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Los antiguos griegos no veían el azul: la ciencia explica por qué es un color nuevo

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Los registros de civilizaciones antiguas, como la griega, no mencionan el color azul y es posible que nunca hayan visto el color del cielo.

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En la actualidad, el azul es un color fácil de identificar porque existe una palabra para clasificarlo y sabemos que el cielo o el mar son de esa tonalidad.

Sin embargo, el color es relativamente nuevo y eso no significa que hace miles de años no hubiera cosas azules, pero la clasificación es resultado de la evolución del lenguaje.

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En La Odisea de Homero, el mar es descrito como color vino oscuro, mas no azul o ni siquiera verde. El lingüista William Gladstone descubrió en 1858 que esa no era la única descripción extraña del color.

También existen descripciones extrañas del hierro y las ovejas como violetas o la miel verde, así que Gladstone contó todas las referencias a colores en el libro.

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El académico descubrió que el negro y el blanco son los colores que más se mencionan, 170 y 100 veces, respectivamente; seguidos de 13 ocasiones rojo y 10 veces verde y amarillo. Sin embargo, la palabra azul no aparece en toda la obra.

Los escritos de Homero retrataban Grecia carente de color en el que solo se distinguían en blanco y el negro, con destellos ocasionales de tonalidades más brillantes, como el verde y el amarillo.

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La primera teoría indicaba que los habitantes de la antigua Grecia veían los colores diferentes en comparación con la actualidad o que todos eran daltónicos, pero la visión se desarrolló millones de antes.

El filólogo Lazarus Geiger descubrió que el fenómeno no era exclusivo de los griegos, pues analizó textos de otras culturas y todos tenían menciones al blanco, negro, amarillo y verde, pero ninguno al azul.

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Geiger encontró un patrón en todas las culturas antiguas en el que primero asignaron una palabra para blanco y negro u oscuro y claro. Después amarillo y verde, pero el azul era el último color en ser asignado con una palabra.

La única cultura que desarrolló una palabra para el azul antes que el resto fueron los egipcios, pues era la única civilización que podía producir tintura azul.

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El azul no es un color común en la naturaleza. Los ojos azules son raros, así como los animales y las plantas. Por lo tanto, no había necesidad de asignarle una palabra.

En el caso del cielo y el mar, no son necesariamente azules, pues también son descritos blancos o verdes.

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La neurociencia descubrió que el cerebro es capaz de identificar el color una vez que se le asignó una palabra.

Por ejemplo, el rosa solo es una tonalidad más clara de rojo; sin embargo, lo vemos diferente porque asociamos que es distinto. Si no lo supiéramos, las cosas rosas serían rojas.

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La descripción del mar como vino oscuro de Homero no es tan descabellada. Si en una paleta de colores identificamos el azul marino, se puede notar que está muy cerca del negro.

La tribu Himba en Namibia habla un idioma en el que no existe una palabra para el azul. Un investigador realizó un experimento y les presentó una tabla con 10 cuadros verdes y uno azul.

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Los Himba tuvieron dificultades para saber cuál era la figura diferente; sin embargo, ellos tienen más palabras para las diferentes tonalidades de verde y pudieron diferenciar los cuadros cuando aparentemente todos eran del mismo color.

Para alguien que no habla el idioma de los Himba, es más difícil encontrar la diferencia porque no conoce la palabra asignada para los distintos tipos de verde.

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Cuando el cerebro conoce una palabra nueva para una tonalidad, es capaz de aislarla e identificar todos los objetos que son de ese color. Sin la palabra, el color existiría, pero los ojos no exagerarían la diferencia.

Las civilizaciones antiguas tenían las mismas capacidades visuales que tenemos en la actualidad, pero no eran capaces de diferenciar el azul porque sus cerebros no estaban entrenados para hacerlo.

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