5 ingeniosas historias de falsificadores que terminaron mal

5 ingeniosas historias de falsificadores que terminaron mal
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Algunos historiadores señalan que durante la Edad Media se vendieron tantos trozos de la Cruz de Cristo y tantas espinas de la corona, que de haber sido auténticos, Jesús tendría que haber muerto unas cuantas veces. «Todo lo que reluce no es oro» dice el refrán para advertirte que no te dejes engañar por algo falso. Ahí está la pirita, el «oro de los tontos» para atestiguarlo. Estas son 5 ingeniosas historias de falsificadores que terminaron mal.

5. ¿El cándido Elmyr de Hory?

No está claro si este húngaro fue un pícaro o el hombre más ingenuo del que se tenga noticia. El mercado del arte fue inundado por más de mil pinturas falsas de su autoría. Elmyr de Hory no negaba ser un imitador, pero se defendía diciendo que vendía las obras sin firmar, por lo que la estafa era de otro. Conoció personalmente a Pablo Picasso y a Henri Matisse y los imitó mejor. Terminó refugiado en la isla española de Ibiza, donde se suicidó en 1976.

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Johannes Vermeer Staatliche Museen Preußischer Kulturbesitz, Gemäldegalerie, Berlin. / Vía: Wikimedia Commons

4. Timando a un figurón nazi

Jan Vermeer fue un artista holandés del siglo XVII, que pintóLa Encajera, un cuadro que algunos especialistas sitúan como la cumbre de la pintura clásica, por encima de La Mona Lisa. Vermeer murió a los 43 años, en 1675, pero pareció resucitar a finales de la década de 1930. Empezaron a aparecer cuadros con su firma que resultaron ser falsos, pero lucían tan auténticos que los expertos afirmaban que ni el mismo Vermeer hubiera hecho unas segundas versiones tan buenas. El falsificador era el holandés Han van Meegeren. El mariscal Hermann Goering, alto dirigente nazi y gran amante del arte y de los buenos vinos, fue estafado con casi un millón de dólares. Van Meegeren murió en 1947, poco antes de ingresar a la cárcel.

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3. Un saco de huesos falsos

En 1912 encontraron unos restos en un pueblo de nombre Pitdown, en el condado inglés de Sussex. ¡El eslabón perdido! proclamó la prensa sensacionalista, siempre muy fértil en Inglaterra. Honrando el ritual con los grandes hombres fósiles de la paleontología, fue llamado El Hombre de Pitdown. John Cooke pintó en 1915 un cuadro conmemorativo del hallazgo, que resultó ser lo único auténtico, porque la osamenta era un batiburrillo. El cráneo era de un homínido, pero los demás huesos pertenecían a un oranguntán y un mono. El fraude perduró hasta 1953 y su autor fue un arqueólogo de nombre Charles Dawson.

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2. Compartiendo el arte de la falsificación

Eric Hebborn fue un rebelde inglés que se especializó en la falsificación de obras de arte, hecho que reconoció. Incluso, retó a los especialistas a que identificaran pinturas falsas suyas que adornaban paredes en galerías y salas privadas con grandes firmas de la historia del arte. No fue mezquino con su know how. Publicó un manual para enseñar a los principiantes el arte de la falsificación. En 1996 fue encontrado con la cabeza destrozada en una calle de Roma. Tenía varios enemigos.

1. Rico y entre rejas

Wolfgang Beltracchi es un falsificador alemán que amasó una fortuna estimada como mínimo en 20 millones de Euros, antes de ser detenido en 2010. Su preferido para imitar era Max Ernst, su compatriota que inventó la técnica del frottage.

¿Qué te han parecido estas 5 ingeniosas historias de falsificadores que terminaron mal? ¿Osados, verdad? ¡Y muy imprudentes!