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Etnia, sexualidad, condición y otros tópicos que forjaron la historia del tatuaje femenino

tendencia tatuajes 2016
Eyecandy Images/Thinkstock

La historia del tatuaje en lo que concierne a la mujer, se ha escrito estigmatizada durante décadas por los más variopintos estereotipos.

Simplemente partiendo de la idea de que hace unos años, los tatuajes estaban mal vistos para los hombres, nos podemos ya imaginar las terribles connotaciones que acompañaban a una mujer tatuada, figura mucho mas degradada debido al machismo pero, ¿y si además era negra y lesbiana?

Hace relativamente pocos años, un hombre tatuado era por defecto un expresidiario o un marinero. Pero las mujeres no se han librado en absoluto de sus etiquetas correspondientes. Una mujer tatuada, o peor aún, excesivamente tatuada, era asignada directamente a alguno de los grupos sociales relegados y considerados indecentes. 

Uno de los estereotipos para una mujer muy tatuada en décadas pasadas, sería el de portada de revista de tatuajes. Es decir, que tendría una cierta aceptación si era considerada poco menos que un especimen salido de esas revistas. Un ser extraño y casi temido, abandonado al mundo pecaminoso de mujer objeto con poca ropa y muchos tatuajes con el único objetivo par el resto de su existencia de moverse en ese mundo marginal y ser parte y representación del mismo.

Otro estereotipo achacado a cualquier mujer que se tatuara era un compendio de lesbianismo y presidio. Sí la mujer era de raza negra, el pack estaba completo. Sus tatuajes la habían definido ya de por vida y ya no había duda de que era un ser del que alejarse. Suerte que estas mujeres fuertes y con personalidad, siempre supieron que eran ellas las que debían alejarse de la incultura y las mentes cuadriculadas y pobres.

De extrarradio, bandas y mala vida, este es otro tópico generalizado con el que han tenido que lididar mujeres de todo el mundo duránte lustros. Una mujer tatuada puede ser muchas cosas desde los obsoletos y cerrados criterios de antaño. Y por supuesto, no podía faltar la etiqueta de miembro de bandas callejeras que atemorizan a los transeuntes y entran en terribles luchas entre ellas.

¡Cuántas chicas tatuadas habrán sido etiquetadas en estos roles sin el más mínimo fundamento!

De vida alegre, la madre de todas las etiquetas. Cuánto han tenido que aguantar las mujeres cuando, hoy en día aún, se les sigue etiquetando así a la mínima ocasión. Cambian los supuestos motivos pero sigue la ignorancia.

Antes era porque una mujer se tatuara, hoy por cualquier otra cosa. Al menos nos quedaremos con lo positivo de que por fin parece que se superó el absurdo hecho de que una mujer tatuada tuviera que ser una prostituta o una buscona.

Una mujer muy tatuada podía también entrar en el fenómeno circense. Muchas personas murmurarían a su paso que si iba así de tatuada sólo podía ser porque pertenecía a alguna atracción de circo, la mujer más tatuada del mundo o algo así.

Por eso había que tratarla como a una bestia y descartar su humanidad o la remota posibilidad de que fuera una persona integrada y capaz para una existencia totalmente normal. Otro lastre más.