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Un grupo de personas pasó 40 días sin celular en una cueva: te decimos qué les pasó

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Un grupo de personas pasó 40 días en una cueva para explorar los límites del aislamiento humano y los resultados fueron inquietantes.

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Ramil Iusupov/iStock/Thinkstock

El aislamiento social fue un tema recurrente en 2020 debido a las restricciones de la pandemia; sin embargo, gran parte de la población podía lidiar con la cuarentena en su casa, con Internet, celular y otras comodidades.

Aunque no eran recomendadas las reuniones, las personas podían estar en comunicación con sus seres queridos virtualmente.

mujer en cuarentena coronavirus
Liudmyla Guniavaia/Shutterstock

Un experimento llamado Deep Time, organizado por el Instituto Humano de Adaptación en Francia, llevó el aislamiento humano al límite en un experimento de 40 días con 15 personas.

El grupo de voluntarios franceses accedió a pasar el periodo en una cueva sin celular, relojes ni luz solar.

Durante el aislamiento, los participantes; 8 hombres y 7 mujeres de entre 27 y 50 años; durmieron en tiendas de campaña, generaron electricidad con una bicicleta fija y obtuvieron agua de un pozo de 44 metros de profundidad.

Dado que no tenían relojes, las personas debían seguir su reloj biológico para saber cuándo comer, dormir o hacer otras actividades diarias.

Sin embargo, según los resultados del experimento, los voluntarios perdieron la noción del tiempo rápidamente. Uno de ellos pensó que habían estado 23 días en la cueva, en lugar de 40.

Johan Francois, uno de los participantes, dijo que corría 9 kilómetros en círculos todos los días para mantenerse en forma y sentía «deseos viscerales» de salir de la cueva.

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No todos los voluntarios sintieron la misma urgencia de Johan Francois. 10 de ellos dijeron que querían permanecer en la cueva durante más tiempo.

«Por una vez en nuestras vidas, fue como si pudiéramos presionar el botón de pausa. Por una vez en nuestras vidas, tuvimos tiempo y pudimos dejar de vivir y hacer nuestras tareas. Fue genial», dijo Marina Lançon en una entrevista con The Guardian.

Aunque no le hubiera molestado permanecer más tiempo en la cueva, Lançon también dijo que se sentía feliz de regresar al aire libre y volver a escuchar el canto de los pájaros.

Los participantes fueron vigilados con sensores durante el periodo de aislamiento para comprobar los patrones de sueño, la interacción social entre las 15 personas y sus funciones cognitivas.

Triff/Shutterstock

Asimismo, la actividad cerebral de los voluntarios fue recopilada antes de entrar y después de salir de la cueva para comprobar si sus cerebros habían cambiado de alguna forma.

El grupo volvió a ver la luz del día del sábado 24 de abril después de 40 días sin contacto con el exterior. Las personas recibieron lentes oscuros especial para no dañar su vista y el evento se convirtió en una noticia nacional en Francia.

Christian Clot, director del proyecto y participante del experimento, dijo que el objetivo es comprender el comportamiento humano en condiciones de vida extremas.

«Nuestro futuro como humanos en este planeta evolucionará. Debemos aprender a comprender mejor cómo nuestro cerebro es capaz de encontrar nuevas soluciones, sea cual sea la situación», dijo Colt al salir de la cueva.

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