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Biografía de Albert Einstein: la vida de un genio

La fuerza de gravedad segun Einstein 2
Wikimedia Commons/Ferdinand Schmutzer

Pocos nombres en la historia han estado tan asociados a la palabra genio como el de Albert Einstein.

Aunque su trabajo pertenece al complejo ámbito de la física teórica, inalcanzable e incomprensible para cualquiera que no haya dedicado años a su estudio, sus aportes ya forman parte del lenguaje popular y hoy todos podemos reconocer su legado en la fórmula E=mc² (denominada la ecuación más famosa del mundo) y en la mención a la teoría de la relatividad, aún sin poder explicarlas. O en el chiste de la mujer con el mejor físico.

Un vistazo a la vida y obra de Albert Einstein permite comprender el duradero impacto que causó y el legado que dejó en la historia.

El mito del mal estudiante

Public domain, via Wikimedia Commons

Albert Einstein nació en 1879 en la ciudad de Ulm, perteneciente en ese entonces al Imperio alemán, pero al año siguiente la familia se mudó a Múnich ya que su padre —un ingeniero eléctrico— iba a iniciar una nueva compañía junto con su hermano.

Cuando Albert tenía 15 años su familia volvió a mudarse por motivos económicos, ahora a Italia, pero el futuro físico se quedó en Múnich para finalizar sus estudios.

Su padre, naturalmente, quería que siguiera sus pasos y se convirtiera en ingeniero eléctrico, pero Einstein comenzó a enfrentarse cada vez más con la dirección de la escuela, descontento con el funcionamiento y con los métodos de enseñanza, que consideraba que anulaban la creatividad y la curiosidad y bastaba con aprenderse las cosas de memoria.

Estos enfrentamientos fueron tal vez los culpables del mito de que Einstein era un mal estudiante en su juventud, que posteriormente ha sido utilizado para sembrar la esperanza de ser un futuro genio en cualquier estudiante regular.

A los 16, Albert Einstein tomó el exámen de admisión de una escuela secundaria de Zúrich y, en la parte general de la prueba, no alcanzó el mínimo puntaje exigido, lo que también puede haber contribuido al mito.

Pero en los apartados relativos a física y matemáticas su desempeño fue excepcional.

Lo cierto es que las habilidades de Einstein en estas disciplinas fueron notorias desde que era muy pequeño, y en matemáticas estuvo todos sus años de estudiante en un nivel muy por encima del de su edad y de sus compañeros.

A los 12 años Einstein aprendió álgebra y geometría euclidiana por su propia cuenta y en un solo verano, y además encontró una nueva forma de probar el teorema de Pitágoras. Uno de sus tutores reveló que le dio un libro de geometría a los 12 años y que en poco tiempo se lo había devorado y había continuado aprendiendo por sí solo hasta que él mismo ya no podía seguirlo. A los 14 años y de forma autodidacta ya dominaba el cálculo diferencial y el integral.

También incursionó en la filosofía. A los 13 años leyó la Crítica de la razón pura y Kant se convirtió en su filósofo predilecto. «Era todavía un niño» dijo después su tutor, «y sin embargo las obras de Kant, incomprensibles para el resto de los mortales, parecían muy claras para él».

En 1896, con la aprobación de su padre, Einstein renunció a su nacionalidad para eludir el servicio militar y continuar con sus estudios. Poco más tarde, ese mismo año, se graduó de secundaria con las notas más altas en física y matemáticas, y se alistó en una especialización en esas disciplinas que duraría cuatro años.

En esa clase había una sola mujer que también cursaba física y matemáticas. Se llamaba Mileva Marić y era la futura esposa de Einstein. Se casaron en 1903.

El mundo académico conoce a Einstein

By Lucien Chavan [Public domain], via Wikimedia Commons

Albert Einstein se graduó de su especialización en física y matemáticas en 1900, pero sus primeros años no fueron fáciles.

Pasó por lo menos dos años buscando un puesto como profesor en Suiza, pero no tuvo éxito.

Consiguió, sin embargo, un empleo en la oficina de patentes en la ciudad de Berna, donde comenzó a relacionarse con toda clase de inventos y dispositivos mecánicos y eléctricos. Allí comenzarían a surgir ciertas preguntas, relacionadas a la transmisión de señales eléctricas o la sincronización temporal entre sistemas eléctricos y mecánicos, que luego serían cruciales para sus descubrimientos.

Por esa misma época, armó un grupo de discusión con sus amigos de Berna al que, con aires de irónica grandeza, llamó «Academia Olimpia», pese a que no eran más que tres o cuatro profesores que se reunían en su casa a discutir de ciencia y filosofía. Aún así, el análisis de obras como las de Henri Poincaré, Ernst Mach y David Hume que llevaron a cabo en este grupo, fueron muy influyentes para Albert Einstein y su futuro trabajo.

1905 fue el año en que Albert Einstein deslumbró a la comunidad científica e hizo su nombre conocido. Tenía 26 años.

Fue el año en que completó su tesis (una disertación titulada «Una nueva determinación de las dimensiones moleculares») pero sobre todo el que publicó cuatro revolucionarios artículos académicos (sobre el movimiento browniano, la teoría de la relatividad especial, el efecto fotoeléctrico y la equivalencia de masa y energía), que pasarían a conocerse como los papers del Annus mirabilis de Einstein, es decir, el año milagroso (una racha impactante de absoluta genialidad toda de golpe).

