¿La Matrix existe? La realidad podría ser una alucinación y la ciencia explica por qué

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Warner Bros./Difusión

Nada mejor que comenzar a hablar de ciencia que con una cita de Los Simpson. ¿Recuerdas cuando Bart le preguntó a su papá qué es la mente? A esa pregunta, Homero respondió: «¿Qué es la mente? ¿Algo real? ¿Qué es lo real? Nada realmente». Tal vez esa frase suena sin sentido, pero de hecho la ciencia la respalda. Con esa lógica es como se ha establecido que la realidad podría ser una alucinación.

Anil Seth es un neurocientífico especializado en temas de consciencia y que imparte clases en la Universidad de Sussex. En múltiples ocasiones ha hablado de cómo percibimos lo que sucede a nuestro alrededor y, aunque podría sonar descabellado o incluso "conspiranoico", las pruebas lo respaldan.

En una plática TED de 2017, Seth explicó como se forma la realidad (qué intenso se escucha eso). Es un proceso en apariencia sencillo: para conocer lo que te rodea, tu cuerpo recibe los estímulos del exterior para mandárselos al cerebro y que éste entienda qué está pasando allá afuera. Tu nariz percibe el olor del tocino y tu mente dice: «Ah, reconozco eso. Hay tocino en el sartén».

Nuestros cerebros saben que ese aroma pertenece a ese alimento porque se basan en el conocimiento previo para llenar los espacios vacíos de lo desconcido y comprender lo que ocurre. Es una estrategia vital para sobrevivir. Pero lo que este procedimiento deja al descubierto es que lo que sabemos del mundo es una interpretación de lo que el cerebro entendió con los recursos que tuvo a la mano, y no porque este órgano haya "visto" todo con "sus propios ojos".

Con eso en cuenta, Anil Seth propone que no conocemos la realidad como en verdad es. Y esa distorsión es lo que conocemos como alucinaciones. Al percibir algo sin control, sin el orden lógico de lo que consideramos normal (como ver a tu amigo y que tenga cabeza de rana), estamos ante este fenómeno. Cuando la sociedad establece qué es lo normal, eso se vuelve la norma. Así, lo que llamamos "real" sería una especie de alucinación controlada.

El neurocientífico utilizó un ejemplo para ilustrar cómo nuestros sentidos no siempre son de fiar. Se trató de un experimento en el cual se ocultó una mano del participante y en su lugar se colocó una extremidad de hule, la cual era acariciada con un pincel. Después de un tiempo de ver lo que sucedía, la persona percibía una extraña sensación en su brazo escondido, como si en verdad lo estuvieran tocando.

Es más, incluso cuando otro individuo llegó corriendo a clavarle un tenedor a la mano falsa, el participante quitó su mano real a toda velocidad. Con lo que sus ojos veían, su cerebro creyó que ese objeto sí era parte de su cuerpo y reaccionó para no ser lastimado.

El objetivo de reconocer que el mundo podría no ser como siempre hemos creído no es que entremos en pánico porque nada existe y todo es una mentira. Al contrario, Seth lo propone como una oportunidad de admitir que el mundo aún guarda misterios por conocer y que los seres humanos no somos el centro del universo, sino una parte más de él:

«Con un mayor sentido de entendimiento viene un mayor sentimiento de asombro, y una mayor realización de que somos parte de y no que estamos aparte de la naturaleza».

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