meses antes de su muerte.

En ella, por último, se lamentó de tener que comprar o alquilar un esmoquin para asistir al estreno de gala de Blade Runner, dado que no era su estilo y prefería una camiseta.

Finalmente no asistió, pero la elegancia, la complejidad y la sofisticación de todas maneras quedaron plasmadas en Blade Runner, una película a la altura de la novela que la inspiró.