Sus cuatro artículos fueron la fundación de la física moderna y cambiaron la visión que se tenía sobre conceptos como el espacio, el tiempo, la masa y la energía.

El mundo conoce a Einstein

grandes citas de albert einstein 3
Wikimedia Commons

Con estos créditos, finalmente sí fue considerado para un puesto de profesor en la Universidad de Berna. Y no sólo eso: bajo recomendación del profesor Alfred Kleiner, la Universidad de Zúrich creó un nuevo curso de física teórica, del que Einstein se hizo cargo en 1909.

Luego se mudó a Praga, donde escribió 11 artículos académicos más, y tras un breve regreso a Zúrich, en 1913 fue votado como miembro de la Academia Prusiana de las Ciencias; los científicos Max Planck y Walther Nernst lo visitaron en Zúrich para convencerlo de sumarse a esta academia, aunque para eso tenía que mudarse a Berlín.

Lo hizo, y luego fue designado presidente de la Sociedad Física Alemana.

Einstein desarrolló su famosa teoría de la relatividad general en 1915, pero evidentemente un hallazgo de esta naturaleza fue resistido y considerado controvertido por un buen tiempo. Por algunos años, la discusión sacudió la comunidad científica, pero no salió demasiado de allí.

Sin embargo, en 1919, durante un eclipse solar, el astrónomo inglés Arthur Eddington confirmó la predicción de Einstein de que la luz de otra estrella sería desviada por la gravedad del Sol. Este evento fue ampliamente cubierto por la prensa mundial y el nombre de Einstein llegaría a oídos de todo el mundo.

The Times, el principal periódico inglés, tituló: «Revolución en la ciencia. Nueva teoría del universo. Las ideas de Newton han sido derribadas».

Ya con fama creciente, la figura de Einstein se acercaba más a la del célebre científico e intelectual que hoy conocemos, respetado y conocido por todo el mundo más allá del ámbito científico.

Einstein, intelectual y político

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En 1921 recibió el Premio Nobel de física, por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico, y ese mismo año viajó a los Estados Unidos por primera vez, lo que originó uno de sus primeros ensayos no científicos, titulado «Mi primera impresión de Estados Unidos».

A lo largo de su carrera Einstein escribió cerca de 150 trabajos no científicos.

Por fuera de su carrera académica, y como figura intelectual y política, Albert Einstein se destacó por apoyar la temprana lucha por los derechos civiles de los afroamericanos y por una clara postura antirracista, por el apoyo a las causas sionistas, y por el apoyo al socialismo y la crítica al capitalismo, lo que le valió la apertura de un expediente secreto por parte del FBI, en 1932.

También, como se sabe, discutió mucho sobre asuntos espirituales y la existencia de Dios; se declaró agnóstico, aunque también manifestó su creencia en el dios panteísta del que habló el filósofo Baruch Spinoza, en contraposición a ese dios personal que se ocupa de nuestras acciones y destinos, lo que consideró una ingenuidad.

Entre la década del 20 y los primeros años 30 Albert Einstein recorrió el mundo, dando conferencias, recibiendo premios y distinciones y conociendo otras figuras políticas, científicas e intelectuales alrededor del planeta.

Era miembro del Comité Internacional de Cooperación Intelectual, un organismo de la Sociedad de las naciones en Ginebra.

Nazismo y Segunda Guerra Mundial

En 1933, cuando Adolf Hitler llegó al poder en Alemania, Einstein se encontraba en Estados Unidos, y naturalmente no regresó a su país.

Se estableció allí, y comenzó a trabajar en el Instituto para Estudios Avanzados en Princeton, Nueva Jersey, donde se desempeñó hasta su muerte. En 1940 obtuvo la ciudadanía estadounidense y, naturalmente, pasó a formar parte importante de política y la sociedad americana.

En las vísperas de la Segunda Guerra Mundial, le escribió una carta al presidente Roosevelt advirtiéndole sobre el potencial desarrollo de «nuevos tipos de bombas extremadamente poderosas», y le recomendó al gobierno que investigara al respecto, lo que desembocaría después en el famoso Proyecto Manhattan, aunque Einstein se había mostrado contrario a la utilización de la recientemente descubierta fisión nuclear como arma.

Un cerebro digno de estudio

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Al. Aumuller/NYWT&S

En abril de 1955 Einstein sufrió una hemorragia interna causada por un aneurisma y fue trasladado al Hospital de Princeton. Llevó con él el borrador de un discurso que tenía preparado para dar por televisión con motivo del séptimo aniversario del estado de Israel. Pero murió antes y no llegó a completarlo.

En el hospital se había negado a recibir una cirugía. «Es de mal gusto prolongar la vida artificialmente» había dicho antes, «ya he cumplido mi parte, es hora de irme. Lo haré de forma elegante».

Murió a los 76 años.

Durante la autopsia, el médico de Princeton tomó el cerebro de Einstein sin permiso de su familia, con la intención de preservarlo para que en un futuro la neurociencia determinara por qué era tan inteligente.

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