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Face/Off: el día que Nicolas Cage y John Travolta estuvieron frente a frente y se convirtieron en el otro

Buena Vista Pictures

A mediados de los 90, Nicolas Cage y John Travolta tuvieron un resurgir de su popularidad después de algunos años semi olvidados y de una serie de papeles desafortunados o de fracasos taquilleros.

Cage había devenido en gran héroe de acción con las películas The Rock y Con Air, mientras que Travolta había emergido como criminal cool después de haber sido sacado del ostracismo por Quentin Tarantino en Pulp Fiction, e inmediatamente después interpretar a otro mafioso en Get Shorty, una película que se quiso plegar indisimuladamente al éxito de la obra maestra de Tarantino imitando su estilo.

En definitiva, dos estrellas hollywoodenses que habían vuelto a toda su gloria y con nuevos bríos, dos figuras instaladas en la cultura popular que volvían a reclamar su lugar.

Por obra y magia del director John Woo, el destino los llevó a reclamar ese lugar juntos, en la película Face/Off, de 1997.

Cara a cara

Este cruce de caminos era algo realmente explosivo en ese momento.

El póster de la película lo evidencia: dos rostros, conocidos y familiares, fundidos en uno.

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Claro está que este póster tiene otras implicaciones.

La presencia de Nicolas Cage y John Travolta juntos en la pantalla era el menor de los asuntos, comparado con la ridícula pero ingeniosa vuelta de tuerca en la trama.

Así se describía la sinopsis oficial:

Con la intención de desbaratar una conspiración extorsiva, un agente del FBI se somete a una cirugía de transplante facial y asume la identidad y la apariencia física de un terrorista, pero el plan va de mal en peor cuando este mismo terrorista asume la identidad del agente del FBI.

La película comienza con un flashback de seis años antes, que nos muestra cómo un villanísimo Nicolas Cage, en el papel de un terrorista llamado Castor Troy (un nombre perfecto), intentó asesinar al héroe John Travolta, que interpreta al agente especial del FBI Sean Archer, y mató sin querer al pequeño hijo del oficial.

Así establecidos los roles antagónicos, ocurren los respectivos procedimientos quirúrgicos (pero reversibles), lo que volvió a poner a los actores en el tipo de papel que ya venían interpretando exitosamente en los años recientes; ahora el duro agente del FBI y héroe trágico Sean Archer tiene el rostro de Nicolas Cage y el sociópata asesino el de Travolta, aunque ambos conservan algún gesto o inflexión de la voz del otro.

Cuando Cage supo que su personaje era Castor Troy, un maligno villano, se había negado a protagonizar la película. Aceptó cuando le hicieron notar que de todas maneras aparecería en el papel del héroe a lo largo de casi todo el film.

Cage y Travolta se reunieron diariamente durante dos semanas previamente al rodaje para identificar los rasgos más salientes e incorporarlos a su interpretación del otro.

El gran truco no estuvo exento de humor, con un chiste que tiene incluso alcance metacinematográfico: Castor Troy en un momento se refiere al “ridículo mentón” de Sean Archer, es decir, el suyo tras la operación: en otras palabras, ese es John Travolta interpretando a Nicolas Cage criticando su propio mentón.

No es un dato menor para entender el tono de la película, y también ese misterioso encanto surgido de algún lugar no del todo identificable a medio camino entre la ficción y la realidad, entre Travolta/Cage y Archer/Troy.

Una anécdota cuenta que al leer esta parte del guión sobre su mentón, Travolta pensó que los guionistas se estaban burlando de él, pero los guionistas le explicaron que el personaje, Castor Troy, es un ególatra que se hubiera burlado de cualquier rostro que no fuera el suyo y que, sobre todo, se viera obligado a portar.

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Una historia de ciencia ficción que no fue

Si ahora mismo es imposible leer la descripción de la trama sin esbozar una sonrisa al tan solo imaginar lo ridículo de la premisa y a Nicolas Cage y John Travolta en roles invertidos, imaginen lo que fue en 1997, cuando el término «cirugía de trasplante facial» era poco menos que de ciencia ficción.

En efecto, la versión original del guión —escrito por la dupla de Mike Werb y Michael Colleary en 1990, con la idea de poner a Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone como protagonistas— que le llegó al director John Woo ambientaba la historia en un futuro, situándola en un terreno más sci-fi, pero el director prefirió dejar la historia en los tiempos actuales, y centrarse ya no en el aspecto de la proeza tecnológica o lo curioso del intercambio de rostros de los protagonistas, sino en los elementos más puramente dramáticos y psicológicos de la historia.

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Una decisión que probablemente fue crucial para rescatar a la película de su costado más estrafalario y absurdo, y le permitió ser algo más que una simple excusa para poner a dos actores célebres enfrentados e interpretándose mutuamente, en una trama clásica de persecución y acción, con la predilección conocida del director por lo desmesurado.

Al momento de dirigir Face/Off, John Woo ya había revitalizado el cine de acción hongkonés y era el responsable de la renovada notoriedad internacional del género gracias a películas como A Better Tomorrow (1986), The Killer (1989) y Hard Boiled (1992).

Esto le permitió dar su salto a Hollywood, donde hizo las películas Hard Target (1993) protagonizada por Jean-Claude Van Damme, y Broken Arrow (1996), con John Travolta y Christian Slater, con las que no tuvo tanta suerte y no fueron grandes éxitos, pero que le permitieron tal vez aprender a lidiar con las exigencias de los grandes estudios americanos.

O, en todo caso, aprender a prescindir de éstas. Face/Off fue la primera película en la que tuvo una casi absoluta libertad creativa, lo que le dio la posibilidad de incurrir en todos sus excesos a sus anchas y también de volver a probar sus virtudes.

Volcado entonces a explorar los aspectos dramáticos y psicológicos de la historia, John Woo se las arregló para sacar lo mejor de lo descabellado y poco realista de la premisa, y ocasionalmente sortearla poniendo su foco sobre algunos temas presentes en ella de innegable atractivo.

Después de todo, la idea del héroe y el villano como dos caras de la misma moneda, como dos opuestos que, obligados a mirarse desde las antípodas de un mismo eje moral, inevitablemente se atraen, ya ha sido bastante explorado en la ficción y en el cine. Sin ir más lejos en la notable Heat (1995) de Michael Mann, otra gran película de acción de los 90 que, aunque un poco más refinada, también puso frente a frente a dos grandes luminarias hollywoodenses del momento, Al Pacino y Robert De Niro.

Esta idea central aquí se ha llevado al extremo, naturalmente.

Face/off llevó hasta lo literal la noción de que la sed de venganza rebaja a un hombre y lo iguala a su peor enemigo, aunque sin perderse en complejidades morales; aquí el héroe y el villano sencillamente invierten sus roles y viven de manera transitoria la vida de su archienemigo, confirmando que no es para ellos, lo que da algunos de los mejores momentos de la película.

Pero sobre todo permitió a sus actores, John Travolta y Nicolas Cage lucirse, para dar origen a uno de los últimos clásicos del cine de acción de la década del 90.