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¿No te dan miedo las historias de terror? Tu cerebro podría ser diferente al de los demás

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Existe una rara condición en el cerebro que podría ser responsable de que algunas personas no se asusten tan fácilmente.

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Para la mayor parte de la población es sencillo recrear imágenes en la mente; si a alguien le dicen que imagine un atardecer, un perro o le sugieren contar ovejas para dormir lo puede hacer.

Sin embargo, existe un segmento de personas que no pueden recrear imágenes con su ojo mental, como lo han nombrado los científicos.

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Se calcula que una de cada cincuenta personas, o entre el 2% y 5% de la población, viven con afantasia, condición con la que las personas son incapaces de recrear imágenes en su mente.

El fenómeno fue identificado por primera vez en 1880, pero no fue tema de interés médico hasta más de un siglo más tarde.

En los últimos años, se han realizado estudios que asocian la afantasia con procesos cognitivos como como recordar, soñar e imaginar, que están relacionados al comportamiento.

Sin embargo, una investigación reciente utilizó un nuevo método para comparar objetivamente la diferencia de reacción ante el miedo entre personas con la condición y quienes no la padecen.

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Algunos estudios psicológicos utilizan electrodos en la piel para medir el nivel de conductividad, pues se relaciona directamente con el estado emocional de las personas.

Si alguien se siente asustado o angustiado, la piel se convierte en un mejor conductor de electricidad.

De esta manera, un grupo de investigadores comparó la conductividad de la piel de personas con afantasia y otras que no la padecen al escuchar historias de terror.

Los científicos reunieron a 46 participantes, 22 con afantasia y 24 sin ella, en un cuarto oscuro en el que narraron historias de miedo que incluían caerse de un acantilado, ser perseguido por un tiburón o un accidente aéreo.

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Los resultados revelaron que los niveles de conductividad eléctrica en la piel de las personas que podían visualizar imágenes en la mente crecieron rápidamente en comparación con aquellas que no.

«Cuanto más avanzaban las historias, más reaccionaba su piel. Pero para las personas con afantasia, los niveles de conductividad de la piel son prácticamente planos», explicó Joel Parsons, líder de la investigación, en un comunicado.

En ese tipo de experimento existía un sesgo porque cada persona puede tener umbrales de miedo y angustia distintos. Por lo tanto, repitieron el método de los electrodos, pero esta vez mostrando imágenes en lugar de palabras.

Las imágenes aterradoras asustaron con éxito a todas las personas, sin importar si tenían afantasia o no. Por lo tanto, los investigadores demostraron que la construcción de imágenes mentales son fundamentales para la respuesta emocional de los humanos.

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«Encontramos la evidencia más sólida hasta el momento de que las imágenes mentales juegan un papel clave en la vinculación de pensamientos y emociones. En todas nuestras investigaciones realizadas hasta la fecha, esta es, con mucho, la mayor diferencia que hemos encontrado entre las personas con afantasia y la población en general», dijo Parsons.

Esto no significa que las personas con afantasia sean inmunes al miedo, sino que la respuesta mental es distinta por la incapacidad de formar imágenes con el ojo mental.

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Según el investigador, los resultados sugieren que la afantasia no está relacionada con la reducción emocional, pues, cuando visualizan lo mismo que otras personas sin la condición, la respuesta es la misma.

Todavía existe un campo amplio de investigación sobre la afantasia; sin embargo, el estudio de la respuesta emocional es un avance científico para la comprensión de esta rara condición.

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