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Sobre La obra maestra de Aristóteles: Aunque te cueste creerlo, así era la educación sexual en el siglo XVII

El sexo siempre ha sido materia de múltiples interrogantes e interés cuando se empieza la pubertad, por ello la mayoría de las personas recibe, al menos, la charla acerca de dónde vienen los bebés a temprana edad y las diferencias entre el cuerpo biológico femenino y masculino. Y, si se tiene suerte, cómo evitar embarazos y enfermedades.

La educación sexual no es nueva, aunque siglos antes era bastante precaria e incorrecta. Hoy te vamos a contar acerca de cómo era la educación sexual en el siglo XVII. No podrás creer lo que se le enseñaba a nuestros antepasados...

Cómo se hablaba de sexo en el siglo XVII

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JanakaMaharageDharmasena/iStock/Thinkstock

Más allá de una breve descripción anatómica y superficial, la educación sexual no existía hasta el matrimonio, momento en que se explicaba la mecánica de hacer bebés y el embarazo, además de la forma de excitar a las mujeres.

En Europa, el siglo XVII fue una época más bien pacata y la autoexperimentación era considerada un pecado, ya que el sexo estaba destinado a una única función: reproducción. Claro que eso no quitaba que las enfermedades de transmisión sexual fueran comunes y devastadores, ya que no se sabía casi nada sobre ellas.

Tanto damas como varones, pasaban horas leyendo La obra maestra de Aristóteles, un manual de sexo que se entregaba como guía prematrimonial. Obviamente, el libro no fue escrito por el gigante griego, pero se creía que añadir su nombre la hacía más confiable.

Si lo examinamos hoy, este libro es una verdadera joya en torno a cómo no son las cosas en el sexo, concepción y placer, estando repleto de informaciones equivocadas.

La obra maestra de Aristóteles: Un horror de educación sexual

Pseudo-Aristotle / Vía: Wikimedia Commons

Esta guía matrimonial estaba llena de errores y verdaderos horrores que confundían aún más a los ignorantes jóvenes. Por ejemplo, se les decía que el hombre tenían un huevo dentro de sus testículos, el cual era fecundado por la mujer y luego se implantaba en el cuerpo femenino.

Para saber si la mujer quedó embarazada, había que hacer una prueba de orina 3 días después, buscando allí la presencia de «minicriaturas». Si en los días posteriores al encuentro sexual la esposa tenía los párpados hinchados o los ojos enrojecidos, claramente estaba embarazada.

A los hombres se les enseñaba cómo seducir a una mujer con besos, caricias y... «palabras sucias». A la hora del placer, se hablaba del clítoris como el trono del placer venéreo que crecía para buscar placer, aunque eso no ocurría salvo accidente o lujuria extrema, lo que por supuesto no estaba permitido a la mujer.

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iStockphoto/Thinkstock

Como ven, en el siglo XVII la educación sexual era un patético desastre. Asimismo, como humanos siempre se buscaba ir más allá del sexo reproductivo, pero cuidado chicas, ya que tener pensamientos lascivos podía hacer que den a luz a bebés monstruosos...